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Un paseo entre obreros

La concurrida senda fluvial de Mieres mejora su aspecto con el pintado de barandillas, arreglo de farolas y siega de zonas verdes

Personal del plan de empleo local pinta un tramo de barandilla. | D. M.

Personal del plan de empleo local pinta un tramo de barandilla. | D. M.

El paseo fluvial el río Caudal es una de las zonas de esparcimiento de Mieres con mayor afluencia de vecinos. Los aproximadamente nueve kilómetros que unen Ujo y Ablaña, con el casco urbano de la capital del concejo de por medio, integran el espacio al aire libre más concurrido del municipio en cuanto llega el buen tiempo. La falta de mantenimiento viene siendo origen de quejas por parte de los usuarios, sobre todo en primavera, cuando la vegetación se acrecienta. Este año no habrá. El Ayuntamiento ha desplegado un gran operativo para facilitar los paseos.

Dos operarios arreglan la carcasa de una farola. | D. M. David MONTAÑÉS

Personal del plan de empleo local está pintando estos días la línea de vallas que se asoma al río Caudal. Además, las amplias zonas verdes ya se están segando, tarea que en años anteriores no se había abordado hasta entrado ya el verano. Por último, el Ayuntamiento está procediendo al arreglo de las farolas que salpican el recorrido, con la sustitución de las carcasas dañadas.

Labores de siega, ayer, en el paseo fluvial. | D. M.

“Estamos un poco sorprendidos con la presencia de tantos operarios y máquinas. Parece un paseo con obstáculo”, señala Ramón Suárez, uno de los asiduos de la senda fluvial. “No había visto tanta actividad ni en vísperas de elecciones”, remarca uno de los integrantes de la grupeta de amigos que acompañan al citado mierense.

Las labores de encauzamiento y limpieza del río Caudal permitieron a mediados de los noventa habilitar el paseo fluvial que transcurre paralelo al cauce a lo largo de todo el valle. El río aún no es el de hace siglo y medio, antes de que las minas de carbón oscurecieran su aspecto, pero el cauce ha vuelto a ser cristalino y de nuevo da cobijo a una poblada comunidad de aves. Garzas y patos conviven con especies que pasan más desaparecidas, como la pequeña lavandera blanca. Se trata de un tesoro natural que aumenta el atractivo de la senda fluvial de Mieres.

“Este paseo ha sido la mejor inversión que se ha hecho en Mieres”, apunta María Suárez mientras esquiva a una segadora. Estos días en el paseo también hay muchos pescadores. El coto “sin muerte” de la travesía urbana del río llegó a ser uno de los mejores de Europa, aunque ahora está esquilmado por los cormoranes, lamentan los pescadores.

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