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El arte que surgió del riesgo de la mina

Litografías de la primera campaña de prevención laboral de la minería asturiana perduran en Bustiello tras casi 90 años de olvido

Las historiadora María Fernanda Fernández, junto a dos de los cuadros colgados en el recibidor del centro de interpretación de Bustiello.

Las historiadora María Fernanda Fernández, junto a dos de los cuadros colgados en el recibidor del centro de interpretación de Bustiello.

En Turón se cuentan por centenares las cicatrices que la minería del carbón dejó en la tierra y pasan del millar las heridas que desgarraron almas. En este ahora melancólico valle mierense llegaron a contabilizarse 200 bocaminas. Entre sus vestigios, un simbólico panteón rinde hoy tributo a los mil muertos que ha dejado la extracción de hulla en el valle. El vínculo entre las minas y la siniestralidad está tan arraigado como el propio mineral a sus vetas. La funesta conexión viene preocupando en Asturias desde hace más de un siglo. Así, la que puede considerarse la primera campaña de prevención de riesgos laborales vinculada a la minería regional perdura en Bustiello a través de una fascinante colección de carteles datados en 1933.

Uno de los cuadros expuestos.

El centro de interpretación del poblado de minero de Bustiello es un afable portal que transporta al visitante a un tiempo de explosión industrial. La historiadora del arte María Fernanda Fernández ejerce de guía. Desde hace un tiempo, percibe el interés que suscita la colección de carteles que adornan el recibidor del equipamiento cultural. Se trata de ocho estampas litográficas realizadas hace ya casi 90 años por encargo de Duro Felguera. La obra tiene una enorme singularidad. Su guardesa, acostumbrada a todo tipo de tesoros industriales, no duda en definirla como una colección “maravillosa” y explica el motivo: “Puede ser considerada nuestra primera campaña de prevención de riesgos laborales vinculada a la minería asturiana”.

Una de las litografías que forman parte de la exposición.

Las estampas llegaron a Bustiello a través de una donación anónima. Los carteles estuvieron encerrados en un armario durante muchas décadas. La olvidad celda terminó siendo más bien un refugio que los ha hecho perdurar. María Fernanda Fernández destaca que llama la atención su increíble estado de conservación, “fruto de que no hayan sido expuesto a la luz durante este tiempo”. Es casi imposible ver algo parecido en otro sitio: “Se trata de las únicas imágenes de la campaña que han sobrevivido y que están expuestas al público. Existe otra colección, pero está en manos privadas y no se muestra”. Son consecuencia de un cambio legislativo por parte del Gobierno de la II República, en 1932.

Otra de las imágenes que forman la colección.

Los carteles pretendían en su tiempo concienciar a los mineros de la necesidad de asumir hábitos y comportamientos que pudieran evitar accidentes. En una de las composiciones se subraya la importancia de usar “sombrero protector” y, en otra, por ejemplo, se pide que no se deje el “hacho” tirado en el suelo o clavado en una mamposta, al tiempo que se reclama el uso de calzado “fuerte”. En este último trabajo, el consejo se ilustra con la figura de un picador herido en el pie. “Se trata de imágenes poderosas”, apunta la guía de Bustiello. Estos reclamos publicitarios son obra del artista vallisoletano Juan José Moreno, formado como medallista y escultor. Firma los cuadros como Cheché.

Vista general del centro de interpretación, con las litografías a la izquierda.

La colección inicial estaba compuesta por nueve carteles. La compilación de Bustiello recoge ocho de estos valiosos trabajos. Dieron forma a una campaña pionera que, como ya se ha reflejado, financió Duro Felguera y en la que colaboró un médico de la compañía. “La finalidad es identificar los principales focos de accidentes, que por entonces eran el pan nuestro de cada día en las minas asturianas”, subraya Fernández. “Vemos entornos de galerías, talleres o ferrocarriles, puesto que eran los lugares donde con más frecuencia se daba la siniestralidad. Hablamos de accidentes que, si bien muchas veces no eran necesariamente fatales, casi siempre acababan teniendo repercusiones muy graves”.

Lugares estratégicos

Todo indica que en su momento estos carteles fueron colocados estratégicamente en lugares que estuvieran a la vista de los mineros, como hospitalillos o botiquines. “Llama la atención el colorido. No sólo porque es vivo, sino porque, en algunos casos de manera intencionada, la paleta recurre a los colores de la bandera republicana. Es algo en lo que muchos visitantes suelen reparar durante las visitas”, indica María Fernanda Fernández.

Recurrir al arte para intentar trazar una línea de separación entre la minería y la siniestralidad fue un logro que sorprende casi nueve décadas después. Aquí cabe una reflexión sobre el uso del lenguaje artístico de vanguardia. “Siempre intento explicar a la gente como el arte también es un medio de comunicación”, recalca María Fernanda Fernández. En este caso, el autor recurre a lo que se conoce como expresionismo figurativo. “Las cosas que se muestran están distorsionadas para que se acentúen los rasgos y resulte aún más claro el mensaje. Así que vemos a hombres muy fuertes para que nos quede claro que esa fortaleza no te exime de poder tener algún accidente. Vemos compañeros que no se pueden socorrer entre ellos. Todo ello busca remarcar el mensaje”.

La campaña preventiva tuvo su repercusión en 1933. “Sabemos que tuvieron un impacto enorme en su tiempo. Las hemerotecas de prensa dan testimonio del eco que tuvo este trabajo, que nos permite reflexiones sobre cómo la comunidad minera estuvo históricamente expuesta al peligro y supo combatirlo”, señala Fernández.

El 28 de diciembre de 2018 se dejó de picar carbón en la comarca del Nalón. Con el último relevo del pozo Carrio, terminó la actividad en el valle tras más de dos siglos de historia. Los accidentes laborales en Laviana, un año después del cierre de la última explotación minera en el valle, se redujeron: de 99 a 70 siniestros. Al final, la mejor campaña de prevención ha terminado siendo lamentablemente el cierre de las minas. Hace 87 años, esa “solución” era impensable. Hasta el arte se empleaba para intentar salvar vidas.

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