DTO ANUAL 27,99€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Un mal pálpito con la AstraZeneca

La mierense Elena Hernando renuncia a la polémica vacuna al no ser evaluada su delicada salud, con problemas cardiacos, alergias y trombos

María Elena Hernando, ayer, en su casa, con varios informes médicos y medicamentos sobre la mesa. | D. M.

María Elena Hernando, ayer, en su casa, con varios informes médicos y medicamentos sobre la mesa. | D. M.

María Elena Hernando es una mierense de 69 años que acaba de rechazar ser vacunada con AstraZeneca. Su caso se sale de lo normal por varios motivos e ilustra la situación de orfandad en que la flemática administración pública deja en ocasiones en ciertos sectores de la sociedad que por sus singularidades deberían contar con una atención, cuando menos, más personalizada que la media. María Elena tiene una afección cardiaca, es alérgica a un gran número de medicamentos y sufre habitualmente problemas de trombos. Cuando acudió el pasado viernes a vacunarse lo hizo llena de ilusión tras más de un año viviendo casi confinada en casa para preservar su delicada salud. Cuando fue informada de que sería inoculada con la polémica AstraZeneca le dio un vuelco su frágil corazón: “Nunca imagine que con mi historial me quisieran poner esta vacuna. No renuncié, simplemente no puede correr el riesgo, ya aquí estoy convenida de que me causaría un afecto terrible”.

Convivir con la enfermedad ha hecho que María Elena haya aprendido a conocer su cuerpo y las nocivas reacciones que le generan elementos externos inocuos para la mayoría. “Me acaban de cambiar la mediación para el colesterol precisamente porque me estaba causando trombos en una pierna”. Esta mierense lleva meses escuchando y leyendo noticias sobre los riesgos de la vacuna AstraZeneca. Los últimos estudios muestran un ligero aumento de las tasas de coágulos en las venas, incluidos los coágulos en las venas del cerebro, en comparación con las tasas esperadas en la población general. Sin embargo, los investigadores subrayan que el riesgo de tales acontecimientos adversos se considera bajo. Se barajan probabilidades de 11 eventos vinculados a trombosis por cada 100.000 vacunaciones. Puede parecer un riesgo bajo para la mayoría, pero para María Elena la magnitud de las probabilidades cambia.

Su caso se puede explicar de varias maneras, pero basta con un simple ejercicio de concatenación. Esta mierense tiene problemas de corazón y es asmática. Tiene además alergia a un gran número de medicamentos, con unos efectos difíciles de precisar hasta que los ingiere. Estos síntomas suelen tratarse con Urbason, fármaco al que también es alérgica: “Llegados a este punto te suelen tratar con adrenalina, pero para alguien enfermo del corazón es muy peligroso”. Con este cuadro médico, esta mierense fue citada como una más para pasar a inocularse por el centro de vacunación masiva de Santullano.

María Elena Hernando es un mujer tranquila y que se expresa con mesura. “Yo no quiero un trato especial y aunque me genera mucha dudas, si estuviera sana aceptaría la vacuna AstraZeneca antes que pedir un trato espacial”. Ahora bien, entiende que su caso merece una atención mayor: “Yo no renuncio, simplemente siento que esta vacuna me puede hacer mucho daño y prefiero esperar el tiempo que haga falta por otra”. Dicho esto, explica el fundamento de su queja: “Lo que quiero que se comprenda es que una persona que tiene complicaciones de salud constatadas y reconocidas debe poder al menos ser evaluada antes por un médico que se cerciore de que está en condiciones de recibir el tratamiento concreto que se le pretende administrar”.

El día que fue a vacunarse, María Elena apenas pudo hablar unos instantes con un médico. “Me dijo que tenía dos opciones: vacunarse o renunciar”. Tras marcharse sin el pinchazo, ha vuelto a ser citada, de nuevo en Santullano. Desconoce que tipo de vacuna le tocará. Pero si es AstraZeneca, de nuevo se negará: “No tengo miedo a la muerte, es lago que está asumido. Pero sí tengo miedo al sufrimiento de una agonía y al sufrimiento de mi familia”, explica esta mierense: “¡Con las ganas que tenía de vacunarme!”.

Compartir el artículo

stats