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Mensajes, llamadas y una coartada: así ejecutaron el crimen de La Felguera

Marta Rama quedó para vender una Thermomix la tarde en la que el que era su amante, Nelson dos Anjos disparó y mató a su novio, Iván Castro

Agentes de la Policía Nacional, durante la investigación

Agentes de la Policía Nacional, durante la investigación

En diciembre de 2017, Iván Castro apareció muerto en un garaje de La Felguera. Recibió tres disparos. Están detenidos, como presuntos autores, la que era su novia (Marta Rama) y el amante de ella (Nelson dos Anjos). El juicio empezará el día 28, piden 27 años de cárcel a cada uno. Este reportaje es una reconstrucción del crimen basada en el escrito de Fiscalía y testimonios de amigos, conocidos y familiares de los acusados y la víctima.

Operarios del Ayuntamiento de Langreo están colgando los adornos en las calles. Una guirnalda, aún sin iluminar: “Feliz 2018”. En los supermercados, los papeles brillantes del turrón dan la bienvenida a los clientes. Es el 7 de diciembre de 2017.

11.00 horas. Como un día cualquiera. Iván Castro está sentado en el sofá del salón del piso que comparte con su novia, Marta Rama. Llevan más de quince años juntos. Piensa en todo lo que ha vivido con ella. Media vida, por el camino más duro: el diagnóstico del maldito cáncer, ese papel con la palabra “leucemia” que guarda en algún cajón. El tratamiento, que tantos días le dejó postrado. Estuvo dos veces al borde de la muerte. “En la esquela, por favor, quiero llevar solo los apellidos de mamá”, se había escuchado decir a sí mismo en aquella cama del hospital. Lleva más de una década sin saber de su padre biológico.

Se mira en el espejo, ese reflejo de 31 años de vida esforzada, y se siente fuerte. En la última revisión, le confirmaron que todo estaba bien. “Eres un superviviente”, le había dicho el médico. Y él abraza esa suerte, aunque piensa en el precio de su vida: apenas puede salir de casa, ha tenido que dejar el trabajo en el taller. “El curro que más se disfruta”, sonríe siempre que va a ver a sus antiguos compañeros del taller. Quizás esa tarde sea un buen momento para otra visita, cuando vuelva de dar una vuelta con el coche. Su coche, aparcado en la plaza que tiene alquilada en un garaje: el número 10 de la calle Ingeniero Casariego de La Felguera (Langreo).

13.00 horas. Marta Rama tiene el gesto serio. “¿Tomamos algo de tarde?”, le pregunta su amiga. Le dice que no, porque ha quedado con una conocida. Va a venderle una Thermomix. Su amiga sabe que Marta vive en La Felguera, aunque le parece raro que nunca le haya presentado a su compañera de piso. Dice que es una chica con cáncer, que la pobre no puede salir. Alguna vez, incluso, le dijeron que la llevara a alguna fiesta. Que bebiera agua, que se sentara cuando hiciera falta. Pero ella siempre responde que no, que su amiga no quiere salir. Lleva años cambiando a su novio por “una amiga”, llevando una doble vida. Pero eso, en su círculo de Oviedo, ni se lo imaginan. En Oviedo saben que lleva unos meses saliendo con Nelson. Se les ve bien, aunque él es un hombre muy callado. Su amiga le pregunta por él, y Rama. responde con un escueto “bien” y una sonrisa. La conversación entre las dos chicas se interrumpe cuando suena el timbre del móvil de Marta. Es un mensaje de WhatsApp. Ella lo lee y, de inmediato, guarda el teléfono en su bolso.

16.00 horas. “Tengo k ir a ver al de arriba”. Nelson dos Anjos ha cuidado mucho las palabras en ese mensaje de WhatsApp para Marta. Sería imposible saber lo que esconden, piensa él. Camina con las manos en los bolsillos por la recta de L’Ará, tiene que llegar al coche para ir a Langreo. Hace poco que se mudó a Riosa, antes vivía en Las Mazas de Morcín. Tiene una plaza de taxista y trabaja, sobre todo, por las noches. Es cuando hay más movimiento en los concejos de Riosa y Morcín: chavales que quieren ir a Oviedo o que vuelven de fiesta y están cansados de esperar por el tren. Siempre atiende al teléfono del taxi, pero nunca habla durante las carreras. Igual que no ha saludado al vecino que acaba de cruzarse en el paseo. No conoce a casi nadie, ni en Riosa ni en Morcín. Algunos le han bautizado como “el sinuoso”, pero nunca se lo llamarían a la cara.

No le importa. Sus amigos se cuentan con los dedos de una mano. Suficientes. Uno de ellos es de Mieres, es el único que sabe que está saliendo con Marta: “Me gusta mucho”, le ha confesado. Lleva meses viéndola, pero la relación no marcha del todo bien. Solo han salido en público un par de veces, una de ellas a una cena en pareja con ese amigo de Mieres y su novia. Ellos desconocen que Marta tiene pareja desde hace años. ¿Para qué se lo tendrían que decir? Todo puede ser distinto a partir de esa tarde, si al fin consiguen que el plan funcione. Ya lo intentaron el día antes (el 6 de diciembre de 2017), pero Iván no apareció en el garaje a la hora prevista.

Dos Anjos estuvo esperando a la puerta del garaje, su móvil dejó huella en las antenas de telefonía que más tarde revisarán los investigadores. Pero eso Nelson no lo sabe. Tampoco que, casi dos años después de esa tarde, estará en la cárcel de Asturias (Villabona). Ni siquiera puede imaginar que escribirá una carta a la familia de Iván en la que pedirá perdón por lo que hizo. Dirá, además, que “se dejó comer la cabeza” por Marta. Pero ahora solo le importa cumplir con el plan. Llega al coche y mira el reloj: es hora de ponerse en marcha.

18.00 horas. Iván Castro llega al garaje, aparca y acaricia un momento el volante de cuero. Le gustan todos los coches, el suyo le encanta. Hace poco que decidió comprarse uno nuevo: “Con lo que he pasado en los últimos años, me lo merezco”, le dijo a un amigo de su Riaño natal.

Abre la puerta despreocupado y la voz de un hombre le sorprende:

–Oye, el otro día me diste un golpe en el coche.

A Iván le extraña, así que enciende el móvil para activar la linterna y revisar los desperfectos. La luz del teléfono es lo último que ve Iván. Recibe tres disparos, dos en el torso y otro en la cabeza. No puede reaccionar ni defenderse. Iván Castro deja de vivir en el acto.

18.30 horas. Lo peor ha pasado, piensa Nelson dos Anjos. Ya está conduciendo en dirección a Oviedo, pero tendrá que detenerse en algún momento para deshacerse de la última prueba –el arma con el que Iván Castro fue asesinado sigue sin aparecer–. Busca el móvil en el asiento del acompañante, tiene que llamar a Marta. Tiene que decirle que ya son libres.

Un Policía, a la puerta del garaje de La Felguera tras el crimen

19.30 horas. Una llamada termina con la relativa calma de la Comisaría de la Policía Nacional de Langreo. Una pareja informa de que, de vuelta a un garaje en el que tienen una plaza alquilada, se han encontrado con el cuerpo inerte de un joven. “Viste chándal y tiene en la mano el móvil”, apuntan en esa llamada. De inmediato, los agentes acuden al número 10 de la calle Ingeniero Casariego de La Felguera. El joven no lleva identificación, pero tarda poco en saberse su nombre. Alguien hace una foto al cuerpo sin vida.

20.30 horas. La mano de un agente sostiene el hombro abatido de Yona Castro, el hermano de Iván. Hace poco que llegó al garaje, aún no puede asimilar lo ocurrido. Escucha voces, ve a la gente pasar... pero no quiere asimilar lo que está sucediendo: su hermano mellizo, ese niño de sonrisa grande que tanto le hacía rabiar por las calles de Riaño, ha sido asesinado. Y él tendrá que dar la noticia a Marta Rama.

21.00 horas. Marta llora entre los brazos de Yona. Parece que no tiene consuelo. Él repasa todo lo que ella solloza. Que no se lo puede creer, que hace solo un rato pasó por delante del garaje... Ahí está. La pieza que no encaja: “Si pasó por aquí, vio a la Policía... ¿Por qué no preguntó qué estaba pasando?”, se pregunta Yona Castro. Y afloja un poco el abrazo.

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