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Ser abuelo en tiempos de coronavirus: dos mierenses conocen a su nieto a los 7 meses

José Ramón Pardo y Encarnita Álvarez pudieron por fin estar y acurrucar al pequeño Samuel en Madrid: “Fue una sensación indescriptible”

José Ramón Pardo y Encarnita Álvarez, con el pequeño Samuel en Madrid. | J. P. Á.

José Ramón Pardo y Encarnita Álvarez, con el pequeño Samuel en Madrid. | J. P. Á.

Siete meses. Puede ser un periodo de tiempo muy corto o muy largo. Pero en ocasiones puede hacerse eterno. Y es que ese es el tiempo que han tardado el matrimonio formado José Ramón Pardo y Encarnita Álvarez en poder abrazar a su nieto Samuel. La pandemia ha impedido a estos orgullosos abuelos mierenses tocar, acariciar, y sentir en directo las risas y los llantos de su tercer nieto, el primer hijo de Javier Pardo y Susana Faba. Hace unos días, pudieron hacer realidad ese pequeño sueño, que comparten con LA NUEVA ESPAÑA.

Ya en plena pandemia, los entonces futuros abuelos apenas pudieron vivir el embarazo. “Solo los vimos un poco en verano”, apunta José Ramón Pardo. Precisamente en ese momento fue cuando supieron del la buena noticia. Pero el recrudecimiento de la situación sanitaria hizo que se perdieran el parto y los primeros siete meses de vida del pequeño. Al menos en directo. Encarnita y José Ramón son personas de riesgo. Especialmente el abuelo de Samuel, que está trasplantado de un riñón desde hace unos años. Por ello, y aunque ahora gozan de buena salud, prefirieron no arriesgar. Las videollamadas a la casa de Madrid de su hijo y nuera eran el contacto que podían tener con el pequeño Samuel. “Lo veíamos en foto, y moverse en los vídeos y llamadas, pero teníamos unas ganas tremendas de poder conocerlo”, explica José Ramón Pardo.

Con el levantamiento de los cierres perimetrales, y tras recibir ambos las dos dosis de la vacuna, estos orgullosos abuelos, ambos con 75 años, comenzaron a preparar el viaje a Madrid. Su hijo Javier iba a ser el encargado de recogerlos. Así, el 15 de mayo, Javi, como le conocen sus amigos, llegaba a Mieres. “Nosotros ya llevábamos unos días nerviosos, con muchas ganas de ver al pequeño Samuel”, confiesa el abuelo.

Y un día después, una soleada mañana de domingo, día 16, justo 7 meses después del nacimiento del pequeño Samuel, también un 16 pero de octubre, pusieron rumbo a conocer a su nieto. Algo más de 400 kilómetros les separaban. En el coche, dudas: “Pensábamos como lo íbamos a encontrar, si durmiendo, si despierto...”. Lo que estaba claro es que tanto José Ramón como Encarnita tenían unas ganas locas de poder tocar al pequeño, de ver su expresión en directo, y no a través de un cristal. Y por fin llegaron a la capital del Reino, donde conocerían al que será Rey de su casa.

“La sensación es tremenda, una emoción que no se puede describir”, explican los abuelos de Samuel. “Cuando llegamos, ver su expresión, que es muy peculiar, con unos ojos muy grandes que abría como platos...”, describe José Ramón Pardo. Confiesa que, como con todos los bebés, la toma de contacto es con cautela. “Él veía a dos casi desconocidos y ponía pucheros cuando le decíamos algo”, explica. Nada más lejos de la realidad. Casi ni horas duró ese estado, hasta que Samuel y sus abuelos comenzaron a entenderse. “Comimos y ya por la tarde cogimos el carricoche y nos fuimos a dar los primeros paseos”, apunta.

En principio, se iban a quedar una semana en Madrid, pero ya les tocó ejercer de abuelos, y estuvieron dos. “Samuel se puso un poco malín y no podía ir a la guardería, y aprovechando que estábamos allí, pues nos encargamos de cuidarlo para que los padres pudieran trabajar”, explica, con media sonrisa, José Ramón. Y es que, bromea, “aprovechamos a tiempo completo”.

Ahora, ya de nuevo en Mieres, solo esperan que pase este mes rápido, ya que hijo, nuera y nieto tienen pensado venir a Asturias en julio. “Ya vamos descontando los días, porque tenemos muchas ganas de poder salir a pasear por aquí con él, y que conozca donde vivimos”, indica José Ramón Pardo. Con sus dos nietas ya en la adolescencia, ahora Samuel será al que saquen a pasear por las calles en las que su padre dio balonazos y tomó algún que otro culete. Javier y Susana bien pueden ir engrasando el carricoche, porque kilómetros, en Mieres, va a hacer.

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