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Aumentan las denuncias por problemas de convivencia en pisos compartidos

La crisis del covid dispara la demanda de habitaciones en viviendas en situación irregular: “Los dueños hacen lo que quieren, vives en vilo”

La habitación en la que presuntamente estuvo retenida una mujer que interpuso una demanda por un problema de convivencia en un piso compartido.

La habitación en la que presuntamente estuvo retenida una mujer que interpuso una demanda por un problema de convivencia en un piso compartido.

Hay días que María (nombre figurado) quiere “saltar por la ventana”. Así lo dice, sin ambages. Cobra el salario social básico, no encuentra un empleo y no tiene casa. Encaja hasta el último céntimo para vivir en un piso compartido. Pero la convivencia en esas casas, afirma, es “un abuso, cuando no un infierno”. De la última salió lesionada y tuvo que interponer una denuncia ante la Policía Nacional. Asegura que estuvo “retenida” en su habitación durante tres días.

Ojalá su caso fuera único. Pero no. Fuentes de los cuerpos de seguridad afirman que se han disparado las denuncias por problemas de convivencia en pisos con habitaciones alquiladas, de forma irregular, en la comarca del Nalón. El principal motivo es la crisis económica derivada del covid-19: a menos ingresos, más casas compartidas.

“Mi sueño es vivir sola. Claro que viviría sola si pudiera”, afirma María, encogiéndose de hombros. Y un sueño que parece pequeño, a ella se le hace inmenso. Cobra al mes poco más de 500 euros. “Con esto, con el salario social básico, ¿dónde puedo ir?”. Pregunta al aire.

No es solo por los ingresos bajos. Los propietarios de viviendas, explica ella, son reacios a alquilar a una persona que cobra ayudas sociales: “No se fían, es como si estuviéramos en esta situación tan difícil a propósito. Pero lo cierto es que nuestra vida es como una rueda. Cobras la ayuda, no tienes casa propia y entonces tienes más difícil encontrar empleo. Porque la calidad de vida que tenemos los que vivimos así es más baja”, dice.

Es un día a día en vilo. “Estás siempre incómoda... la casa no es tuya, los dueños hacen lo que quieren”, afirma esta langreana, que lleva cerca de dos décadas de casa en casa: “Voy dando bandazos”. Y sola. No tiene a nadie que pueda firmar un aval para su alquiler: “No tengo padres... o sí, pero como si no los tuviera. Tampoco marido, me divorcié porque era una mujer maltratada”. ¿Las ayudas? “Imposible acceder si no estás empadronada”.

María no es natural de Langreo. Y, hasta el momento, ninguno de los propietarios de las casas en las que ha vivido le ha permitido empadronarse: “Todos las tenían en B, no querían problemas con Hacienda. Vivo como escondida”, apunta.

Todo un drama social. Aunque organizaciones solidarias, como Cruz Roja de Langreo, aún no han percibido problemas de convivencia en casas compartidas. Lo que sí han aumentado, afirma la presidenta de la entidad en el municipio, Silvia Martínez, son las solicitudes de ayuda para el pago de alquileres: “En general, desde el estallido de la crisis sanitaria del covid-19, se han incrementado las solicitudes para todas las ayudas que tenemos. Pero es cierto que el aumento en la de vivienda es muy llamativo”, asegura.

Los alquileres en la comarca del Nalón son “ligeramente más bajos” que en el resto de Asturias, considera María. El precio de una habitación en piso compartido ronda los cien euros. La renta de una vivienda, según las páginas inmobiliarias más populares, oscila entre los 300 y 500 euros de media. “Es inalcanzable para la gente que está en una situación como la mía... a veces pienso que es una lástima, con todas las casas vacías que hay”.

Se refiere a las viviendas procedentes de desahucios. Más de 150 en las Cuencas, según las webs inmobiliarias de las entidades más populares en Asturias. “Es terrible que esas casas estén ahí cerradas... la verdad que todo es muy injusto”, se le rinde la voz. Porque es para rendirse. Tras el altercado en esa última vivienda que compartía, se fue a vivir con unos amigos a otro piso. “Pero nada es gratis. A cambio tengo que comprar comida, limpiar... no sé, la vida se hace muy difícil cuando te ves así”.

Sin casa. La última vez que tuvo un techo “seguro” fue cuando la acogieron en la Casa Morada como mujer maltratada. “De allí salí sin nada, y sin nada sigo. Tengo tres hijos que no pueden estar conmigo por esta movida...”. De noche no duerme, busca soluciones. Nunca las encuentra. “¿Es o no es para saltar por una ventana?”.

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