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Golpes, insultos y aislamiento: el "infierno" del acoso escolar que denuncia una familia de El Entrego

La abuela del pequeño, que solo tiene 6 años, anuncia que cambiarán de colegio por la "pasividad" de Educación

La familia del niño entreguín que denunció acoso escolar opta por cambiar de colegio

La familia del niño entreguín que denunció acoso escolar opta por cambiar de colegio

La familia del niño de seis años que ha denunciado un caso de acoso escolar (bullying) en el colegio El Coto (El Entrego) cambiará al pequeño de centro el próximo año lectivo. Así lo ha anunciado la abuela y tutora legal del niño, Carmen Cabo: “No puede seguir sufriendo así, pero no nos rendimos. Seguiremos luchando para que haya justicia para mi nieto”. Hace solo unas semanas que Carmen Cabo presentó una denuncia ante la Policía Nacional de Langreo.

Consta, al igual que en el parte médico que la acompaña, que el niño llegó a casa con marcas en la cara y una lesión en el ojo. La Consejería de Educación evitó hacer comentarios sobre los hechos. “La pasividad de los responsables regionales ha sido total. Pero queremos dar las gracias a las personas que sí nos han apoyado”, matizó la abuela del pequeño.

No son pocas. La familia emprendió, a mediados de curso, una recogida de firmas para rechazar el “acoso al que está sometido el niño”. Tienen más de medio millar de apoyos, que la abuela ha enviado ya a la Consejería de Educación. Ha acompañado la copia de las firmas de una sentida carta en la que detalla, punto por punto, el paso del pequeño por la escuela. Según sus palabras: “Están haciendo que la vida de mi nieto sea un infierno”.

“Un infierno” que, según la familia, comenzó hace ya más de dos años. Cuando el pequeño había soplado las cuatro velas. Fue entonces cuando comenzaron “los insultos y los golpes”. Lo que más duele a la familia, según Cabo, es que “en la escuela nadie hizo nada. Ni profesores, ni orientadora, ni dirección… absolutamente nadie”. Añade que, en lugar de mediar entre los pequeños, “se han dedicado a castigar a mi nieto, a apartarlo y a marcarlo más”.

Pone ejemplos y pruebas. “Un día, mi nieto llegó a casa con toda la ropa cortada”. Muestra unas fotos en las que el chandal del pequeño está lleno de tijeretazos. “Sale con marcas a menudo, nadie lo defiende”. Otra imagen del niño, esta vez con la cara arañada y golpeada. “En el recreo está aislado, no juega y se sienta solo a comer el bocadillo. Nadie se acerca, ningún profesor tampoco, para hablarle”. Carmen Cabo tiene un vídeo en el que el pequeño, al otro lado de la valla del patio, suplica a su familia que le saquen: “No quiero estar aquí, (nombre de un niño) ya me pegó”, murmura.

Todos los hechos fueron denunciados. Responsables de la Consejería de Educación afirmaron en varias ocasiones que estaba en marcha el protocolo contra el acoso escolar. En esta última ocasión, a preguntas de LA NUEVA ESPAÑA, declinaron hacer declaraciones. “No echamos la culpa a los niños, faltaría más. Pero sí a todos los adultos que han permitido esta situación; desde algunos padres hasta la Consejería, pasando por todo el personal docente y de orientación”, matizó Cabo.

El pequeño tiene una discapacidad reconocida, pero no presenta ninguna condición que impida su escolarización en el sistema ordinario. Fernando Carrocera, abogado de la familia, señaló ayer que “parece increíble que el sistema educativo no sepa proteger a un niño de tan corta edad, que únicamente presenta una dificultad de desarrollo adaptativo”. El apoyo del representante legal es “total”: “Están forzando a la familia a tomar una decisión que no querían tomar, cambiar al niño de colegio”.

La Asociación contra el Acoso Escolar (ACAE) también se ha posicionado. Su presidenta, Encarna García, afirma que “es uno de los casos más descarnados que nos hemos encontrado”. La entidad insta a la Consejería de Educación del Principado de Asturias a tomar medidas urgentes: “Debe cesar de inmediato a la dirección”. Carmen Cabo, con una carpeta de documentos cada vez más gruesa, espera que el próximo curso sea mejor para el niño: “Ahora mismo es casi imposible llevarlo a la escuela, todas las mañanas son una batalla... Está asustado, no quiere ir”.

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