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Julio César Herrero Periodista, mañana recoge el premio “Mierense en el Mundo”

“Aposté por la política porque siempre me ha divertido, y más la de este país”

“Los reconocimientos de los tuyos suelen ser los más complicados, así que imagino que ya he tocado techo con este premio en Mieres”

El periodista Julio César Herrero

El periodista Julio César Herrero

El periodista Julio César Herrero (Mieres, 1973) ha sido reconocido este año con el premio anual de la asociación “Mierenses en el Mundo” y recogerá su galardón en la gala que tendrá lugar mañana a partir de la una de la tarde en la Casa de Cultura de Mieres. Aunque inició su carrera como becario en LA NUEVA ESPAÑA, Herrero continuó en Madrid, compaginando la docencia con la profesión de periodista, especializándose en la comunicación política, una materia que, como asegura, “me divierte mucho”.

–¿Qué supone para usted el galardón de “Mierenses en el Mundo”?

–Fundamentalmente un honor, un orgullo, sobre todo cuando uno no pretende nada y le llegan cosas como esta de los suyos, imagino que toca techo porque dicen que este tipo de reconocimientos propios suelen ser los más complicados.

–Y no es la primera vez que le reconocen en Mieres, hace unos años ya fue pregonero de los Mártires.

–Sí, fue el primer hito. Lo llevo con orgullo en el currículum, bastante más que otras cosas que haya podido hacer en mi vida, que hayan tenido el arrojo de hacerme pregonero de los Mártires, una fiesta en la que solía peregrinar cuando era adolescente y a la que tardé mucho en volver. Me gustó mucho, lo hice con cariño y agradecimiento a los que me propusieron. Y ahora no sé qué me queda en Mieres, pero tampoco llevo la cuenta.

–¿Viene mucho a Mieres?

–En los últimos años he intentado hacer un esfuerzo para venir con más frecuencia, estar con mis padres, que empiezan a tener una edad y es bueno aprovechar los tiempos que uno tenga para no arrepentirme en el futuro de no haber pasado más tiempo con ello. Es verdad que no son viajes de muchos días, dos, tres o cuatro, pero me organizo con la televisión, la radio y la universidad para poder pasar más tiempo con mis familiares.

–Empezó como becario en LA NUEVA ESPAÑA, pero acabó haciendo carrera en Madrid.

–Sí, fue donde empezó mi vida profesional, teniendo encima a dos personas de las que aprendí mucho como fueron José Luis Argüelles y Luis Gancedo, de eso han pasado ya treinta años. Acabé en Madrid porque fue donde hice la carrera y centré mi vida, tanto la académica como la profesional.

"La tentación del PP con Vox no es tan diferente de la del PSOE con Podemos y otros extremos"

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–¿Es difícil combinar el trabajo de profesor y periodista?

–Siempre lo he hecho, llevo ambas cosas parejas, ¿y cómo se hace? Pues sin tener vida, renunciando a tener otras cosas en la vida… Es broma. Siempre hice lo que me gustó y no me duelen prendas, nunca resultó excesivo ni agobiante porque disfruto con lo que hago y no tengo otro tipo de responsabilidad familiar, nunca tuve que dar explicaciones a nadie. Y en cualquier caso, ser decano, profesor, periodista, analista político, para mi todo es lo mismo. Mi especialidad es la comunicación política, antes de dedicar la mayor parte de mi trabajo al análisis político, presenté y dirigí magacines, que también me gustó mucho, pero en los últimos años estoy centrado en la política, es lo que enseño en periodismo y lo que hago en la televisión y la radio, casan bien porque el alumno agradece que quien te dé la clase esté trabajando de eso, no que sea una vieja gloria.

–¿Por qué ese interés por la política?

–Porque intenté hacer siempre lo que me ha divertido, y la política me divierte, y más la de este país, además de parecerme lo más interesante, tanto desde el punto de vista académico como el profesional, se trata de explicar lo que entiendo de las cosas que pasan, ya sea a los alumnos o a los que me escuchan, en los diferentes soportes.

"El encuentro de Pedro Sánchez y Joe Biden fue un tropiezo, hizo el ridículo"

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–¿Cómo ha afectado la pandemia a la política?

–De una manera terrible, tanto desde una perspectiva agradable como desagradable. Creo que hay cuestiones que habría que recordar por los bueno, como la extraordinaria capacidad de adaptación del país, que con el tiempo veremos los resultados, porque igual lo que hicimos solo fue tragar y tragar, pero se ha conseguido sobrellevar algo para lo que no había manual, y con la mejor voluntad. Además, ha habido gestos de solidaridad, de buena gente que ha hecho de tripas corazón para ayudar.

–¿Y cómo ve a la clase política durante estos meses de pandemia?

–Pues a la vez que hemos visto esos gestos solidarios, también hemos visto a una clase política, sin hacer distinción, que no resistió la tentación de ponerse medallas cuando no tocaba, y una tentación de evitar las fotografías más terribles. Era difícil ver políticos dando apoyo moral, aunque solo fuera de presencia, algunos deberían de hacérselo mirar.

–¿Cómo aprecia la relación entre PP y Vox?

–Aquí está la parte absurda del PP del quiero y no puedo, estar pero no estar, no se puede andar así. Si marcaste distancias con Vox con un discurso contundente, pues hazlo con todas las consecuencias. Esto es sentirse tentado por la parte más extrema pero por la que no te puedes ir demasiado, no es un papel fácil, pero ocurre lo mismo entre el PSOE y Podemos, no hago distinción porque cualquier extremo es una tentación y la tentación del PP respecto a Vox no es diferente a la del PSOE con Podemos y otros extremos que tienen a los socialistas tirándoles hacia un lado con cuestiones como la reforma de una ley que pretende eliminar las injurias a la corona o a la religión.

–¿Por qué ocurre esto?

–Esto no es una iniciativa del PSOE sino que forma parte de los extremos que le sostienen y de vez en cuando te llevan a un lado. Al PP le pasa lo mismo porque no le dan los votos en solitario y necesita guiños de la parte dura. A quien le parece más condenable una opción que la otra no está haciendo un análisis político sino ideológico. Lo fundamental es la extrema, me da igual que sea derecha o izquierda, y lo extremo no es una buena cosa. No es novedad, solo hay que echar un vistazo a los clásicos.

–¿Qué me dice del encuentro entre Pedro Sánchez y el presidente de Estados Unidos?

–Eso fue un tropiezo, no un encuentro. Este es el problema que le pierde al Gobierno desde que llegó, que es vender, vender y vender. Tiene una obsesión enfermiza con el marketing, las imágenes, las demostraciones, le pierde hasta el punto de no valorar el riesgo que se asume por vender cosas que no tienes amarradas, llegar a hacer el ridículo con tal de hacer una foto. Se asemeja al adolescente que hace cola para hacerse una foto con el cantante de turno y no a un presidente. Esto no funciona así porque no es la cuestión de la persona sino el papel institucional que representa.

–¿Pudieron hablar de tantos temas en tan poco tiempo?

Una reunión es una reunión, no un paseo, no creo que en treinta segundos pudieran tocar tantos temas. Se equivocan, y por no dar marcha atrás, siguen cavando su tumba y hacen el ridículo. Y lo peor de todo, que pudieron haber vendido que España va a organizar la cumbre de la OTAN el año que viene, y pasa sin pena ni gloria. No se pudo hacer peor y al final tienes al país echándose una risas de algo vendido como importante y que acabó siendo un fracaso.

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