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La resistencia de David Moyano, el mierense que ayudó a salvar las fotos que probaron el Holocausto

Fue miembro del comando cómplice de Francisco Boix, “el fotógrafo de Mauthausen”: “Pensé en matarme muchas veces”, aseguraba

Una de las fotografías de Mauthausen realizada por Francisco Boix, a la entrada del campo, facilitada por la editorial RBA. | Francisco Boix / PIM Francisco Boix / PIM

“Volvía de la fábrica, y el negativo que llevaba en el bolsillo le pesaba un mundo entero. Sabía que esas fotos, algún día, harían historia”.

Hay personas que nacen para resistir. Como David Moyano Tejerina (Ujo, 1922-Bruselas, 2011), mierense que fue prisionero del campo de concentración de Mauthausen. Formó parte del “Kommando Poschacher”, una brigada clave en la lucha contra el nazismo. Él y sus compañeros ayudaron a Francisco Boix –el “fotógrafo de Mauthausen”– a esconder los negativos que mostraban el horror del campo. Esas imágenes fueron clave en los juicios de Nuremberg. Este es el relato de cómo un oscense, con la ayuda casi nunca recordada de una joven alemana antifascista, hizo historia.

"Teníamos que acarrear piedras por los 186 escalones que llevaban a la cantera y muchos se tiraron al vacío. Yo pensé varias veces en matarme, pero al final no tuve la fuerza suficiente”

David Moyano - Superviviente de Mauthausen

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El historiador mierense Carlos Barrio busca, en una abultada carpeta de plástico, la biografía Moyano. Forma parte del grupo de investigación de Deportados Asturias, que ha encabezado para este caso en concreto Begoña Álvarez Cienfuegos.

Un resumen: con solo 15 años, se alistó en el ejército. Pasó por varios frentes, hasta ser destinado a Figueres. Allí formó parte de la batería antiaérea 118 del Campo de la Bota. “Escapando de la ocupación franquista de Cataluña, pasó a Francia. Fue internado en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer”, explica el historiador. Cayó prisionero de las tropas nazis en 1940. El 27 de enero de 1941, fue deportado junto a otros mil quinientos españoles al campo de Mauthausen.

“Sintió la aspereza del pijama, era la primera vez que lo vestía. Su número de prisionero era redondo: 6060. Llevaba bordado un triángulo azul invertido, el que asignaban a los apátridas. Así los describía Franco: hombres sin tierra. Pero él sabía que sí tenía una casa, un hogar, que había dejado en Ujo. Supo que Mauthausen le quitaría la fuerza, la juventud y la risa. Su misión, dentro de ese pijama rígido, sería mantener la dignidad”.

Era joven y estaba sano. Por eso, explica Carlos Barrio, Moyano “fue destinado a trabajar en la cantera de Mauthausen”. Fue una experiencia “terrible”, que el propio David Moyano Tejerina –en información recogida en distintas publicaciones de historiadores– recordaba así: “Trabajábamos a 20 grados bajo cero, vestidos solo con un pijama. Era extenuante. Teníamos que acarrear piedras por los 186 escalones que llevaban a la cantera y muchos se tiraron al vacío. Yo pensé varias veces en matarme, pero al final no tuve la fuerza suficiente”.

Resistió, y su vida mejoró un poco: fue seleccionado para formar parte del “Kommando Poschacher”. Eran todos españoles y jóvenes. El comando debía su nombre a la factoría en la que trabajaban. “A esas alturas del holocausto, los nazis ya habían matado a tantas personas que casi no tenían mano de obra. El exterminio se había frenado”, matiza Barrio. Desde octubre de 1944, los miembros del “Kommando Poschacher” “disfrutaron” de un régimen de semilibertad. Salían a trabajar, dormían en el campo.

Francisco Boix, el conocido “fotógrafo de Mauthausen”, les pidió ayuda para esconder unos negativos. Eran imágenes de cuerpos apilados, experimentos dolorosos, prisioneros desangrándose. El plan de Boix, cuya historia llevó Mar Targarona al cine, era “salvar” 20.000 fotografías como prueba del Holocausto.

“Se le aceleraba el aliento cada vez que rozaba su mano con el negativo. Lo hacía tantas veces al día… necesitaba saber que seguía en el bolsillo. Esa tarde vería a Anna, un paso hacia la verdad”.

La película “El fotógrafo de Mauthausen”, que protagonizó Mario Casas, obvia un personaje clave de la historia. David Moyano Tejerina nunca lo olvidó: se trata de Anna Pointner, una joven alemana del pueblo de Mauthausen. Quería ayudar a los prisioneros para que cayera el nazismo. Detrás de la piedra suelta de un muro, escondió los negativos que le entregaban los españoles del “Kommando Poschacher”.

Resistieron. Tras la liberación del campo y la caída del nazismo, esas fotos se revelaron: “Fueron una pieza clave en los juicios contra los mandos nazis que se celebraron en Nuremberg y en Dachau”, explica Carlos Barrio. Boix pasó a la historia, aunque murió solo seis años después de la liberación de Mauthausen. El mierense David Moyano Tejerina falleció en Bruselas, en el año 2011. Jamás dejó de resistir.

“Abrió el periódico con sus manos, que ya temblaban de 87 años de lucha. Pasó las páginas rápido, y leyó titular y sumario: ‘La Audiencia Nacional ordena la captura de tres nazis tras la denuncia de un asturiano’. ‘David Moyano, de 87 años, es uno de los supervivientes del Holocausto y llevó ante los tribunales por tortura a tres vigilantes de campo de las SS’. (LA NUEVA ESPAÑA, 19 de septiembre de 2009)”.

David Moyano Tejerina.

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