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Los viajeros de la línea Gijón-Laviana exigen seguridad e interventores en los trenes

Los usuarios denuncian los “actos vandálicos” en las estaciones, y lamentan que “no se haga nada”: “Se están cargando este transporte”

Un tren de la línea Gijón-Laviana, en el apeadero de Carrocera. En el círculo, una pintada en una de las estaciones del Nalón. | L. M. D.

Un tren de la línea Gijón-Laviana, en el apeadero de Carrocera. En el círculo, una pintada en una de las estaciones del Nalón. | L. M. D.

El futuro de la línea de tren Gijón-Laviana no pasa solo por la conclusión del soterramiento de vías de Langreo y por la próxima mejora de las infraestructuras de todo el recorrido. También pasa por la mejora del servicio y sobre todo, de la seguridad en los viajes. Usuarios habituales del tren han denunciado que viajar con tranquilidad en la línea “es imposible”. Botellones y consumo de “sustancias” en las estaciones, ausencia de vigilancia y de interventores, “insultos y amenazas” a los maquinistas en caso de realizar alguna recriminación a los pasajeros insolidarios, actos vandálicos en apeaderos y estaciones... “Los responsables están avisados, pero no se están tomando medidas. Se están cargando una línea que llegó a ser la que más viajeros transportaba en Asturias”, denuncian los pasajeros habituales.

Los viajeros de la línea Gijón-Laviana exigen seguridad e interventores en los trenes

Los viajeros han denunciado que desde hace unas semanas se han retirado los guardas de seguridad y los interventores que trabajaban en la línea los fines de semana (viernes, sábados y tardes de los domingos). Su presencia había rebajado el nivel de “viajes gratis” que se llevan a cabo en la línea. “Sin ellos, lo habitual es que mucha gente salte los tornos, que nadie pague. Sobre todo en los viajes de más corta distancia”, los que se realizan entre localidades del valle del Nalón.

Los actos vandálicos son, además, constantes. En fines de semana se llevan a cabo botellones en algunas estaciones, y las pintadas “aparecen día sí y día también”. Aunque se limpien y se tapen, en pocos días “vuelven a hacerse”. Hay usuarios que incluso han denunciado ante la Policía que en las estaciones “se consumen sustancias”. Es el caso de la estación de El Entrego. La reclamación de los viajeros es clara. La mejora en el servicio pasa por cumplir horarios y también por aumentar la calidad de los viajes, incluyendo la seguridad. “Son necesarios guardas e interventores, sin ellos, los viajes pueden convertirse en un caos, según la hora del día”, afirman los usuarios habituales. Las amenazas a los maquinistas que viajan solos “y que recriminan a quienes no llevan la mascarilla puesta que se la pongan son habituales. Insultos y amenazas”.

Reclaman a los responsables de Renfe, empresa pública que desde hace años gestiona el servicio de tren, que “tomen medidas de una vez”. Las estaciones “tienen cámaras de seguridad. Lo que no sabe nadie es si funcionan o si sirven para algo”, expusieron los viajeros.

En 2001, la línea Gijón-Laviana contaba con más de 1,2 millones de viajeros anuales. Quince años después –las últimas cifras oficiales ofrecidas–, esa cantidad se había desplomado hasta los 440.000 usuarios. El tren llegaba, como el resto de líneas, casi al centro de Gijón. La reordenación de la estación gijonesa, que la alejó del centro, fue un golpe más al tren, que en muchos casos utilizan personas sin medio de transporte propio o de edad avanzada.

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