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El refugio de Brañagallones quiere acoger cursos y concentraciones deportivas

Los gestores de la instalación casina propondrán un plan de mejoras al Principado que incluye un pequeño gimnasio y una sala audiovisual

Deportistas y técnicos de la selección española de trail de montaña, en una concentración en Brañagallones en el verano de 2019.

El refugio de Brañagallones aspira a convertirse en algo más que un alojamiento. Los gestores del equipamiento están elaborando un estudio con las mejoras que deberían acometerse para que la instalación –que actualmente da servicio de hospedaje y de comidas– también pueda acoger otras actividades más específicas como concentraciones deportivas o seminarios de medio ambiente. Cuando esté listo, ese informe será remitido al Principado –propietario del edificio– para analizar su viabilidad y la posibilidad de costear los cambios propuestos.

El guarda del inmueble, José Manuel Prado, detalló las mejoras que sería necesario afrontar. “La idea que tenemos es acondicionar las dependencias para poder albergar concentraciones de equipos deportivos o actividades formativas vinculadas con el medio ambiente. Eso precisaría disponer de una salas polivalente, un pequeño gimnasio, un equipo de proyección y de audio para dar charlas, algunos cambios en las habitaciones... es algo que tenemos que estudiar para ver cómo podría hacerse, antes de planteárselo al Principado”, expuso Prado, que aseguró que los nuevos servicios se prestarían en el edificio principal, con una redistribución del espacio, sin necesidad de construir inmuebles auxiliares.

El refugio casín está pendiente estos días de iniciar la sustitución de la cubierta del tejado. En los trabajos de reparación se utilizarán paneles de chapa galvanizada, que tendrán que ser trasladados hasta el refugio en helicóptero, dadas sus grandes dimensiones (algunos de ellos de hasta once metros). La ejecución de la obra corre a cargo del Principado. La previsión de los gestores del equipamiento es que la obra comience a finales de este mes o principios del próximo.

Antes de convertirse en refugio de montaña, Brañagallones funcionó como parador. El Principado desembolsó 1,1 millones de euros (más una cantidad similar para mejorar el acceso) para que abriese sus puertas en agosto de 2006 como hotel, después de estar cerrado durante catorce años. Los fallos en el sistema eléctrico y el deterioro del tejado provocaron que estuviese varios años cerrado.

La empresa que gestionaba el complejo demandó al Principado que solventase los desperfectos. Funcionó durante cuatro años hasta que una avería eléctrica truncó su camino. En 2016 reabrió como refugio.

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