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El ocaso de los orígenes de Mieres

Los fallidos planes urbanos han llenado de ruinas los barrios fundacionales de Requejo y La Villa, y han demolido Oñón

Casas abandonadas junto a la plaza de Requejo.

Casas abandonadas junto a la plaza de Requejo.

A mediados de los años noventa aún podían distinguirse dentro del casco urbano de Mieres tres de sus barrios fundacionales: Oñón, Requejo y La Villa. La ciudad ha dejado morir estos históricos espacios. En el caso de Oñón fue una muerte rápida, con el derribo en 2009 de las últimas edificaciones en pie para dar paso a una ensanche urbano con 200 viviendas que nunca se acometió. En Requejo la defunción del barrio ha tomado la forma opuesta, con una muerte lenta. El bloqueo urbanístico que padece el lugar desde 1994 ha dificultado el arreglo de muchas viviendas. Esta situación ha tenido un coste. Más de la mitad de las casas de esta emblemática zona del casco urbano están vacías. Lo peor es que muchos de estos inmuebles están en estado de ruina o han tenido que ser demolidos.

Manuel Prado, presiente de la asociación de vecinos, observa el estado de una de las caleyas de La Villa.

Para entender mejor lo que ha sucedido en Requejo hay que mirar hacia La Villa, el otro barrio fundacional en desaparición. Los expertos sostienen que buena parte de los problemas que arrastra La Villa tienen su origen en la agresiva reforma del barrio que se acometió hace ya 30 años, permitiendo edificar en altura. Esta medida urbanística se llevó por delante muchas viviendas centenarias, si bien el barrio aún disfruta, y en un buen estado, del inmueble civil más antiguo de la ciudad, la Casa Duró, construida un poco antes de 1700, aunque varias veces remodelada. El Ayuntamiento de Mieres quiso evitar que en Requejo sucediera lo mismo que en La Villa, pero la medida que se adoptó, si bien abortó una amenaza inminente, generó un grave problema de largo alcance.

Los trabajos de demolición del viejo barrio de Oñón, en 2009.

La nueva ordenación urbana de Mieres (PGOU), a punto de aprobarse tras más de tres lustros de tramitación, conllevará poner fin al bloqueo de las licencias de reforma en Requejo. Este histórico barrio lleva más de un cuarto de siglo padeciendo los efectos de la aprobación, en 1994, de un Plan Especial de Reforma Interior (PERI), cuyo desarrollo hubiera supuesto la desaparición del actual entramado. En su momento, el Ayuntamiento tuvo que bloquear este documento ya que al permitir la construcción de viviendas de hasta tres alturas abría de par en par las puestas a un más que probable desembarco inmobiliario, lo que podría borrar de un plumazo, como sucedió en La Villa, el diseño tradicional de este emblemático enclave.

El derribo de Oñón y la agresiva remodelación de La Villa ha dejado a Requejo como el último cogollo del Mieres primitivo. Ahora bien, de las 34 viviendas que integran el barrio, un total de 18 se encuentran vacías. De ellas, casi la mitad están derruidas o en un avanzado estado de deterioro. Las medidas adoptadas en su momento para proteger las edificaciones ha tenido un efecto contrario al buscado.

En Requejo se han derribado cerca de una decena de casas en lo que va de siglo. La actual normativa únicamente permite abordar obras de mantenimiento y eso es lo que el Ayuntamiento lleva repitiendo una y otra vez, año tras año, a los vecinos que necesitan remodelar sus propiedades. Y mientras tanto el “cogollín” de Requejo, el último lienzo del Mieres de principios del siglo XX, se ha venido abajo.

Ensanche urbano

En el caso de Oñón, El Ayuntamiento abordó a principios de siglo un plan urbano que afectaba a una parcela de 23.363 metros cuadrados, de los que 7.133 se iban a destinar a zonas verdes y otros 900 a equipamientos. En cuanto al espacio residencial, se preveían varios edificios, con un total de 222 viviendas y un porcentaje de pisos protegidos que nunca se concretó. Este asunto llegó a generar cierta polémica en el Ayuntamiento, ya que Sogepsa estimaba en un principio que todas las viviendas a desarrollar fuesen de promoción libre.

Al final, la discusión resultó una pérdida de tiempo, ya que nada se ha edificado. El Ayuntamiento ha optado por el pragmatismo a la hora de plantear un aprovechamiento a medio plazo de los terrenos de Oñón. Así, ha cambiado un proyecto de 200 pisos por uno de 300 aparcamientos. Al menos provisionalmente, ya que el gobierno local matiza que en 2023, cuando caduque el convenio de cesión de la parcela, valorará de nuevo la viabilidad de poder ejecutar el plan urbano inicial. En 2009 se demolieron las últimas construcciones del viejo barrio.

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