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Bastones al cielo por Gelito: esquiadores despiden al "Galgo de Pajares" con los palos en alto

“Era una gran persona, deja un vacío inmenso”, afirman sus allegados y antiguos alumnos de la Escuela de Valgrande

Miembros del COE portan a hombros el féretro, a su paso bajo el arco de bastones que formaron los esquiadores, ayer, al término del funeral. | C. M. B.

Bastones al cielo por Gelito. Pajares despidió ayer a uno de sus vecinos más queridos: Ángel González de Lena “Gelito”, apodado “Galgo de Pajares” por sus triunfos en el esquí, pionero en la práctica del deporte de invierno y uno de los impulsores de la estación de Valgrande-Pajares. A la salida del funeral, un grupo de esquiadores y antiguos alumnos formaron un arco con bastones de esquí. En el cementerio, despidieron al conocido deportista en voz alta: “Gelito, hurra; Gelito, hurra; Gelito, hurra”.

Josefina González de Lena (de espaldas), hermana de Gelito, recibe el pésamen a la entrada de la iglesia

Un himno con historia. Pero el relato tiene que empezar por el principio. Lo narra, en el entorno de la iglesia, Fernando Menéndez. Él fue el primer director de la escuela de esquí de Pajares y un gran amigo de Ángel González de Lena, además de primo segundo. “Yo competía en alpino, ‘los Galgos’ en esquí de fondo y relevos”. Los “Galgos de Pajares” eran tres: además de Gelito, también Jesús Pérez Álvarez, “Chusco” (ya fallecido) e Isaac García, “Saso”.

Bastones al cielo por Gelito

Fueron campeones de España once veces consecutivas. ¿De dónde salía tanto talento? “Andábamos por la nieve como por el asfalto. Los primeros esquís que tuvieron ‘los Galgos’, como yo, fueron unas tablas de unas barricas de vino que cogíamos de los bares”, explicó, sin ocultar una sonrisa de recuerdo, Fernando Menéndez. Aprendieron a manejarse entre la nieve por pura necesidad: “Había que ir a Busdongo a por los recados. Luego, también esquiábamos con aquellas maderas de las pipetas por aquí por el pueblu. Era lo que más nos gustaba hacer en invierno”.

Competiciones

Aquello les parecía una broma de chavales, pero apuntaban maneras. Y menos mal que Chus Valgrande se dio cuenta: “Empezó a llevarnos a competiciones, nos ayudó mucho... Ya sabes que aquel paisano tiraba mucho por la nieve y por todo esto”, apuntó Menéndez, recorriendo el valle con los brazos. No en vano, dio nombre a la estación del Brañillín. Un complejo por el que también pelearon Menéndez y los inseparables “Galgos de Pajares”.

Gelito amó la estación hasta su último aliento. Ni una salud delicada le quitaba las ganas de seguir peleando: quería que Lena siguiera siendo un referente del esquí. Por eso fue uno de los impulsores de la Plataforma en Defensa de Valgrande-Pajares. Sus últimas apariciones públicas, de hecho, fueron en concentraciones para reclamar inversiones: “No se puede dejar morir esta estación. Que no se olvide nadie, es histórica. Fue de las primeras de España y Asturias entera tendría que unirse a las reivindicaciones. Hay que mantenerla en el mejor estado posible”, apuntó en un encuentro en Lena. Decía, lleno de orgullo, que “quien sabe esquiar en Pajares, sabe esquiar en el mundo entero”.

Fueron esas ganas, que rabiaban por vivir, las que le dieron tantos amigos. El entorno de la iglesia de Pajares ya estaba ayer lleno mucho antes de la hora prevista para el funeral: las cuatro de la tarde. A la entrada del templo, los familiares de Gelito recibían el pésame de vecinos y allegados: “Lo despedimos con una pena muy grande, deja un vacío inmenso”, afirmó su hermana, Josefina. Su hermano, Alberto, estuvo cubierto de abrazos. “Ahora, Gelito, ya está descansando”, dijo entre lágrimas Rafaela Sánchez, su viuda.

Los últimos años fueron duros para Gelito González de Lena. Él, que tanto amaba el esquí, el monte y la pesca –por este orden–, estaba preso en su cuerpo. Había sufrido un ictus en 2018, y batallaba a diario con las secuelas. A la llegada de la funeraria, veteranos de la Compañía de Operaciones Especiales (COE 72) del Ejército se prepararon. Formaron y se quitaron la boina verde, en señal de respeto.

Formó parte de esta Compañía durante su fundación, en 1962. Cuando terminó el servicio militar, fue un valor irremplazable para nuestra formación en equipamiento y movimiento en montaña. Especialmente en terrenos nevados. Gracias a él fuimos compañía de referencia en este campo”, señaló César García, presidente de los Veteranos COE72. Ellos lo llevaron a hombros hasta los pies del altar.

“Gelito fue un hombre que vivió la vida para hacer el bien”, afirmó el párroco de Pajares, Antonio López, en su homilía. Y continuó: “Cuando alguien le pedía un favor, él respondía con dos palabras; ‘sin problema’. Siempre lo hacía”, afirmó el párroco sin ocultar su emoción. El templo estaba lleno hasta el coro y, fuera, algunos vecinos trataban de escuchar el oficio.

Antiguos alumnos de Gelito, que fue director de la Escuela de Esquí de Pajares durante décadas, y esquiadores de Valgrande-Pajares preparaban el homenaje para la salida. Formaron dos columnas paralelas y levantaron sus bastones, para que el féretro pasara por debajo. “Estoy seguro de que esta despedida le hubiera encantado, ojalá nos esté viendo desde arriba”, afirmó Fernando Menéndez. Él estaba en primera fila, no podía ser de otra forma: “Lo quería mucho, fue una gran persona y un gran amigo. Un compañero que conocía la humildad y la colaboración del deporte. No concebía la vida sin el trabajo en equipo”, apuntó.

Lo escoltaron hasta el cementerio, con los veteranos del COE72 llevándolo a hombros. Allí, le jalearon: “Gelito, hurra; Gelito, hurra, Gelito, hurra”. Y ahora sí: la historia de este himno. Cuando Gelito terminaba un curso de esquí, pedía a sus alumnos que se despidieran con un grito. “Esquí, hurra; esquí, hurra; esquí, hurra”.

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