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Una novela para rescatar a un brigadista

Xurde Álvarez relata en “Una casa” la vida de su abuelo, que estuvo en el accidente de 1949 en el pozo María Luisa que inspiró el himno minero

Alfredo Fernández Roces, en 1949, durante el rescate del accidente en el pozo María Luisa en el que murieron 17 mineros. | LNE

Alfredo Fernández Roces vivió dos veces la dureza de la mina. Por un lado, porque era minero, y por otro, porque quince días al mes trabajaba en la Brigada de Salvamento Minero. Lo hizo entre 1944 y 1960 y sirva como referencia que entre 1941 y 1959 perdieron la vida en los pozos asturianos un total de 1.541 mineros, según cifras oficiales.

Cuando se jubiló, en 1974, aquel minero y brigadista decidió escribir lo que había vivido. Lo hizo de su puño y letra y una familia de Sama se encargó de mecanografiarlo. Ahí estaba toda una vida, en un montón de folios. Era la vida de Alfredo, de su esposa Consuelo González Ardura y de toda la familia minera. De aquella Xurde Álvarez, nieto de Alfredo, tenía un año pero siempre escuchó historias de mina y accidentes. A los 18 años decidió que reescribiría las memorias de su abuelo. Y lo ha hecho, ha sido la gran obra de su vida. Álvarez acaba de publicar “Una casa” (Ediciones Trabe), una versión corregida, aumentada y documentada de aquel manuscrito de su abuelo. Una versión bilingüe, en asturiano y castellano, que este viernes a las 19.00 horas presentará en la sociedad La Montera, en Sama.

El autor ha novelado en más de 500 páginas la historia del abuelo brigadista, su participación en rescates como el del accidente del Pozo María Luisa en julio de 1949. Ese himno minero que es “En el pozu María Luisa” o “Santa Bárbara bendita” dice “dieciséis mineros muertos”, pero, como apunta el escritor, “fueron 17”. Fue uno de los rescates en los que participó su abuelo y uno de los que más le marcaron “porque tuvieron que sacar el cuerpo de un guaje”.

Xurde Álvarez, con su libro.

Xurde Álvarez, con su libro.

Todo lo que se recoge en el libro es la realidad que vivió Alfredo Fernández en las minas asturianas. Su nieto le prometió que aquello vería la luz, que le rendiría ese tributo a él y al resto de la familia minera, que va mucho más allá de los que estaban en el tajo. Tardó diez años en recomponer aquellas memorias del abuelo, “que estaban escritas con un lenguaje muy de la mina y que yo, que nunca he bajado a un pozo, quería que entendiese todo el mundo”, dice el escritor langreano. Pero esa primera década solo abrió paso a otros diez años de trabajo “a cinco versiones de la novela” hasta llegar a la que ahora sale de las entrañas del corazón y de la mina para mostrar las vísceras de aquella vida.

Xurde Álvarez ha reproducido horas y horas de conversaciones con abuelo, ha investigado en archivos, muchas veces sin obtener muchas facilidades, y ha dibujado lo que ocurrió en cada uno de esos rescates, incluida la terrible explosión en el pozu María Luisa. Escuchó a su abuela contar como su abuelo llegó a casa con la camisa roja, pero no era sangre de un compañero, era la suya, la que la brotaba de la espalda “cuando un hacha que le pasaba un compañero se la abrió de arriba a abajo”. Le escuchó contar como se quedó ciego y cómo “le pusieron patatas en los ojos para quitar el calor”. Le escuchó repetir una y mil veces como “las familias de los mineros muertos siempre pedían que sacasen los cuerpos enteros”.

Pero Xurde Álvarez también vivió la felicidad de sus abuelos, de un matrimonio de la cuenca del Nalón que no tenía nada “pero que era feliz”.

El escritor ha saldado una deuda con su abuelo, aunque en realidad la ha saldado consigo mismo. Lleva años intentando saber cómo sus abuelos podían ser felices sin tener nada. La respuesta está en su libro: estaban vivos en “Una casa”.

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