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Las Cuencas que funcionan

Bango exporta coches de campeonato a todo el mundo

La empresa langreana fabrica exitosos prototipos de competición que ha vendido en Europa, Chile y Angola

Por la izquierda, Juan Pérez, Javier Díaz y Jesús Bango, fundador y responsable de Bango Rancing Cars, junto a uno de los coches que fabrica la empresa langreana. Fernando Rodríguez

Todo empezó de crío, donde se forjan las pasiones que nos acompañarán toda la vida. Jesús Bango tenía 14 años y acudió con su hermano a la subida a La Manzaneda, una de las clásicas carreras automovilísticas de montaña. Ahí comenzó la afición que con los años acabó siendo profesión.

Bango decidió que él podía construir un coche de aquellos que subían como postas pegados al revirado asfalto de La Manzaneda. Empezó por algo más sencillo, un coche de cross. Lo hizo de manera artesanal, pieza a pieza y empezó a competir habitualmente. Con aquel monoplaza corrió el campeonato de España y fue campeón de Asturias de autocross en las temporadas del 97 y el 98.

El piloto compaginaba su trabajo, el que le daba dinero, con su afición, en la que lo invertía. Trabajó en obras públicas, en mecanizados y como transportista. El tiempo libre era para trabajar en el coche y los fines de semana para las carreras.

Ya tenía un equipo con su nombre, “Bango Racing Cars”, pero seguía sin pisar el asfalto, así que en 2001 llegó la vuelta de tuerca. Ya había demostrado que lo de construir coches se le daba bien, sus vehículos ganaban una y otra vez en las pruebas de cross, así que el reto era ahora hacer un coche para las carreras de montaña, para aquellas como la que había visto de niño.

Javier Díaz coloca los rótulos en un prototipo.

Se fijó en el reglamento de Francia y creó desde cero un coche que se ajustaba a las exigencias del grupo CM de carreras de montaña del país vecino. Un coche muy, muy ligero y con 1.000 centímetros cúbicos. Era tan bueno que la Federación Española de automovilismo creó una copa específica para estos coches en el Campeonato de España de Montaña 2002, campeonato para el que el BRC CM02 fue el primer vehículo homologado. Bango arrasó.

Lo que era un hobby se convirtió al fin en profesión. Construir coches ya no era solo una afición. La empresa, instalada en Llanera, empezó a fabricar vehículos de una fiabilidad y una competitividad asombrosa.

Pero como Jesús Bango no sabe estarse quieto, y como le dice un buen amigo, “tienes que gastar hasta el último euro que ganas”, el pequeño fabricante se trasladó al Valnalón.

La gran industria asturiana ya estaba en declive, las gigantescas factorías y la actividad extractiva de carbón veían que su fin no estaba lejos. En 1987 el Gobierno del Principado había puesto en marcha la Ciudad Industrial del Valle del Nalón. Sobre el papel se quería “diseñar y llevar a cabo un plan de regeneración, promoción y dinamización empresarial en la Cuenca del Nalón”. En lo práctico, en lo visible, Valnalón rehabilitó algunos de los edificios de la centenaria fábrica de Duro de La Felguera (1857-1986) y se ocuparon los solares donde estaban los altos hornos, las baterías de coque y otras instalaciones siderúrgicas. El proyecto atrajo la atención de empresas como la multinacional tecnológica Capgemini.

Uno de los coches construidos en la factoría de Valnalón.

Bango trasladó su sede a aquel espacio a la sombra de grandes chimeneas. Tenía cerca al Langreo Motor Club y tenía un patrocinador, Guttrans, pero también algo mucho más importante, lo que se dio en llamar espíritu emprendedor, que Jesús Bango llevaba desarrollando sin ponerle nombre desde hacía años. “El primer modelo de CM lo hacíamos nosotros, pero al llegar a Valnalón entramos en contacto con la Universidad de Oviedo”, apunta el constructor. Ahí, todo despegó.

La sede

La sede de Bango Racing Cars en Valnalón es un taller de tamaño medio, una sola nave en la que, al entrar, uno no se imagina que de ahí salgan coches con una carga tecnológica que los hace únicos. El propio Bango lo reconoce, “lo normal es que fuese una fábrica con varios departamentos, todo impoluto y con aspecto de moderno, pero es que lo que hacemos se puede hacer aquí”. Parece que allí lo de I+D+i es solo una suma de letras “pero no, hay mucho de eso aquí”, subraya Bango. El contacto con Pablo Luque y Daniel Mántaras, ingenieros de la Universidad de Oviedo es constante. Ellos se encargan de esa investigación, desarrollo e innovación, y merced al convenio con la entidad académica asturiana, son muchos los ingenieros que a lo largo de los últimos años han pasado por la empresa de Bango, “incluso de otros países”.

Parece que el objetivo del constructor no es solo cruzar el primero la línea de meta con sus vehículos, sino que una vez superada esa meta hay que buscar otra. Eso le ha llevado a hacer cosas imposibles como construir un coche que funcionaba con bioalcohol. “Y andaba muy bien”, subraya. Ahora el futuro son los coches eléctricos y él, siempre de la mano de la Universidad, ya tiene un proyecto para crear un prototipo de coche de competición enchufable. Eso sí el coste es muy elevado.

Javier Díaz suelda un chasis. David Orihuela

En la actualidad, Bango construye dos modelos de coche, uno de carreras de montaña y otro más evolucionado y homologado por la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). La intención para la temporada de este año es correr el Campeonato de España y buena parte del de Europa, “hasta donde llegue el dinero”.

Los coches de Bango Racing Cars son alta tecnología. Todo está medido al milímetro. El coche se conecta vía wifi con el ordenador y los ingenieros de pista y los mecánicos monitorizan absolutamente todo. El modelo más sencillo ronda los 40.000 euros, el homologado por la FIA alcanza los 100.000. “Si lo quisiésemos hacer eléctrico el precio se incrementaría en unos 80.000 euros”, explica Bango. Y seguro que lo hará. A eso hay que sumar, “aunque es lo menos importante cuando hablamos de estos coches”, un gasto en gasolina de un litro por kilómetro. Además no es combustible convencional, sino de competición, que tiene un precio de 9 euros el litro. El juego de neumáticos, que suele durar un fin de semana, las cinco mangas de una carrera más la de reconocimiento, cuesta 1.500 euros, para hacer un total de 30 kilómetros.

Detalle de un motor.

Además, el equipo dispone de todos los medios de asistencia al piloto en carrera. Un camión enorme se encarga de transportar los vehículos, sirve de taller y es la base de los ingenieros y su telemetría.

Sus coches, un total de 150 construidos hasta este año, se han vendido en toda España, Bélgica, Italia, Alemania, Francia, Portugal, República Checa, Chile y hasta Angola. En muchos de esos países los coches salidos de Langreo han ganado campeonatos. Es lo que tiene trabajar con pasión y querer superarse. La I+D+i y el emprendimiento eran esto.

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