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Mieres pasa del negro al verde en el parque de La Mayacina

Las obras entran en su recta final con el inicio de la plantación de los árboles del nuevo pulmón de la ciudad

El paisajista David Añíbarro, a la izquierda, da instrucciones sobre la plantación de los árboles. | D. O. D. O.

El aspecto de Mieres está a punto de cambiar. La villa marcada por la silicosis minera tendrá en un par de meses un nuevo pulmón que permitirá a sus vecinos oxigenar su vida diaria. Es el nuevo parque de La Mayacina, en pleno centro de la capital de la comarca del Caudal. También se podría decir que Mieres estrenará en breve un corazón nuevo porque a vista de plano ese es el aspecto que tiene el parque, un nuevo corazón verde, con sus arterias de acceso, que pretende bombear nueva vida al casco urbano.

Arriba, Bartolomé (izquierda) y Añíbarro. A la derecha el Alcalde con planos.

Pero volviendo al pulmón. Ayer, en el nuevo parque de La Mayacina se comenzaron a plantar los nuevos alveolos, los más de 200 ejemplares de plantas, arbustos y árboles que darán otro aire a la zona. Los cirujanos del proyecto son el arquitecto Ignacio Bartolomé y el paisajista David Añíbarro. Ambos estaban ayer, mascarilla y traje de faena incluido, dando los últimos puntos de sutura a este nuevo órgano vital de Mieres. Ahora queda algo de cirugía estética y comprobar que la operación ha salido bien para que el pulmón haga su función, ayudar a Mieres a seguir caminando.

El alcalde, Aníbal Vázquez, en el centro, observando los planos. | D. O.

La concejala de Urbanismo y responsable del área de desarrollo urbano sostenible de Mieres, Delia Campomanes, no se atreve a poner fecha de inauguración, por aquello de complicaciones de última hora, pero todo apunta a que para primavera los mierenses y visitantes podrán disfrutar del parque. Campomanes visitó ayer la obra acompañada del alcalde, Aníbal Vázquez, y del vicealcalde, Manuel Ángel Álvarez.

Infografía de cómo quedará el parque. | LNE

Tal es el empeño en que este pulmón regenere el aire de Mieres que hasta el pavimento utilizado en el anillo que marca el perímetro del parque se han utilizado unas baldosas que contribuyen, por absorción, a la eliminación del óxido de nitrógeno, el gas que producen los coches en la combustión, y de compuestos orgánicos volátiles, según explicó el arquitecto.

Aparcamiento que ocupaba la parcela. | LNE

El nuevo parque de La Mayacina, hasta ahora un aparcamiento cercano a la antigua estación del Vasco, tiene un tamaño de 13.000 metros cuadrados, lo que da para mucho. Bartolomé y Añíbarro lo explicaban ayer con pasión.

El arquitecto describía con detalle las zonas “no verdes”, el segundo hacía hincapié en el verde, las colinas, que las hay, y la floración de árboles y arbustos. Ambos se rendían ante la majestuosidad, aún no visible, de un enorme roble de cinco toneladas de peso que será una de las señas de identidad del parque.

Bartolomé detallaba cómo habrá un anillo perimetral en el que se podrá hacer deporte, o pasear. “Se instalarán aparatos de gimnasia con suelo aglomerado”. Ese anillo rodeará el parque entero con lo que su longitud, superior a una pista de atletismo, lo hará oportuno para correr.

Al interior del parque, de ese corazón, se entrará por cinco arterias que confluyen en un “gran salón”, como denomina Bartolomé al espacio central, “de una dimensión que permitirá realizar distintos tipos de eventos”. En el suelo, de hormigón y con sistema de drenaje, hay un guiño a la historia local, “una pequeña pletina de acero marca el recorrido de la antigua vía del tren”.

El pavimento se extiende hacia otros espacios, rincones de descanso y zonas de juegos infantiles. Habrá dos, según la edad de los niños. Otro de los grandes atractivos serán dos toboganes. No serán toboganes al uso sino que estarán encastrados en el césped en una pequeña colina. “Los niños subirán por el jardín, creando su propio sendero, y bajarán por el tobogán hasta una zona de caucho”, explica el arquitecto.

Esas colinas, las que evitan que el parque sea un continuo plano, son otro de los guiños a la villa. En este caso quien lo revela es el paisajista. David Añíbarro se coloca en el centro del parque e invita: “Mira alrededor, Mieres está rodeado de montañas, de colinas con vegetación, y eso es lo que hemos querido recrear en este parque”. La comparación, una vez anunciada, es fácil de apreciar.

El paisajista insiste en algo fundamental, “se ha diseñado a la vez la geometría, las circulaciones y la vegetación del parque”. Esto supone que “todas las modulaciones del pavimento están en función de la vegetación, los caminos entran y salen de las zonas verdes”. La estrategia del diseño permite “crear diferentes tramas de socialización con diferentes usos o posibilidades de ocio”. El parque es grande, así que cada usuario podrá escoger en rincón que más le guste y según la zona permanecer aislado del resto.

Ayer, con la zona aún vallada, ya se podía apreciar el potencial del parque. Con sol, las terrazas de hostelería de la zona de la antigua estación repletas de clientes, invitaban a pasear, correr, hacer ejercicio o simplemente sentarse en el césped a leer un libro.

La obra, financiada con fondos Feder, está prácticamente terminada, ahora solo falta que los mierenses reanimen este nuevo corazón de la villa.

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