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Los primeros pasos de Guillermo Schulz

El ingeniero alemán, gran impulsor del proceso de industrialización de las Cuencas, era un gran observador de la geología y la biología

Ilustración de Guillermo Schulz

Ilustración de Guillermo Schulz / Alfonso Zapico

Ernesto Burgos

Ernesto Burgos

El proceso de industrialización asturiano le debe mucho al ingeniero Guillermo Schulz. Tampoco se olvida en Mieres que fue él quien siendo inspector general de Minas y director de la Escuela de Madrid impulsó la creación de nuestra Escuela de Capataces, inaugurada oficialmente en 1855 con un reglamento y un programa de estudios que redactó con la ayuda del también ingeniero de Minas Pío Josué y Barreda.

Su memoria se guarda aquí con un busto, obra del escultor José Gragera, que se costeó por suscripción popular en 1898 y está emplazado en la escalera principal del Ayuntamiento. También lleva su nombre una calle, como sucede en otras poblaciones asturianas, y son numerosos los estudios que han abordado su biografía.

Con respecto a la fecha de su nacimiento, Eugenio Maffei escribió una nota necrológica en la “Revista Minera” tras el fallecimiento del alemán en Aranjuez el 1 de agosto de 1877, señalando que Guillermo Schulz había venido al mundo en 1808. Sin embargo, con motivo del cincuentenario de su muerte se constituyó una Comisión para organizar un homenaje de aniversario, que encargó al naturalista-geólogo Joaquín Gómez de Llarena, entonces catedrático del Instituto Jovellanos de Gijón, confirmar la fecha y lugar de nacimiento, así como otros datos sobre su juventud y estudios.

Al parecer, don Joaquín contactó con su amigo el paleontólogo alemán Rudolf Richter quien le proporcionó una nueva fecha, que se dio por buena en España hasta hace muy poco, cuando se apuntó la del 6 de marzo de 1805. Según él, Guillermo Schulz había nacido el 23 de junio de 1800 en el establecimiento minero de Habichtwalder, cerca de Dörnberg, no lejos de la ciudad de Kassel. Con respecto a sus estudios en la universidad de Göttingen, Richter no pudo aportar ningún dato al respecto “pues en los archivos de ésta no se encontrado ningún antecedente”.

Imitando al catedrático gijonés, yo también he consultado a alguien próximo a las fuentes alemanas. Se trata del doctor Luis Ángel Pardo –mi compadre en el sentido estricto del término–, quien trabaja precisamente en el Instituto Max-Planck de Göttingen. Él y la mierense Araceli Sánchez, que lo acompaña en la vida y en sus investigaciones, llevan allí más de tres décadas y he tenido la suerte de que me sirviesen de guías más de una vez por unos paisajes entre los que casualmente se encuentran aquellos en los que Guillermo Schulz pasó su infancia y su juventud.

Luis me confirma que los historiadores alemanes han resuelto hace tiempo esta cuestión: no hay duda de que nació el 6 de marzo de 1805 en el establecimiento minero de Wilhemshöhe, cerca de Kassel y fue bautizado en la iglesia de Dörnberg el 24 del mismo mes. Entonces fue inscrito como Philipp Daniel Wilhelm, aunque por algún motivo, cuando era estudiante ya eligió firmar con el tercero de estos nombres, Wilhelm (Guillermo) Schulz.

Sus padres fueron Christian Schulz y Elisabeth Schweizer y en la misma iglesia de su bautismo se guarda también la fecha de su confirmación, el 30 de mayo de 1819, lo que indica que pasó allí su niñez y sus primeros años de escuela. Luego, probablemente cursó estudios medios en el Lyceum Fridericianum de Kassel y a los 18 años llegó a Göttingen.

En el archivo de la Universidad existen dos registros de sus matrículas, el 18 de abril de 1823 y el 17 de septiembre de 1824, con las materias que cursó: Matemáticas (teóricas y aplicadas), Análisis, Laboreo de minas, Mineralogía práctica, Sistemática de la Mineralogía, Geología, Cristalografía, Tecnología, Física, Química teórica y aplicada e Historia de los estados europeos. Después, durante unos meses hizo las prácticas en el macizo de Harz, Sajonia y Turingia e investigó sobre unas minas de sal, hasta que en 1825 aceptó una oferta para trabajar en España. Una vez aclaradas estas dudas, su biografía ya es mucho más conocida.

Sabemos que vino a nuestro país para estudiar las posibilidades mineras de Las Alpujarras por la gestión de Fausto de Elhuyar, quien buscaba la ayuda de algún ingeniero conocedor de las tecnologías que ya se estaban empleando en los países industrializados. El elegido fue Guillermo Schulz, recién licenciado y con un magnífico expediente avalado por sus profesores. El joven no lo dudó y enseguida comenzó su trabajo de campo en Granada para pasar a continuación a las minas de Linares y Almadén. El resultado fue tan satisfactorio que Fausto de Elhuyar y el ministro de Hacienda Luis López Ballesteros, lo enviaron a completar su formación en los principales centros mineros e industriales europeos antes de incluirlo en la recién creada Dirección General de Minas, que dirigía el mismo Elhuyar.

Antes de acercarse hasta Asturias, Guillermo Schulz inició en 1832 el mapa petrográfico de Galicia, que hizo en dos fases y culminó en 1835. El resultado no fue solo una brillante investigación geológico-minera; el inquieto alemán también aprovechó para ir apuntando toda clase de curiosidades sobre la forma de ser de los gallegos y los albergues y posadas en los que pudo alojarse en el curso de sus excursiones científicas.

Pero lo que quiero contarles en el espacio que me resta son las referencias que hizo a la Montaña Central en su diario del viaje que realizó en 1836 recorriendo nuestra región a pesar de la constante amenaza que suponían las partidas carlistas para cualquiera que se aventurase a salir a los caminos.

En este cuaderno vemos que el 7 de junio de 1836 partió de Ribadeo en dirección a Luarca, pero fue el domingo 12 cuando hizo el recorrido Oviedo, Morcín, Riosa, Lena y Aller hasta Cabañaquinta. Entonces le llamaron la atención “hermosas plantas petrificadas antes de Senrriella en el Camino Real, y en términos de Santana” y también “el admirable conglomerado carbonífero, llamado de piedra real en el país” que no pasaba del Concejo de Lena “porque de Moreda en adelante nada se ve de él”.

Al día siguiente fue de Cabañaquinta a Isoba acompañado desde Felechosa por don Santiago Muñiz, luego siguió unos días por el oriente de Asturias y descansó en Oviedo desde el 29 de junio al 5 de julio para atender varios despachos, entre ellos una “licencia de calicatas sobre criaderos de carbón en la ‘reguera de Perlora’”, término de Mieres a favor de don Vicente Sampil.

Como este término no existe en Mieres, he recurrido a Rolando Díez, quien siempre me ayuda a resolver dudas sobre las explotaciones mineras del siglo XIX. Me dice que está seguro de que se refiere a Pedrova, sobre Aguaín, donde Vicente Sampil acabó registrando el 13 de mayo de 1845 una mina llamada Carbonera, que mantuvo abierta trece años.

A finales de julio Schulz volvió a su trabajo de campo y se detuvo en Lena los días 5, 6 y 7 de agosto para concluir tres expedientes de adjudicación de minas de carbón que estaban pendientes de asiento notarial; entonces se acercó a conocer las catas de Mieres, que en esta ocasión llamó “Reguera de Pedrosa”. De vuelta a Oviedo observó con detalle las formaciones del terreno, especialmente en los alrededores del camino entre el puente de Santullano y la villa de Mieres, que ya habían llamado la atención de Jovellanos, y el tramo entre El Padrún y Copián.

El 15 de septiembre estuvo en Langreo: “Bajando de la casita de La Viña se sale de la caliza entrando en cuarcita, después en conglomerado cuarcitoso, después alguna pizarrilla y terreno ferruginoso con rastros de carbón, arenisca oscura, pizarrilla y conglomerado grande hasta el llano de Viña y Riaño”.

Guillermo Schulz publicó en 1837 en el Boletín de la Sociedad Geológica de Francia “Note sur la Géologie de Asturias”, pero los primeros datos sobre esta región escritos en nuestro idioma no se vieron en España hasta 1838, en el primer tomo de los “Anales de Minas”, bajo el título “Reseña geognóstica del Principado de Asturias”

Ya en los primeros años de la década de 1840 hizo un listado de curiosidades con alguna referencia a nuestras cuencas, por ejemplo la presencia de dos especies vegetales que él llamó canapúa y chaminguera en los caminos de Aller a Mieres que “dan madera compacta para cucharas y tenedores en lugar de boj”; también la gran variedad vegetal de Caso; la existencia de piedra toba entre Felechosa y el puerto de San Isidro; una fuente intermitente en Jomezana de Lena o la imponente Cueva Deboyu en Caso.

La relación de Guillermo Schulz con estos valles fue tan intensa que tendremos que volver a su vida en otras ocasiones. Quedo emplazado para contarles alguna curiosidad sobre la obra que resultó fundamental para nuestra historia: el “Mapa topográfico de la provincia de Oviedo”.

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