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La recuperación del patrimonio industrial y etnográfico: El candente legado de Xuan del Burecu

Los vecinos de Morcín piden rehabilitar un "horno de gas" que durante la posguerra se utilizó para lograr combustible para vehículos

Arriba, estado actual del horno de Xuan del Burecu. A la izquierda, en el circulo, la estructura interna de la chimenea.

La escalada de la energía está debilitando los bolsillos de empresas y consumidores. El precio de la gasolina, por ejemplo, acaba de marcar su máximo desde septiembre de 2013. El ahorro se ha convertido en un anhelo de resistencia, pero no hace mucho lo fue de supervivencia.

El candente legado de Xuan del Burecu

Tras la Guerra Civil el combustible líquido no solo se convirtió en un artículo de lujo, sino que escaseó hasta alejarse del alcance de las carteras más rollizas. En aquellos oscuros tiempos, hubo asturianos que agudizaron el ingenio para plantear alternativas. Uno de ellos fue Xuan del Burecu, que a principios de los años cuarenta construyó en Morcín un “fornu” de gas, un horno para obtener de la madera el carbón vegetal que, a través de la combustión, permitía conseguir gases adaptables como combustible para vehículos. El horno del Xuan del Burecu no fue el único que funcionó con los citados fines en la zona central de Asturias. En la comarca del Caudal los más veteranos recuerdan, entre otros, el de Kiko de La Casería. Éste se encontraba en Les Castañerines, cerca de Busloñe. Pero el de Xuan del Burecu es especial por su simple condición de superviviente. La estructura de mampostería de esta chimenea sigue en pie.

El mierense Chus García, con la ayuda de los veteranos Juacu Fernández, de Castandiello, y de Marcelo Muñiz, de Busloñe, ha documentado la historia del octogenario horno. El esqueleto resiste el paso del tiempo, pero el deterioro empieza a ser severo. Los citados vecinos exigen una actuación para salvar esta gráfica crónica de nuestra historia reciente. “El pasado no se puede olvidar y estos elementos son una riqueza que debemos aprender a valorar y a cuidar”, apunta Chus García. La semblanza documentada de este viejo horno no pretende otra cosa que recatarlo del abandono, del olvido: “Se trata de una pieza que merece ser recuperada y mostrada a las nuevas generaciones”.

Xuan del Burecu no se hizo rico con su pequeña fuente de energía alternativa, pero consiguió algo de dinero vendiendo el preciado carbón vegetal que producía. “Lo vendía a un empresario de Soto de Ribera llamado Ángel Suárez, que tenía minas en Teverga”, explica Chus García. Este propietario contaba con dos camiones para el transporte y un taller de transformación que le permitía conseguir los gases que servían de combustible. La denominación técnica de estos aparatos es gasógenos. Mediante la combustión imperfecta del carbón vegetal se logra combustible gaseoso apto para alimentar motores de combustión interna, a los que se les dotaba de un depósito anexo .

“El horno estuvo funcionando entre 1939 y 1944, los años económicamente más duros tras la guerra”, apunta Chus García. Allí trabajaron duro dos chavales el pueblo de apenas quince años, Luis Mori y Marcelo Muñiz. “Era una labor demoledora, ya que tenían que cortar la madera, llevarla al horno arrastrándola con vacas o al hombro, para quemarla durante aproximadamente dos días, aunque el tiempo variaba según el tipo de madera”, indica García. La tecnología de aquel tiempo era básicamente la experiencia del trabajador: “Para establecer la conversión en carbón vegetal, lo más fiable era atender al color del humo, que tendía a volverse más transparente y azulado al término del proceso”.

Puede parecer mucho trabajo para un rendimiento económico exiguo, pero en la posguerra la gasolina se convirtió por momentos en un producto ligado al mercado negro, al estraperlo. Hasta el mismísimo dictador encontraba dificultades para llenar el depósito de sus vehículos. Los historiadores han descrito como esta carencia, acrecentada por el estallido de la II Guerra Mundial, afectó a Francisco Franco. Es conocido que Hitler le regaló por su cumpleaños un lujoso Mercedes 540. Lo recibió del embajador alemán en un acto que tuvo lugar el 24 de enero de 1940 en la explanada del Palacio Real. El dictador tardó en poder pasearse con turismo ya que “consumía demasiado”.

El resistente horno de Xuan del Burecu ya no quema madera, pero puede prender la llama de la historia reciente de España. “Este patrimonio no se puede perder. La administración no puede dejar desaparecer este legado de un tiempo que merece recordarse”, subraya Chus García. Si se pierde entre el humo, un interesante relato quedará incinerado.

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