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Turón no sale del bache

La colocación carteles de queja exhibe el malestar vecinal por el abandono del valle, con el movimiento asociativo en crisis

Uno de los numerosos carteles colocados en la carretera general de Turón. | D. M.

Turón lleva más de dos años esperando por la reforma de la carretera que vertebra el valle y conecta Mieres con San Martín del Rey Aurelio. El deterioro de esta calzada simboliza el abandono al que se sienten sometidos desde hace décadas los vecinos. La sensación de crisis hace mella y hasta el tejido asociativo se resiente. El principal colectivo local “Mejoras del Valle”, está en manos actualmente de una gestora tras la dimisión de la directiva. “Ha llegado un punto en que el desencanto mata la ilusión”, apunta Silvia Suárez, la presidenta saliente.

La carretera general de Turón amaneció ayer llena de carteles de queja. Grandes rótulos, colocados cada cien metros junto a la calzada, advierten de las deficiencias de la vía, anunciando la presencia de baches y charcos. Los pasquines también hacen referencias a otras carencias, como la falta de limpieza en el valle. “Llevamos dos años escuchando que el proyecto está listo para adjudicar y estamos cansados”, señala un conocido portavoz vecinal. El Principado sostiene que la actuación, con 1,6 millones de euros, ya solo está pendiente de su tramitación en la plataforma digital a través de la que la administración autonómica contrata los proyectos.

No solo el Principado recibe reproches en Turón. El Ayuntamiento de Mieres también tiene detractores. Es el caso de Silvia Suárez, que acaba de dejar la presidencia de “Mejoras del Valle”. Explica que “cuando esperas ayudas por parte del Ayuntamiento, resulta que te encuentran con que solo te ponen trabas”. La crisis que atraviesa la asociación guarda relación con el desgaste derivado de las obras que se han tenido que hacer en la piscina veraniega que gestiona el colectivo para acabar con las filtraciones. Ya se ha abonado unos 27.000 euros y todavía queda pendiente otro pago de 16.000 por una fuga que se produjo en el verano de 2019. “Aquí trabajan muchos voluntarios, muchas horas, y al final todo se va para pagar al Ayuntamiento”. Silvia Suárez asegura que la notificación de que los recibos deben abonarse con “un recargo del cinco por ciento por la demora” la ha sumido en un estado de total decepción: “Esta piscina es un servicio público, un gran dinamizador para Turón, y solo nos encontramos con trabas”. La asociación mantiene actualmente más de 600 socios y el próximo 26 de enero debe elegir a la próxima directiva.

Movilización

Los vecinos de Turón llevan tiempo protestando por el “abandono” del Valle. El año pasado amenazaron con llevar a cabo una acción de protesta simbólica, llevando su basura hasta la plaza del Ayuntamiento de Mieres. Con esta iniciativa se buscaba dar continuidad a la protesta que en junio de 2019 llevó a más un millar de personas a Oviedo para participar en una concentración frente al edificio de la Junta General del Principado. Entonces la principal preocupación era el desbordamiento del río.

El cierre de la minería, primero, y el fracaso de las empresas ligadas al proceso de reindustrialización, después, han dejado el valle convertido en un erial industrial. En este caso no se puede hablar de declive, sino más bien de deceso industrial. Las consecuencias sociales tienen innumerables ramificaciones, pero la más constatable se centra en el despoblamiento. En este punto, el desmoronamiento del censo de Turón es llamativo. Este valle mierense llegó a tener empadronadas más de 22.000 personas en los tiempos de máximo esplendor de la minería de carbón. A lo largo de las últimas décadas ha perdido imparablemente población hasta ser una comunidad con unos 4.000 vecinos. Tras llegar a tener más de 200 bocaminas opera activas, hace ya más de una década cerró el último pozo de carbón, el de Figaredo, sin actividad desde 2007.

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