El oso regresa al turístico valle de Cenera tras el ataque a un burro en 2018
Los ganaderos hallan rastros “inequívocos” de un macho y los expertos advierten de que estas incursiones serán cada vez más frecuentes

Un macho joven de oso pardo. | L. M. Arce / David Montañés
Un oso joven, muy posiblemente en tránsito y dentro de los movimientos característicos de las épocas de celo. Los ganaderos de la zona alta del valle de Cenera se han reencontrado con el oso tras cuatro años de ausencia.
Los vecinos de la falda mierense del Llosorio llevan más de dos semanas encontrando numerosos rastros de la presencia de un oso por el valle de Cenera, el principal referente turístico de Mieres. Los ganaderos afirman que el animal se ha adentrado hasta los bosques de castaños que están justo por encima de Villestremeri: “De momento no se han producido avistamientos, pero los rastros, como huellas y excrementos, no dejan lugar a duda”, apuntan los profesionales.
Los ganaderos afirman desconocer si el oso que deambula por Mieres está de paso o se trata de un asentamiento estable. La Fundación Oso Pardo, aún sin información concreta sobre este caso, da total credibilidad a la presencia en el Llosorio del plantígrado. Este monte está enfrentado con el Aramo, donde hay presencia consolidada de osos desde hace años. “Toda la zona de montaña próxima a la autopista es actualmente un potencial terreno con presencia de ejemplares”, señala Guillermo Palomero, presidente de la entidad preservacionista: “Cada vez hay un mayor movimiento entre los asentamientos de las zonas oriental y occidental de la Cordillera”. Palomero subraya que lo que está pasando en Mieres pronto dejará de ser novedoso a singular: “Poco a poco se normalizará la aparición de los osos en zonas montañosas cuya presencia era hasta ahora infrecuente”.
De hecho, la penetración del oso en el turístico valle de Cenera ya no puede considerarse un hecho insólito. La Consejería de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente confirmó en agosto de 2018 el ataque de un plantígrado a un burro muy cerca de Villar. Es decir, el oso se adentró hasta los asentamientos poblados que se asoman al fondo del valle, vertebrado en toda su extensión por complejos lúdicos y hosteleros. Los vecinos, hasta ahora, nunca habrían sospechado que un ejemplar de esta especie pudiera llegar hasta Cenera. El oso no llegó a matar al animal, aunque finalmente tuvo que ser sacrificado por el equipo veterinario. El profundo desgarro se localizó en el lomo, con más de 30 centímetros de longitud. En la finca había otros dos burros, que resultaron ilesos. El oso desapareció sin dejar más rastro.
Parques naturales
La presencia de osos en los montes del Caudal ya empieza a ser algo acostumbrado. La Fundación Oso Pardo y la dirección del parque natural de Las Ubiñas-La Mesa confirmaron en 2017 el asentamiento de la especie en la vertiente lenense del espacio protegido. También en Aller se han avistado osos y se ha percibido la presencia de oseznos. Estos dos municipios forman parte del corredor interpoblacional –que une las subpoblaciones de oriente y occidente–. El oso también está ya muy cerca de asentarse en el parque natural de Redes.
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