“Bueno”, la banda de Javier Vallina, vuelve a casa para presentar “El Refugio”. Será hoy a las 20.00 horas en el nuevo teatro de La Felguera (entradas, 5 euros). Javier Vallina, compositor, cantante y líder del grupo desentraña el experimento musical que ha supuesto hacer un disco con una sola canción de media hora dividida en nueve fragmentos.

–¿Tocarán “El Refugio” del tirón, la media hora?–Sí. El concierto se compone de dos partes. La primera será esa, la interpretación del disco “non stop”, tal y como fue concebido. La segunda parte será el repertorio habitual, con canciones de otros discos y algún tema del próximo trabajo. Además habrá audiovisuales para aprovechar el espacio escénico del teatro, vídeos y recursos gráficos.–¿No es mucho una canción de media hora de duración para un directo?

–Es un reto, pero ya lo hemos hecho y tenemos muy buenas sensaciones; el público está muy cómodo. Aunque sea una canción de media hora, son fragmentos diferenciados y se juega con la intensidad en la interpretación, no hay sensación de monotonía. El trabajo se planteó así desde la grabación, queríamos intentar salir del formato habitual.

–¿Dice que es un reto pero, lo es más para los músicos o para el público?

–Para nosotros hay parte de reto pero hemos tenido la oportunidad de trabajar sobre la canción y e ir limando cosas. Al público igual le pilla un poco de nuevas y puede que se pregunte si aquello no para, si no se aplaude. En realidad hay sensación de continuidad pero el desarrollo es muy variado y se diferencian bien los nueve fragmentos. Además, así eliminamos la parte superflua de explicaciones.

–Ahora que todo va tan rápido, que se venden canciones sueltas en las redes y que casi ni se escuchan enteras, va usted y hace una de media hora.

–A mi me dijeron que había que hacer canciones y lo hice. (Risas). No, en realidad llevaba tiempo queriendo hacer algo así, jugar con la intensidad y la temática. Quería dejar de lado la canción pop de tres minutos, salirme del formato habitual. El último disco de Robe es algo así y Julio de la Rosa también está en esta onda. Es una manera de funcionar que puede parecer un tiro al pie, pero no descuidé la idea de que se pudiese fragmentar.

–¿Qué cuenta esa canción?

–Habla de un personaje que sale de casa, va al refugio, interacciona con otras personas, cae al vacío y vuelve a la luz.

–Pero, es algo más que una noche de juerga.

–Así es. Es un viaje al exterior pero tiene más de viaje interior, de cómo la persona se ve en un entorno determinado. Trata de cómo nos relacionamos y de cómo funcionamos en público y en privado.

–Ahí está La Salvaje, la sala de conciertos de Oviedo que tiene una parte que se llama “El Refugio”.

–La canción, y sus fragmentos trata de reflejar lo que sucede cuando uno sale por la noche. Puede ser La Salvaje pero también locales de Langreo como La Industria o el Telva. Pertenecemos a los locales en los que nos relacionamos. Puede que se reconozca más La Salvaje por el momento que fue escrito y por los personajes y situaciones que refleja. Pero insisto, no es una noche de juerga.

–Estos nueve fragmentos componen un todo, son como capítulos de una novela, o de un relato corto.

–No me atrevería a llamarlo novela pero sí que hay un relato.

–¿Relato autobiográfico de un tiempo y un espacio concretos?

–Tiene un componente muy personal. Se utiliza un lugar físico y eso es tan variopinto como cada uno quiera considerar. Es un tiempo y un lugar concreto pero pretendo que sea cualquier tiempo, cualquier lugar y cualquier persona. “El Refugio” es personal pero cada uno tiene el suyo y cada uno tiene sus formas de llegar a él y de estar en él.