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Laviana inicia una nueva tradición: más de 2.000 personas participan en una comida en la calle

El multitudinario banquete fue organizado para celebrar que el Descenso Folklórico del Nalón es Fiesta de Interés Turístico Nacional

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Comida en la calle de Laviana Fernando Rodríguez

Laviana recuperó este sábado el pulso de la fiesta y lo hizo a lo grande, con una jornada que seguro que se recordará y que se repetirá. La peatonalizada calle de la libertad hizo honor a su nombre y en ella se extendieron mesas y manteles para nada menos que 2.000 comensales. Se trataba de celebrar que el Descenso Folklórico del Nalón fue declarado en 2020 Fiesta de Interés Turístico Nacional. De aquella, en plena pandemia, no se pudo celebrar, así que la celebración fue histórica, un absoluto éxito. La sensación de muchos de los asistentes a la comida en la calle era que ha llegado para quedarse. El tiempo acompañó, no hacía sol pero la temperatura era perfecta para tomar sidra.

Había ganas de salir, de juntarse, de celebrar. “Se necesitaba después de dos años de pandemia”, afirmaba Vladimir Canteli, que comía con familia y amigos. Canteli insistía en que un acto como este “era necesario” y vista la acogida que ha tenido por parte del público no dudaba en que “debería hacerse todos los años”. Él ya lo consideraba “un predescenso”.

Isabel Montes tuvo suerte. Después de duros confinamientos y restricciones para hacer frente a la propagación del coronavirus pudo celebrar a lo grande su cumpleaños. Sus amigos le pusieron una banda y un sombrero alusivos a su aniversario y se sentaron a la mesa en la calle Libertad con ganas de fiesta. “Es un sitio impresionante”, decía ella. La chica bromeaba con “la fiesta que han montado para celebrar mi cumpleaños, ya verás por lo que me va a salir la factura”, decía mientras posaba con sus amigos para la foto que inmortaliza una celebración de cumpleaños única.

Pandillas de amigos de más o menos edad, familias entras de varias decenas de miembros y cómo no, peñas que anualmente participan en el Descenso Folklórico del Nalón. “Somos veteranos, tenemos un chalanín, tenemos de todo”, aseguraba José Antonio Huerta. En su peña, La Trapiá, no se conformaron con la empanada, la tortilla o los filetes empanados, se llevaron la bombona de butano y el trébede y allí, en un rincón de la calle Libertad, Huerta se puso a cocinar un arroz con pulpo y langostinos que a las tres de la tarde estaba casi a punto haciendo “chup chup” en la pota. Sus compañeros celebraban su buena mano con la cocina desde la mesa. “Además nos ha tocado un sitio perfecto porque tenemos este entrante en la calle en el que hemos podido poner la bombona para cocinar sin molestar a nadie y además tenemos sitio para las botellas de sidra en hielo, aunque creo que vamos a tener que ir a comprar algo más”.

Los comercios de Pola de Laviana estaban muy pendientes de las necesidades de los comensales. “Se vende hielo, vasos de plástico”, anunciaban. Hasta una conocida cadena de supermercados tenía una oferta especial en Laviana, el lote incluía una empanada de atún o carne, una botella de sidra y una tableta de chocolate.

Julián Valera lo tenía más fácil. En la inscripción para participar en la comida en la calle le tocó una mesa a pocos metros de su casa así que no dudaba en subir de vez en cuando “a por un poco de chorizo” o al servicio. Este lavianés, que pasa largas temporadas fuera de casa trabajando en el extranjero estaba encantado viendo su calle abarrotada de gente. “Esto es un espectáculo”, celebraba.

Para celebrar estaba también Mero Gutiérrez, responsable del Tolivia Rural Jazz, que este año se ha llevado un premio Amas honorífico tras 15 ediciones. Gutiérrez ve en la comida en la calle de Laviana “una muy buena idea”. Así que no dudó en participar “y por fin sin mascarilla”. Él sabe lo que es el covid y era una suerte de celebración de fin de una pandemia que le atacó de llenó. “Me cogió bien, estuve ingresado varios días con oxígeno y estoy diagnosticado de covid persistente”, explicaba. Así que nada mejor que unas sidras y una comida con los amigos para celebrar la vida.

Fue fiesta gastronómica a la que luego se sumó la fiesta deportiva. A las cinco de la tarde, en plena digestión, se celebró en Pola de Laviana la popular carera contra el cáncer, que recaudó 7.000 euros: nada mejor para bajar la fartura.

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