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Juan José González Pulgar Presidente del Montepío de la Minería. Dejará su cargo en junio.

"Villa fue una decepción: pudo ser un líder venerado y se fue al ejército de los corruptos"

“Los mutualistas del futuro no serán mineros, hay que abrir la entidad”

Juan José González Pulgar, en su despacho del Montepío de la Minería, en Oviedo. | A. Velasco

Juan José González Pulgar llegó a la presidencia del Montepío en 2014. Apenas unos meses después de su desembarco, estallaba el “caso Hulla”, que ha marcado los tiempos de su mandato. Ahora, con casi todos los frentes ordenados, Pulgar ha decidido dar un paso a un lado y habla de su etapa al frente de la mutualidad.

–¿Cómo se encuentra a pocos días de dejar el cargo?

–Estoy con buen ánimo. Hay que pensar que la decisión no es sencilla de tomar. Han sido ocho años muy intensos y de mucho trabajo. Pero llega un momento en el que uno tiene que tomar una decisión. Y ahora estamos en ese proceso de relevo ordenado.

–¿Qué Montepío se encontró en 2014?

–Tomé unas notas sobre la herencia recibida y resulta que me encontré con un Montepío que estaba en quiebra económico-financiera. Con una deuda hipotecaria superior a los 17 millones de euros, con pérdidas en varias de las empresas, con un desánimo empresarial muy importante ante la falta de proyecto. Y luego, en ese estado de las cosas, ya estaba la sombra de la corrupción que fue una losa que hemos mantenido durante todo este periodo.

–¿Y que Montepío deja?

–Es muy diferente a lo que me encontré. Queda una entidad saneada, con unos resultados positivos por encima de los 850.000 euros, que es una cantidad muy estimable. Todas las empresas están en positivo y conseguimos revertir la situación en el Balneario de Ledesma, en el que llegamos a estar en concurso de acreedores. Y luego tenemos una serie de datos económicos que han mejorado notablemente, como por ejemplo que hemos amortizado la deuda hipotecaria en más de 5 millones y seguimos haciendo inversiones muy importantes por valor de 5 millones de euros en estos años. Y, además, hay un elemento nuclear que va cogiendo más protagonismo que es la Fundación Obra social.

–¿Cuál es el estado económico de la mutualidad que preside a día de hoy?

–Pasamos de 17 millones a 11 millones en cuanto a deuda hipotecaria, que ahora es algo asumible en los niveles de negocio en los que nos movemos.

–Vivió situaciones muy críticas, ¿cuáles le afectaron más?

–Es cierto que tuvimos situaciones muy complejos como las gotas frías que arrasaron los Alcázares e inundaron nuestro residencial, pero también enterarnos que la fachada de la residencia de Felechosa presentaba graves daños constructivos. Fueron momentos muy tensos. Pero lo que ha dejado una huella más profunda fue conocer el saqueo sistemático que antiguos dirigentes y colaboradores ocasionaron al Montepío.

Pulgar, en su mesa llena de expedientes. A. Velasco

–¿Lo que pasó con José Ángel Fernández Villa le dolió mucho?

–Villa es la historia de una decepción colectiva. Un dirigente con méritos y gestión suficiente para ser un líder recordado y venerado, que acabó militando en el ejército de los corruptos. Ha causado un daño irreparable al movimiento sindical, a los trabajadores y especialmente a la familia minera.

–Y José Antonio Postigo, ¿qué le evoca?

–Va en el mismo barco que Villa. Aunque no se puede comparar a un capitán con un grumete. Evidentemente no fue la misma decepción porque son parámetros distintos. En el caso de José Ángel lo envolvía todo en aquel momento, era una persona muy influyente. En el caso de Postigo no es la figura sobresaliente que tenía Villa, ni mucho menos.

–Al poco de su llegada, decidió prescindir de algunos cargos muy ligados precisamente a Villa y Postigo. ¿Por qué tomó aquella decisión?

–Tiene un poco que ver con dos cosas. En primer lugar por el modelo que yo quería desarrollar en las empresas del Montepío en general. Y luego también porque creo que los perfiles de esa gente no eran ni los más adecuados ni los más recomendables.

Postigo va en el mismo barco que Villa, pero no se pueden comparar un capitán con un grumete

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–Entonces se había hablado de contratos blindados con familiares de Villa y Postigo, se acusaba a la entidad de opaca. ¿Es hoy más transparente el Montepío?

–Desde luego. Lo saben los miembros de la Comisión Regional, el nivel de detalle con el que vamos hablando de las cosas. Los acuerdos, sobre todo en política de compras, se toman en la mesa de contratación donde están representadas todas las sensibilidades del Montepío. Y todo el mundo sabe y participa de esas decisiones. No hay ninguna parte oscura. Como siempre les he dicho, que me digan qué cajón está cerrado, que lo abrimos.

–Aún queda pendiente la sentencia principal del “caso Hulla” y del Tribunal de Cuentas.

–Las primeras pesquisas del “caso Hulla” se iniciaron en el año 2013 tras conocerse la regularización fiscal de Villa y Postigo. Se conoció públicamente en 2014, cuando yo acababa de asumir la presidencia del Montepío. Va para 10 años y el juicio ha sido prorrogado una vez más hasta finales de julio de este año. Estamos pendientes de que las personas asignadas por el colegio de arquitectos entreguen su informe pericial. Respecto al Tribunal de Cuentas, es el que determina la existencia de alcance contable, y en caso de hallarlo procede al embargo inmediato, como pasó con la UGT con los EREs de Andalucía. Es un expediente que nos ha mantenido muy preocupados por sus posibles consecuencias. El auto firmado por la nueva consejera de Cuentas, Elena Hernáez Salguero, a propuesta del PP, resuelve no haber lugar a la continuación del procedimiento de reintegro por alcance contable. Estamos por tanto pendientes de un recurso de apelación que pudiera presentar la Fiscalía. En todo caso mantenemos esperanza de una resolución favorable e inmediata. Sería todo un alivio.

–Ahora que se va, ¿tiene ya sucesor?

–Tengo que ser respetuoso con los tiempos. Pero lo que puedo decir es que no se improvisa nada. Una de las cosas en las que yo me empeñé en este proyecto final que a mí me afecta es en los relevos ordenados y sin ruido. El día 3 de junio se acaba la campaña para presentar candidaturas. A partir de ahí, en la asamblea del día 10, se elegirá a una Comisión Regional que es la que a su vez elegirá al próximo presidente de la entidad.

–La afiliación está cayendo. ¿Qué futuro le ve al Montepío de la Minería?

–Es cierto que hay una tendencia a la baja, que conseguimos ir frenando cuando tomamos la decisión de abrir el Montepío a los familiares de los mineros y de los mutualistas. A día de hoy, casi el 20 por ciento de los 8.800 afiliados que tenemos son familiares. Eso ha frenado de una manera muy importante esa caída de mutualistas. Pero si esa es la tendencia y no tomamos decisiones, lo que va a ocurrir es que vamos a ser los más ricos del cementerio.

–¿A qué decisiones se refiere?

–Ya hay señales en otros ámbitos que son elementos a seguir. Por ejemplo, los sindicatos mineros ya no son solo sindicatos mineros. Son Federaciones de industrias. Y en el Montepío, el peso de los sindicatos como socios protectores es casi nuclear. Por lo tanto hay que plantearse que en esa apertura que tiene que dar el Montepío siga esa estela. Y ver si se abre a todos los trabajadores de esa Federación. Eso quiere decir que el mutualista de futuro ya no será minero. Pero el reto es tomar esa decisión. Y eso no quita que se mantengan tanto las raíces mineras como el control.

El presidente del Montepío, durante la entrevista. A. Velasco

–La residencia de Felechosa acaba de cumplir 10 años. ¿Cómo ha sido su evolución?

–La residencia de Felechosa era en 2014 un barco desnortado donde no había capitán, ni piloto, ni carta de navegación, ni proyectos. Además, en su primer año y medio acumuló una deuda de más de 1,2 millones de euros. Y para colmo los residentes eran apenas 77. Ahí definimos el modelo, con servicios muy potentes, con empleo, y convertirlo en una especie de centro social del alto Aller. Ocho años más tarde, la situación es totalmente distinta. Unos beneficios de 333.000 euros, cien empleos fijos en la residencia, con un modelo consolidado y preparado para el futuro.

–La pandemia afectó especialmente al Balneario de Ledesma.

–Fue muy difícil. Cuando llegó el virus hacía tres días que habíamos iniciado la temporada, y tuvimos que cerrar. Eso tuvo unos costes tremendos. Además de los problemas que tuvimos con nuestra entidad bancaria de referencia a la hora de conseguir ayuda en la financiación. Esto nos llevó al concurso de acreedores y a perder 1,2 millones de euros en 2020. Pero logramos buscar fórmulas, intentamos salvar la situación y pactamos con el comité de empresa. Y también hay que reconocer la ayuda del Gobierno. Cerramos 2021 con unos beneficios leves. Ahora hay que seguir trabajando.

Lo que más huella me dejó fue conocer el saqueo sistemático al Montepío por parte de antiguos dirigentes

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–Arranca la temporada de verano en los residenciales de Murcia y Almería. ¿Cómo afrontan los próximos meses?

–La pasada temporada fue excepcionalmente buena. Conseguimos los mejores resultados de la historia de ambos residenciales. Especialmente en Roquetas, que cuando llegué aquí estaba con constantes pérdidas e incluso se planteaba darle una salida airosa al residencial. En estos momentos las sensaciones son buenas por la cantidad de reservas que tenemos para el verano. Pero ahora hay que estirar el verano un poco más para que sea más rentable. Y ahí es donde entra el cliente privado para llenar los huecos que dejan los mutualistas.

–Durante su mandato se creó la Fundación Obra Social Montepío. ¿Cómo está funcionando?

–El Montepío da sus prestaciones a los mutualistas que son mineros y que cada vez son menos por los fallecimientos. Y lo hace a través de la propia mutualidad. Pero la Fundación se creo con una visión más amplia, para todos los mutualistas, los mineros y los que no lo son. Tenemos ayudas que funcionan muy bien como las becas, pero otros programas como las ayudas a los matrimonios o por hijo deben de tener más impacto. Además, también recuperaremos la beca de investigación con la que, por ejemplo, sacamos el libro de aniversario sobre el mutualismo.

–Ahora, ¿a qué se dedicará?

–Lo primero es tomarme unas vacaciones, que tengo las de los últimos ocho años pendientes. Y luego retomaré la lectura, volveré a la cocina a recuperar los conocimientos con el grupo de cocina en el que estaba antes de entrar en el Montepío. Y, por supuesto, dedicar tiempo a la familia, que es muy importante.

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