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Habla el vecino que halló una bolsa con huesos humanos en Mieres: “Pensé que era un casco de mina; ver la calavera me impactó”

Jesús Murillo encontró los restos óseos cerca de su casa de Los Pontones: “Estaban muy desgastados, sin daños aparentes en el cráneo”

Jesús Murillo, ayer, junto al lugar en el que encontró los huesos. | D. M.

La reciente aparición de un esqueleto humano ha suscitado un enigma que ha perturbado la habitual tranquilidad que caracteriza al valle de San Juan, en Mieres. De momento, y hasta que el informe forense determine la antigüedad y características anatómicas de los huesos, todo son preguntas sin respuestas.

El primero que se las hizo fue Jesús Murillo. “Chus”, como es conocido en los alrededores de Rioturbio, fue quien encontró el esqueleto el pasado miércoles, mientras buscaba varas de avellano en una finca próxima a su casa de Los Pontones: “Hace un tiempo me fijé que tras un árbol parecía haber una especie de saco, pero no le di importancia”. Finalmente, la curiosidad le empujó a acercarse al lugar: “Le di una patada y al principio pensé que podía ser un casco de mina”. Cuando abrió la bolsa se encontró con un contenido inesperado: “Fue un poco impactante ver de golpe la calavera, pero la verdad es que no fue algo inquietante. No me puse nervioso”.

Jesús Murillo encontró el esqueleto muy cerca de la carretera general de Santo Emiliano, justo antes del pueblo de Los Pontones. La finca en la que estaban los restos se encuentra enfrente de su casa. Simplemente tiene que cruzar la carretera y adentrarse en pendiente unos metros en la espesura. Pese a que la atraviesa un incómodo sendero, la parcela es puro monte. Tras un estrecho tronco de avellano, se hallaba el saco. “Estaba parcialmente enterrado”, explica Murillo. “Lo que yo interpreto es que debió estar enterrado a no mucha profundidad y con el tiempo el efecto de agua la ha ido sacando a la superficie”.

La Guardia Civil ha dejado abiertas “todas las hipótesis y líneas de investigación, sin cerrar ninguna de ellas”, según han confirmado fuentes del cuerpo. Ahora bien, de momento no hay indicios ni sospechas que liguen los huesos con algún crimen sin resolver. Jesús Murillo avala el planteamiento inicial: “Me han dicho que hay gente diciendo que el cuerpo estaba lleno de puñaladas y cosas así. No sé quién se puede inventar cosas así, la verdad”. Este mierense no vio nada que apunte a una muerte violenta: “Lo único que se distinguía claramente era el cráneo. Estaba muy desgastado, pero entero y sin marcas”. A su juicio, llevaba mucho tiempo enterrado en el lugar. “La sensación que daba a la vista era de ser hace muchísimo tiempo”.

El análisis forense

Los restos se encuentran en el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Oviedo y los resultados de datación tardarán un tiempo en conocerse. Fuentes próximas al caso han trasladado a este diario que, según todos los indicios, el esqueleto en ningún caso tendría menos de entre siete u ocho años de antigüedad. Es muy probable que la antigüedad sea notablemente mayor. Sobre el origen, la Guardia Civil no tiene indicios ni sospechas que liguen los huesos con algún crimen sin resolver. Con todo, no se descarta ninguna vía de investigación.

Jesús Murillo no vio nada que contradiga la prudencia inicial de la investigación: “Puede ser cualquier cosa y no tiene sentido hacer especulaciones”. Con todo, este mierense muestra extrañeza al pensar que alguien pudiera querer ocultar en este lugar concreto la prueba de un crimen: “Es difícil sacar conclusiones con tan poca información, pero la verdad es que estaba muy cerca de la carretera”.

Los vecinos comparten este análisis: “Con la cantidad de monte que hay en los alrededores cuesta creer que alguien quisiera hacer desaparecer un cadáver junto a una carretera tan concurrida (Santo Emiliano) y cerca de casas”. Y añaden: “Es una zona con vegetación, pero hay pistas ganaderas alrededor”.

A la zona se desplazó el viernes un equipo del servicio judicial de la Guardia Civil de Mieres. Posterior acudió la autoridad judicial de guardia para decretar el levantamiento del cadáver. “Ha sido una experiencia”, apunta con buen humor Jesús Murillo, que seguirá buscando ramas de avellano en la finca: “A las cabras les gustan estas hojas”, explica con naturalidad.

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