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La privilegiada memoria del centenario lector de LA NUEVA ESPAÑA

El morciniego Nicanor Suárez, que cumplió 100 años la semana pasada, comenzó a trabajar con 12 por ser el primogénito de los cuatro hijos de una viuda minera

Nicanor Suárez, leyendo LA NUEVA ESPAÑA en su casa. | | F. D.

Tras casi dos horas de animada entrevista con Nicanor Suárez Fernández, quien el pasado lunes cumplió 100 años, este centenario bisabuelo de La Foz de Morcín no se muestra cansado, sigue con ganas de charla e indica: "Pregúntame más coses". Aunque ha perdido algo de movilidad y utiliza un bastón para apoyarse, su privilegiada memoria recuerda con gran precisión los momentos más relevantes de su dilatada trayectoria personal y profesional.

Nació el 8 de agosto de 1922 en la casa familiar junto al Cañu de Lugar de Arriba, en La Foz de Morcín, y con 12 años comenzó a trabajar en la mina por ser el primogénito de los cuatro hijos menores de edad de una viuda minera que había perdido a su marido en 1932 al fallecer por asfixia tras quedar sepultado por un derrabe mientras picaba carbón en la fatídica capa octava de una mina de montaña del Grupo Canales, en Hulleras de Riosa.

Nicanor el lunes de la semana pasada rodeado de parte su familia para festejar su 100 cumpleaños

Su madre Amparo no tuvo compensación económica tras quedar viuda por el accidente laboral de su marido Manuel, de 29 años, y sólo le otorgaron "el privilegio" de que su hijo mayor, Nicanor, entrase a trabajar en la mina.

"Como quedamos sin paga y sin nada, mi madre fue a hablar con el ingeniero que se llamaba García y me mandó que fuese a la oficina de La Pereda, en Mieres, y cuando llegué allí yo levantaba poco más de la mesa en la que él estaba y me dijo era una pena que no fuese a la escuela", recuerda Nicanor.

"De aquella salíamos de la escuela como cerrojos, sabía poco más que leer y escribir y echar alguna cuenta. Entonces me metieron en la mina para que estuviese en la puerta 11 del piso 91 en la que trabajaban 14 caballistas con unas mulas que rompían muchas patas. Allí estuve hasta que estalló la guerra. Comencé ganando 4,5 pesetas, que eran 24 reales", rememora este centenario bisabuelo.

Nicanor, primero por la derecha con boina, con sus compañeros de trabajo en 1941 sobre la locomotora “Figaredo", que restauró en 2006

"Después me pusieron como pinche para que llevase unos partes diarios al control de minas en la máquina de vapor que iba desde La Foz hasta La Pereda y luego iba caminando hasta Mieres. Más tarde fui enganchador, fogoneru, oficial de tercera, de segunda y de primera. Cuando reparaba las calderas ganábamos muy poco, sobre 8,5 pesetas". Nicanor se jubiló en 1987 con la categoría de vigilante de mantenimiento y le quedó entonces una pensión de 84.000 pesetas (unos 500 euros de ahora). En total, trabajó durante 52 años en las minas de carbón que fueron cambiando de la propiedad de Hulleras de Riosa a Ensidesa y finalmente a Hunosa. "Se movió la empresa pero yo no me moví de sitio", señala Canor "el fontaneru", nombre por el que le conocen sus vecinos y compañeros.

Salud.

"De salud ando muy mal de las piernas, no me tengo derechu por causa de las caderas. De otres coses voy pasando pero de esto no me defiendo muy bien. Paso los días tiráu en un bancu o en el sofá. Los años y los tirones que dimos toda la vida encarrilando vagones nos desficieron les caderes. Tomo un montón de pastillas desde hace años y para esto que vino ahora del covid diéronme en Oviedo un tratamiento en julio que me lo liquidó pero me queda una mucosidad dentro del pecho y oigo muy mal. Fíjate que ahora no escucho ni el teléfono si estoy en la cocina o en la habitación. Si me funcionasen bien las piernas, no pararía en casa. De la memoria ando muy bien, si quieres te digo mi fecha de nacimiento o el número del carnet y del teléfono. Lo de antes téngolo todo grabado. Hay que entender que fuimos niños de la posguerra y ahí habría mucho que contar pero no lo vas a escribir tú aquí ahora", sentencia.

Carnet de trabajador de Nicanor, de niño con 12 años, cuando entró en enero de 1935 en Hulleras de Riosa.

Canor nunca pensó que llegaría a los 100 años, "tenía pensado morirme a los 75 u 80 pero de ahí para adelante ya sabes que no tienes vida porque eres una persona inútil. Yo no lo fui pero pude haber sido como otros. De la cabeza hasta ahora estuve bastante bien y me acuerdo de muchas cosas que pasaron. Mejor de lo más antiguo que de los más reciente. Pasé por tantas cosas. Cuando hice esta casa, esto era todo un bardial, igual que va a seguir ahora cuando me muera porque aquí ya no hay vida ya que murió todo al pasar la época del carbón. El esplendor de esta zona fue cuando Ensidesa compró la mina y construyó el pozo Montsacro porque había una gran riqueza en el subsuelo. En 1954 vi pintar con cal en el suelo el círculo donde se comenzó a profundizarlo y ahora vi como paró la explotación en el 2014".

Comida.

"De comer, papillas y poco más porque el digestivo no me funciona muy bien. Me dieron 3 neumonías muy seguidas y luego me mandaron comer purés. Ahora ya estoy mejor. Salgo algo a la huerta a tomar el sol y el aire. Vienen a verme los vecinos, que son muy atentos y hablen mucho conmigo y me entretengo. No hice más que trabajar sin parar. Puse muchas calefacciones de gasoil después de trabajar por la mañana en la mina".

Horarios.

"Gústame poco madrugar porque ya lo hice muchos años cuando trabajaba con las máquinas de vapor en el taller, cavamos la trinchera de la Esperanza a pico y pala y trabajábamos los domingos para ganar el jornal y sacar dos tareas todos los días. Tras las máquinas diesel vinieron las eléctricas, se complicó más la cosa y llegamos a tener 14 tractores en el pozo. Había mucho que hacer y preparé un equipo de personal para gestionar el día a día. Me sacaron bien el jugo", señala.

No madruga mucho, desayuna sobre las 10 y come sobre la una. Merienda sobre las cinco y cena temprano sobre las ocho y media. Se acuesta sobre las once después de hacer la digestión. "La barriga mía no quiere meter coses gordes", afirma. Bebe mucha agua y come a base de purés desde hace dos años. Lee todos los días LA NUEVA ESPAÑA, diario al que está suscrito desde hace décadas "porque es donde me entero de lo que pasa ya que antes veía la televisión, pero ahora no oigo ni gota".

Inventor.

"Un día, Guzmán de Figares estaba picando los vagones por dentro para sacar el carbón que quedaba pegado en el fondo y saltó un fulminante. Vino el capataz jefe desesperado a preguntarme que podíamos hacer para que esto no volviera a suceder ya que podríamos tener un accidente muy grave. Entonces inventé una máquina ‘picavagones’ y fui más popular que el faraón porque venían de todas partes a ver de qué se trataba. Conseguí que unos cilindros hidráulicos, que se usaban como mampostas para postear en la mina, tirasen por el reductor que llevaba una fresa para mover el vagón que estaba en el basculador boca abajo. Entraba la fresa y escarbaba todo el escombro que quedaba en el fondo del vagón. Funcionó y los dejaba muy limpios. Celso el de Loredo, que era topógrafo, iba copiando las cosas que yo hacía y tratamos de registrar la patente en 1976 pero no nos dejaron porque éramos empleados de una empresa pública. Luego vinieron los de Zitrón a interesarse por el invento. Siempre aprendí sobre la práctica, no sobre los papeles", señala.

En 2006 le llamaron para que participase en la restauración de la locomotora "Figaredo" aunque estuviese ya jubilado.

Familia.

"A mi padre, que falleció picando carbón cuando yo tenía 9 años, siempre le oí decir que no quería que ninguno de sus hijos entrasen en la mina porque sabía bien lo que había dentro. Le respeté la palabra hasta las últimas consecuencias pero no tuve otra opción que meterme dentro con 12 años para mantener a la familia ya que era el mayor de los cuatro hermanos que nos sacábamos dos años cada uno. Al final, los 3 varones fuimos mineros".

Con 22 años se casó con Maximina Bardio Cachero, vecina también de Lugar de Arriba y compañera de vida hasta que falleció en 2019. Construyó su casa en La Teyera, donde reside actualmente y tiene dos hijas, María Rosa y Orfe, 5 nietos y 5 bisnietos.

Curiosamente, después de casarse con ""Máxima"", Mino, otro hermano suyo contrajo matrimonio con Sirita, hermana de su mujer, y José, el tercer hermano, se casó con Susana, prima de ambas. Todos residían en Lugar de Arriba.

Canor condujo su Renault Clio hasta los 93 años renovando año tras año su carnet de conducir. "Al final, me lo daban para circular sólo 25 km y tenía aprobado el test para renovarlo pero el médico de aquí me lo desaconsejó. Estoy yo mismo asustado de tener ya 100 años. De memoria estoy muy bien porque siempre utilicé boina y gorra para proteger la cabeza", afirma con gran sentido del humor.

Al finalizar la entrevista, tras hacerle la foto con el móvil mientras lee LA NUEVA ESPAÑA, dice "ye increíble todo lo que hacen ahora los teléfonos. Anda, pregúntame más".

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