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La gran escapada que no pudo ser

El fracasado plan para evacuar por Tazones a casi un millar de milicianos socialistas y comunistas, que acabaron formando el maquis en Asturias

Guardias civiles Alfonso Zapico

Afortunadamente ya existe numerosa bibliografía sobre el maquis en Asturias. Lógicamente unos textos son mejores que otros y los hay que se limitan a hacer el clásico corta y pega de siempre sobre trabajos anteriores. Aun así los libros buenos son tantos que es muy difícil recomendar alguno. Si acaso por su rigor yo les aconsejo leer "Luchadores del ocaso: represión, guerrilla y violencia política en la Asturias de posguerra (1937-1952)" de Ramón García Piñeiro, completada más tarde con otros dos ejemplares que componen una trilogía exhaustiva sobre este tema, y "¿Por qué estorba la memoria?" de Gerardo Iglesias, aunque ya les digo que no son los únicos que merecen la pena.

La gran escapada que no pudo ser

El episodio que hoy les quiero contar pudo haber cambiado nuestra historia reciente de haberse resuelto de otra manera y está publicado muchas veces con variaciones en los datos y en el relato de los hechos, pero a pesar de ello no es tan conocido como otros sucesos relacionados con la guerrilla asturiana. Me estoy refiriendo al fallido intento de huida por el puerto de Tazones de un numeroso grupo de guerrilleros, enlaces y familiares el 14 de enero de 1939.

Como ustedes ya saben, ante la inminente caída de Asturias en manos del ejército franquista el 20 de octubre de 1937 el Consejo Soberano presidido por Belarmino Tomás tomó la decisión de abandonar apresuradamente esta tierra desde los puertos de Gijón y Avilés en una huida tan caótica que en ambos lugares se produjeron tiroteos entre quienes pugnaban desesperadamente por subir a los barcos.

Según el historiador Secundino Serrano en "Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista" ese día entre 8.000 y 9.000 milicianos quedaron aislados en los montes asturianos sin posibilidad de salir de la región, un número que a causa de las entregas voluntarias, detenciones, muertes en combate y fusilamientos se redujo a 1.000 en mayo de 1938. Todos los investigadores coinciden en afirmar que en aquel momento entre los huidos no había proyecto político alguno ni se planeaban acciones de tipo guerrillero y el único objetivo era rehuir los enfrentamientos con las fuerzas de represión para poder sobrevivir mientras la guerra continuaba en el resto del país.

El ya fallecido Nicanor Rozada, quien tuvo la oportunidad de entrevistarse con algunos de los protagonistas de la fallida aventura de Tazones también resumió lo sucedido en "¿Por qué sangró la montaña?" y es un buen punto de partida para hacer hoy esta página. Según dejó escrito todo comenzó cuando los dirigentes del Partido Socialista que aún permanecían en Asturias se pusieron en contacto con los miembros del Gobierno de la República que empezaba a organizarse en Francia.

José Fernández Flórez, el padre de Manuel Fernández Péon "comandante Flórez", quien encabezaba un numeroso grupo de guerrilleros moviéndose por los montes de Peñamayor, fue quien después de mantener varias entrevistas a ambos lados de la frontera, logró ponerse en contacto con Indalecio Prieto y este mandó un enlace hasta Asturias para cerrar un plan de evacuación con los principales jefes de la guerrilla socialista que debía concluir con la salida de todos desde Tazones en un barco francés contratado para este efecto.

Sin variar este relato, el historiador mierense Javier Rodríguez Muñoz amplió algún dato en la serie coleccionable "Asturias bajo el franquismo (1937-1975)" publicada en LA NUEVA ESPAÑA en 2011: el padre del "comandante Flórez" se encontraba en Tarbes, localidad del Alto Garona, desde octubre de 1937 con una colonia de hijos de mineros auspiciada por la Federación de Mineros belgas y después de insistir ante Indalecio Prieto e intercambiar algunas cartas se envió a una mujer para enlazar con los guerrilleros de las cuencas mineras. En cuanto al mercante que debía estar en Tazones era inglés y no francés.

Siguiendo con la historia, el problema estuvo en reunir y trasladar después hasta la costa a unas 800 personas, entre las que había heridos y enfermos, avanzando por la noche y escondiéndose por el día para no ser vistos. Una vez allí, el factor sorpresa y el abundante armamento de que disponía la guerrilla en aquel momento, con fusiles ametralladores, pistolas y bombas de piña, debía facilitar la rendición de la guarnición de Tazones y unos destellos luminosos anunciarían al barco que todo estaba listo para el embarque.

Los comandantes socialistas José Mata y el mismo "Flórez" se encargaron de ir contactando con los grupos que se escondían en la misma Peñamayor, las montañas de Polio, el alto de Santa Bárbara, Carbayín, todo el valle de La Nueva y otros puntos más lejanos como Soto Ribera o Infiesto.

Nicanor Rozada apuntó, sin que haya sido corregido, que en el valle del Caudal el guerrillero Víctor Argüelles y otro compañero quedaron encargados de hacer sonar el "turullu" de un pozo minero en Vegadotos a las doce de la noche como señal para que los de esta zona se dirigiesen al alto de La Felguera donde también se uniría el grupo de Soto de Rivera. Por su parte Juan Antonio Sacaluga afirma en "La resistencia socialista en Asturias (1937-1962)" que la concentración fue en La Camperona entre San Martín y Siero. Este grupo quedó al cargo de Arístides Llaneza y Urso Argüelles mientras en Carbayín se formó otro con los llegados desde Bimenes, La Nueva, Santa Bárbara, Peña Mayor y Laviana.

Entretanto para adelantar tiempo Flórez ya había salido con aquellos que necesitaban caminar más despacio, pero a la altura de Peón la mala fortuna quiso que se encontrasen con una patrulla militar y un grupo de falangistas que perseguían a tres desertores del puerto de Tazones. Tras un combate que duró varias horas el grupo de huidos se dispersó aprovechando la oscuridad y la niebla con diferente suerte y en distintas direcciones.

Aún así, el día 14 unos 6oo guerrilleros consiguieron llegar a Tazones aunque ya sin intención de seguir el plan previsto. Al perderse el factor sorpresa los guerrilleros hicieron correr la voz de que estaban allí para esperar un desembarco republicano lo que hizo que muchos soldados se dirigiesen hacia la playa mientras Mata y Flórez aprovecharon para replegarse otra vez a la Montaña Central.

Javier Rodríguez Muñoz da otra versión de lo ocurrido y escribe que el encuentro con quienes perseguían a los desertores se produjo en la madrugada del día 14 en el valle de Valdediós donde quedó cercada la columna de Langreo y Mata ya desistió y empezó la retirada mientras Flórez con unos 150 hombres estaba en Peón pero no fue descubierto e intentó seguir hasta Tazones pero en el camino se encontró con unas tanquetas de la Guardia Civil que les cortaban el paso y tras un tiroteo decidieron abortar la operación.

De cualquier forma la persecución fue implacable y menudearon los enfrentamientos directos. El más duro se produjo en el lugar de La Mata de la Escondía, en los montes de Carbayín, donde después de combatir de sol a sol se registraron numerosas bajas. De nuevo Rodríguez Muñoz matiza esta versión siguiendo en esta ocasión a la profesora Irma Ríos quien recogió a su vez el testimonio de uno de los hombres que protagonizaron esta aventura.

Este afirmó que cuando se retiraban decidieron atacar un destacamento falangista en Lieres y que en el combate de La Escondía los soldados recibieron refuerzos de falangistas, Guardia Civil y Policía Armada, aunque este último dato tiene que ser incorrecto ya que la Policía Armada no se creó hasta siete meses más tarde del episodio de Tazones.

Lo cierto es que luego vino un goteo de muertes entre quienes se habían quedado descolgados del grupo principal. Después otros fueron detenidos, torturados y fusilados o se entregaron para pasar años en campos de concentración y penales por todo el país.

Se puede decir que a partir de este momento nació la verdadera guerrilla ya que Mata y Flórez asumiendo que su destino estaba en Asturias comenzaron a articular una verdadera organización de resistencia y establecieron un estrecho contacto con los huidos comunistas llegando a crear en agosto de 1943 un Comité de Milicias Antifascistas que tuvo poco recorrido por las diferencias de estrategia que marcaron los dirigentes del PSOE y el PCE desde el exilio.

Finalmente, el 23 de octubre de 1948 los 29 últimos guerrilleros socialistas consiguieron escapar por Luanco para llegar dos días más tarde a San Juan de Luz mientras los comunistas no llegaron a recibir la orden de abandonar la lucha. En septiembre de 1952 Ramón González, el último maquis asturiano, se pegó un tiro en el barrio de La Calzada antes de caer en manos de la Guardia Civil. Así se cerraba otro capítulo de nuestra historia.

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