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El Banco Alimentos suministra sustento a 18.000 asturianos

La entidad aborda desde Morcín su gran campaña anual de recogida para enfrentar un aumento de la demanda

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El Banco Alimentos suministra sustento a 18.000 asturianos Fernando Rodríguez

El Banco de Alimentos de Asturias, asentado desde el año 2017 en el polígono morciniego de Argame, repartió 1.800 toneladas de alimentos durante el año pasado, siendo algo más de 18.000 los asturianos beneficiados a través de las 154 entidades con las que colaboran. Una cantidad que se verá incrementada este año, tal y como explica María Velasco, coordinadora del Banco de Alimentos. En cuanto a los usuarios, y a la espera de cerrar el año, "han bajado un poco, porque es algo que fluctúa, pero sabemos que, dada la actual situación económica, volverán a subir en el primer trimestre del próximo año". Sin embargo, las donaciones han caído un 60 por ciento en el último año y las aportaciones del programa europeo de ayuda alimentaria, que suponen el 40 por ciento de los alimentos que reparten, desaparecerán en 2024. Aún así, el Banco de Alimentos de Asturias "saldrá adelante, como siempre hemos hecho".

Pero, ¿cómo desarrolla su labor el Banco de Alimentos? Pues la nave que tienen en Morcín, cedida por Caja Rural, es el centro neurálgico de la entidad, que también cuenta con dos pequeños locales en Gijón y Mercasturias que abren en unos días determinados. Y su funcionamiento es similar al de una empresa de distribución de alimentos con la gran diferencia de que no son una empresa y trabajan con voluntarios. En total, unas sesenta personas que se van turnando a lo largo de la semana en los distintos puestos que existen.

"Nos tenemos que gestionar sanitaria y logísticamente; tenemos que respetar la normativa sobre los flujos de entrada y salida de alimentos y, lo más importante, cuando se descarga cualquier producto, siempre es revisado y almacenado donde corresponde: el frío a la nevera, el congelado a la cámara de congelación y, si es producto no perecedero –la mayoría de los alimentos con los que trabajan– se va para la zona de atrás donde se apila", apunta.

F. R.

Eso sí, antes de colocar los productos se realiza un minucioso proceso donde un grupo de voluntarios revisa diariamente todos los productos, que se almacenan por tipo y fecha de consumo preferente. "Si llega un producto de fecha corta, se mete en unos cajones donde sabemos que hay que distribuirlos inmediatamente, tenemos que tener esa agilidad en la gestión de productos", destaca la coordinadora. Por las mañanas se encargan de la entrega de pedidos ya programados a organizaciones, y la distribución de los productos de fecha corta o excedentes. Por la tarde se preparan todos pedidos. Y es que todos los días se realizan entregas de alimentos o recogidas de las donaciones que hacen empresas u otras entidades con la "Operación Kilo". Para desarrollar esta labor, la entidad cuentan con un camión y una furgoneta que están continuamente en movimiento.

En estos días, los voluntarios también están preparando el material para la campaña de la gran recogida del Banco de Alimentos, que se presentará mañana y comenzará el viernes (día 25). "Son mucho los puntos donde se recoge, tanto en empresas como colegios, ayuntamientos y cadenas de supermercados", explica Velasco, destacando que este año se recupera la recogida de alimentos tras los dos últimos años en los que fue sustituida por la posibilidad de hacer donaciones en las cajas de los supermercados o través de la web del Banco de Alimentos. La campaña lleva el lema "Comer no puede ser un lujo".

Todos estos productos se distribuyen a diversas organizaciones, 154 durante el año pasado, tanto del sector público como entidades de diversa tipología como puede ser la Asociación Mierense de la Cocina Solidaria (Amicos) o la ONG "Ningún niño sin cenar", asentada en Gijón, entre otras. Y aquí también se lleva a cabo un control por parte del Banco de Alimentos para garantizar que las donaciones llegan a quienes de verdad lo necesitan. "Tenemos un equipo de voluntarias que se ocupan de ayudar y asesorar a las organizaciones, se visitan todas las entidades de forma anual", asegura Velasco.

Las primeras donaciones llegan a través de subvenciones o convenios con la administración regional que, como apunta Nicanor García, voluntario y responsable de comunicación del Banco de Alimentos, "confía mucho en este proyecto". También hay una serie de ayuntamientos que participan, aunque en este caso se limita a los consistorios de Oviedo, Gijón, Morcín y Corvera. García explica que en los últimos meses se han realizado una serie de visitas a los ayuntamientos asturianos para analizar posibles colaboraciones en el futuro y, de momento, el próximo año se incorporarán otros dos ayuntamientos.

En 2024, sin ayudas europeas: «Siempre salimos adelante»

El Banco de Alimentos de Asturias también colabora intensamente con los servicios sociales de los ayuntamientos como receptores de productos, independientemente de si realizan aportaciones económicas. Y no solo eso, "todos los servicios sociales municipales saben que con una llamada que nos hagan si se encuentran con un caso de emergencia, al día siguiente tienen una caja de alimentos", destaca Velasco.

También reciben donaciones de bancos como Caja Rural o La Caixa, así como de particulares, tanto los que realizan aportaciones de forma periódica como si fueran asociados, así como otros que realizan aportaciones de forma puntual. A esto se suman las donaciones que comenzaron el año 2020, inmersos en la pandemia, que sustituyeron a la gran recogida de alimentos. "Hasta ese momento, el Banco de Alimentos no había solicitado donaciones económicas, y la verdad que la gente respondió muy bien, casi me respigo al recordarlo", señala la coordinadora. Sin embargo, al año siguiente, estas donaciones se redujeron al 60 por ciento, "aunque nunca hemos reducido la cantidad de alimentos con las que trabajamos".

En cuanto a las donaciones de alimentos, éstas proceden de la "Operación Kilo", aportaciones de empresas, excedentes industriales y las compras que realiza el propio Banco de Alimentos con las donaciones que recibe. "La sociedad tiene que percibir que las donaciones que se realizan al Banco de Alimentos tienen la finalidad última de comprar alimentos y, por supuesto, a nosotros también nos afecta la inflación", destaca Velasco, señalando que "hace un año, la distribución de un pedido a todas las organizaciones nos podía costar 60.000 euros para distribuir más de 150.000 kilos, y en la última compra que hicimos en octubre, para casi las mismas cantidades de producto, nos costó un 20 por ciento más".

Los alimentos también proceden de la gran recogida que comienza la semana que viene y, como apuntan, "estos dos meses nos marcarán el ritmo del próximo año, si la sociedad no se vuelca con esta campaña, tendremos problemas en el último semestre de 2023".

Otra pata importante de las donaciones, y que también se encuentra en peligro, es la del programa europeo de ayuda alimentaria, que supone el 40 por ciento de los kilos anuales de distribución del Banco de Alimentos. Este plan está financiado por los fondos europeos y el Gobierno central y, como apunta Velasco, "ha evolucionado mucho con el paso de los años, pero a peor, ya que pasamos de tener de tres a cuatro entregas anuales a solo dos, y para el próximo año se va a hacer un plan extraordinario con el que llegarán otras dos remesas, pero a partir de 2024 esta ayuda deja de existir". Esto supondrá un importante problema, no sólo para el Banco de Alimentos, "también para muchas organizaciones y ayuntamientos, pero el Banco de Alimentos seguirá existiendo tanto con el plan europeo como sin él, y aunque va a ser un mazazo, saldremos adelante, aunque habrá que hacer una reorganización y un cambio de planificación". También tendrán que esperar para ver cómo se enfoca el fondo social europeo para el año 2024 y conocer si se desarrolla otro proyecto similar o tendrán que buscar otras formas de conseguir alimentos.

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