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Sin movilidad por un ictus y atrapado por los baches: un allerano pide reparar el acceso a su casa para que llegue la ambulancia

Juan Carlos Trapiella sufrió un accidente cerebrovascular y deber ir a rehabilitación: "Estoy aislado y dependo de mi padre, de 92 años, para casi todo"

La odisea de un allerano para llegar a rehabilitación: "Solo pido un acceso digno para que la ambulancia pueda recogerme"

La odisea de un allerano para llegar a rehabilitación: "Solo pido un acceso digno para que la ambulancia pueda recogerme" VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Luisma Murias

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La odisea de un allerano para llegar a rehabilitación: "Solo pido un acceso digno para que la ambulancia pueda recogerme" David Montañés

Juan Carlos Trapiella es transportista y tiene un pequeño camión propio. Desde hace más de un año el vehículo está aparcado en el cruce de acceso al barrio de Ximunde, en La Caseta, un par de kilómetros por encima de Moreda. Desde ese punto, hasta la vivienda de Trapiella, puede haber unos doscientos metros. Pero para este allerano es como si el camión lo tuviera aparcado en la playa de San Lorenzo. Esos doscientos metros son un muro, que le separa del mundo, desde que en octubre del año pasado le diera un ictus que le mantiene con una muy escasa capacidad de movilidad. El camino, por su parte, está lleno de baches, con argayos y escombreras resquebrajadas. "Estoy aislado y dependo de mi padre, de 92 años, para casi todo".

José Trapiella mantiene una vitalidad asombrosa para ser ya un hombre nonagenario. Casi todos los días "baja" a Moreda para hacer la compra. Lo hace en un taxi que lo recoge en el cruce. "Es imposible circular por el acceso a la casa que, por cierto, asfaltaron en su momento los propios vecinos", señala. Lo del taxi tiene solución, pero hay otros traslados que son bastante más esenciales y que no basta con que se queden en el cruce. "Las ambulancias no llegan hasta la casa y yo apenas puedo caminar", explica Juan Carlos Trapiella mientras hace una demostración, sirviéndose de su bastón, de las dificultades que actualmente tiene para bajar el escalón de acceso a su vivienda, de unos 15 centímetros.

Este allerano lleva unos años delicado de salud, pero fue en octubre del año pasado cuando su vida cambio drásticamente, convirtiéndose en una persona dependiente pese a no hacer cumplido aún los 50 años. Un ictus le limitó la movilidad y le obligó a ir a rehabilitación, requiriendo para los traslados de una ambulancia: "Salvo con algún conductor con mucha pericia, la ambulancia no se podía acercar hasta la casa". El mal estado del firme de la calzada tampoco permite el uso de una silla de ruedas: "Al final lo fuimos arreglando y las sanitarias me ayudaban como podían a llegar hasta casa, pero a riesgo de que ambos nos pudiéramos caer al suelo".

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EN IMÁGENES: Un allerano pide reparar el acceso a su casa para que llegue la ambulancia Luisma Murias

Este verano Juan Carlos sufrió un empeoramiento de su estado. Ahora apenas puede tenerse en pie. En breve deberá retomar las sesiones de rehabilitación. Se marchará cada día al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) a primera hora de la mañana y no regresará hasta ya entrada la tarde. Asume que la terapia será dura y fatigosa. Para cualquiera sería un reto afrontar la recuperación que tiene por delante. Pero a él lo que más le preocupa es el traslado. Su inquietud reside en cómo logrará llegar hasta la ambulancia que lo trasladará al hospital. "La verdad es que no tengo ni idea de cómo nos las arreglaremos", apunta compungido.

Es José Trapiella quien pasa todos los días por el angosto camino. Explica que el argayo que se localiza en medio del trayecto lleva sin arreglarse siete años: "En su momento solicitamos repetidamente al Ayuntamiento de Aller una reparación, pero como yo estaba bien tampoco era una cuestión vital para nosotros". Juan Carlos sí percibe ahora la urgencia: "Ahora soy una persona dependiente y me encuentro aislada".

Pista estrecha

Además del argayo que dificulta el paso, la estrecha pista de acceso a Ximunde está llena de baches. Alguna zanja es casi del tamaño de un escalón. "Además, no tenemos puntos de luz pese a que también llevamos tiempo solicitándolos", lamenta José Trapiella. "De noche ni yo mismo era capaz de meter el coche cuando estaba bien de salud", puntualiza su hijo en referencia a la dificultad añadida, incluso para un profesional del volante, de conducir sin luz por un paso tan inestable. Y es que la ambulancia vendrá este invierno a recogerlo, calcula, sobre la siete de la mañana, aún de noche, por tanto. "Será un lío tremendo", pronostica.

Unas 120.000 personas sufren un ictus en España cada año. Los que sobreviven, deben afrontar las secuelas físicas, en muchos casos muy limitantes. En el caso de Juan Carlos Trapiella, además debe combatir con la dolencia añadida del aislamiento. "Luego nos extrañamos de que los pueblos se queden vacíos. Nada de esto sería un problema si se hubiera arreglado la carretera en algún momento de los últimos siete años". Dicho esto, se gira, sube con dificultad el escalón de su casa y se acomoda en una silla a darle vueltas a su problema: como conseguir subirse a la ambulancia.

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