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Crónica del juicio por el atropello mortal al guardia civil mierense Tono Ambrosio: "No recuerdo si frené o no"

La defensa de R. F., que admitió los hechos y pidió perdón a la familia de la víctima, reclamó a la juez "que no meta en la cárcel" al acusado | Los compañeros del fallecido rememoraron el fatal momento: "Voló por los aires"

La vista celebrada en el juzgado de lo Penal 2 de Oviedo. |A. Velasco

"Cuando levanté la vista, vi a dos agentes haciéndome señales, me tiré a la derecha para evitar el coche que tenía parado, y no vi al agente hasta que impacté con él". Así describía R. M., de 50 años, y acusado del atropello mortal al Guardia Civil mierense Ángel Antonio Ambrosio "Tono", el accidente que ocurría en febrero de 2021 y en el que el agente perdía la vida y otros dos compañeros resultaban heridos cuando eran arrollados por una furgoneta en un control en la Autovía Minera. Al final de la vista oral, celebrada este viernes en el Juzgado de lo Penal número 2 de Oviedo, la Fiscalía ha cambiado su petición de penas, elevándola hasta los 36 meses de cárcel -más en sintonía con la petición de la acusación particular-. Son más del doble de los 15 meses que pedía inicialmente el Ministerio Público. El motivo esgrimido por la Fiscal en la vista es que entendió, a tenor de las declaraciones de acusado, testigos y peritos, que hubo una imprudencia "muy grave" por parte del acusado.

Durante el juicio, el acusado reconoció los hechos, y se le vio visiblemente afectado. Pidió disculpas a la familia de la víctima, y reconoció en todo momento que al salir del túnel en sentido Mieres, no vio las señales del control y se dispuso a manipular la radio del vehículo para buscar una emisora en concreto. "Vi que había distancia de seguridad suficiente con el coche de delante, no vi ni las señales ni el control", explicaba el acusado a las preguntas de Fiscal, abogado de la acusación particular y letrado de la Defensa. Aseguró R. M. no recordar "si había frenado o no". "Declaré en su momento que había frenado, pero no sé si lo hice o no", dijo, para relatar a continuación que realizó una maniobra evasiva en cuanto vio el control. "A la izquierda había dos agentes, en el centro había un coche, y voluntariamente me tiré a la derecha, contra el guardarraíl, porque no había nadie", afirmaba el acusado, que pese a todo, reconoció su imprudencia al volante y las fatales consecuencias de su "desatención de la carretera".

También comparecieron los otros dos agentes heridos en el suceso. J. A. Á. fue el primero en declarar, explicando que en el momento del accidente tenían un vehículo parado -un Opel Astra- que fue finalmente contra el que frenó la furgoneta, tras golpear en la bionda, atropellar mortalmente a Tono Ambrosio, golpear y voltear un coche oficial de la Guardia Civil, y golpear a otros dos agentes. "Se habían montado muchas veces controles en este punto y nunca había pasado nada", apuntaba el agente, que explicaba que las señales indicando el control el día del suceso se colocaron cada 100 metros, y que todos los agentes iban debidamente uniformados para ser vistos sin problema". Más crudo fue el relato de otro de los guardias heridos en el accidente. J. Á. D: "Oí un estruendo muy grande, vi un muñeco volar por los aires, que era mi compañero, y luego perdí el conocimiento".

Testigos

A declarar fueron llamados también los conductores de los vehículos que o bien estaban parados en el control en el momento del accidente, o bien estaban en los alrededores del mismo, asegurando que todos ellos vieron bien la señalización del control de tráfico. Dos de ellos, además, declararon ver cómo la furgoneta conducida por el acusado iba a gran velocidad y que realizó una maniobra brusca para evitar impactar contra ellos.

También los compañeros de Tono Ambrosio que estaban ese fatídico día de febrero de 2021 en la autovía Minera pasaron por el juzgado, para explicar cada uno su situación en el control y lo que vieron o escucharon. Entre las declaraciones se oyeron frases como "escuché un estruendo y todo lo que tenía a mi izquierda había desaparecido", o "vi a mi compañero fallecido volando por los aires".

Los instructores de la investigación también pasaron por la sala de vistas. Pusieron de manifiesto que tanto en las pruebas de alcoholemia y drogas, el acusado dio negativo. También que habían revisado su teléfono móvil para ver si esta había sido la causa del despiste, pero que no había llamadas ni mensajes que pudieran indicar este hecho, por lo que el teléfono le fue devuelto. Respecto a la velocidad de circulación del acusado en el momento del impacto, los diferentes comparecientes en calidad de peritos no se pusieron de acuerdo, pero si establecieron que Tono Ambrosio fue arrollado a entre 80 y 90 kilómetros por hora, de acuerdo a los márgenes de los equipos de medición. Además, los agentes encargados del caso calculan que el conductor de la furgoneta estuvo más de 10 segundos sin prestar atención a la carretera, un cálculo que rebajó el perito contratado por la defensa, que dejaba ese tiempo en siete segundos.

Tras cuatro horas de vista oral, llegaban las conclusiones. La Fiscal elevaba entonces su petición de pena, al entender que el acusado no había mostrado "el más mínimo respeto por la vida de los otros usuarios de la vía", y considerarlo culpable de un delito de homicidio por imprudencia muy grave, y de dos delitos de lesiones por imprudencia muy grave. En este sentido elevó a 2 años y cuatro meses su petición de privación de libertad para el acusado por la muerte de Tono Ambrosio y otros cuatro meses por cada uno de los delitos de lesiones, lo que sumaba en total 3 años de cárcel, además de la retirada del permiso de conducir durante ocho años. El abogado de la acusación particular, Javier Moura, mantuvo su petición de 3 años y 8 meses de cárcel, por los mismos delitos que la fiscal.

Mientras, la defensa de R. M., pidió a libre absolución, aunque lo que realmente demandó a la jueza fue "que no meta a mi cliente en la cárcel". "Siempre ha reconocido los hechos, ha mostrado arrepentimiento desde el primer momento, ha pedido perdón a las familias, y aunque es cierto que ha cometido una distracción al volante con unas gravísimas consecuencias, no merece entrar en la cárcel", apuntó el letrado Guillermo Calvo, que agregó que "desgraciadamente, la persona fallecida no va a volver, y el Derecho no está para arruinar la vida de otra persona por un accidente derivado de una imprudencia".

Las partes

A la salida del juzgado, el letrado de la acusación particular, Javier Moura, se mostraba "satisfecho porque ha quedado acreditado que la impudencia era grave o gravísima, casi rozando el dolo, porque circular casi 600 metros con una desatención permanente, no ver ninguna de las señales del control que todos los conductores han sido que eran perfectamente visibles... y el conductor ha reconocido que no ha visto ninguna hasta 50 metros del atropello cuando hace la maniobra evasiva". "Permanecer 10, 12 o 15 segundos a 90 kilómetros por hora de media es gravísimo, y el principio básico de la seguridad vial es mantener la atención para evitar causar daños a otros usuarios de la vía y a sí mismo", agregó, para asegurar que "nos alegra mucho que la Fiscal haya visto como se han producido los hechos y que haya quedado acreditado que los hechos eran lo suficientemente graves para modificar las penas". Moura finalizó asegurando que "no se trata de un hecho de revancha de la familia de la víctima ni mucho menos, se trata de aplicar correctamente los principios jurídicos, y el principio jurídico más importante es la vida, y las penas deben de ir acordes a las consecuencias".

Mientras, el letrado de la defensa, Guillermo Calvo, apuntó que "nosotros entendemos que la imprudencia que cometió el conductor, que reconocemos, que fue de 7 segundos y con el desgraciado fallecimiento de una persona, tiene que ser calificada no por el resultado, si no por la gravedad de la imprudencia en sí, y consideramos que en este caso debe de ser configurada o menos grave o leve". Además, se mostró sorprendido por la elevación en la petición de penas de la fiscal: "Parte de un hecho que no está demostrado, que es que el conductor no frenó al llegar al lugar del control, y las pruebas practicadas no dicen eso. Dicen que no hay rastro de frenada, pero también que los vehículos como el que conducía nuestro defendido llevan un sistema de ABS que no deja marcas de frenada". "Nosotros consideramos que si la imprudencia se considera leve debe conllevar la libre absolución, porque no hay otra, y pedimos una pena más baja en el caso de que se considere menos grave, con una pena más baja de la que piden las acusaciones", apuntó, para finalizar diciendo que "aún en el caso de que la imprudencia se considere grave, la pena es de 1 a 4 años, y hay margen suficiente como para adoptar múltiples variables para que esta persona, que está tremendamente arrepentida y que aunque quiera no va a poder devolver a la vida al fallecido, entre en la cárcel y se le destroce también la vida. Nos parece de poco recibo".

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