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Un segundo narcopiso desata la alarma en Mieres, con amenazas desafiantes a los vecinos: "De la cárcel se sale, del cementerio no"

Un apareja de delincuentes habituales se adueña de un edificio de la Avenida de Sama, como ya sucede en otro domicilio del centro de la ciudad

Vecinos de la comunidad del primer narcopiso de Mieres, durante una protesta. | D. M.

Vecinos de la comunidad del primer narcopiso de Mieres, durante una protesta. | D. M.

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D. M.

Mieres del Camino

Los vecinos de uno de los bloques de la urbanización Buenavista, en pleno centro de Mieres, llevan ya casi cuatro años conviviendo diariamente con el tráfico de drogas. La actividad delictiva que confluye en el narcopiso que opera desde el inmueble ha originado una grave problema de convivencia. El miedo y el hastío que padecen estos mierenses no es por desgracia una hecho aislado. Un segundo narcopiso está generando también alarma social en la Avenida de Sama. Ambos casos son casi idénticos y los vecinos aseguran vivir un «infierno».

En el caso de la Avenida de Sama, el inmueble invadido por la droga se encuentra casi a la altura del cementerio. La proximidad con el camposanto sirve de sugestión para que la pareja que ha instalado su centro de operaciones de venta de droga en el edificio siembre el terror entre el vecindario: «Nos amenazan de manera agresiva cuando les llamamos la atención y nos dicen que de la cárcel se sale, pero que del cementerio no», apunta uno de los vecinos de la comunidad.

En el caso del «narcopiso» del centro de Mieres los vecinos señalan a una madre y a su hija como las cabecillas del entramado delictivo vinculado al tráfico de todo tipo de sustancias estupefacientes. En el caso de la Avenida de Sama, son dos delincuentes habituales con numerosos antecedentes los que han llenado de droga la zona. «Todo empezó hace justo un año, cuando al parecer compraron el piso. Cada vez se concentra más gente en la casa y la peleas y discusiones entre ellos son constantes», explica el movimiento asociativo local.

Los residentes en el entorno han informado repetidamente a la Policía Nacional de la actividad delictiva que se genera en el problemático narcopiso. De hecho, los vecinos valoran positivamente la implicación de la Comisaría: «Nos consta que vigilan la zona y han detenido varias veces a estas personas». El problema es que la propia presión policial en la calle, sin pretenderlo, potencia el uso del narcopiso. Traficantes y consumidores parecen haberse adaptado a las circunstancias: «Lo que hacen para protegerse es vender y consumir dentro del propio inmueble, por lo que la única manera de intervenir sería poder interceptar la droga justo cuando se introduce en la casa».

Las similitudes entre los dos citados conflictos, el de la calle Manuel Llaneza y el de la Avenida de Sama, es llamativa. Los vecinos en ambos casos perciben que los traficantes operan con total impunidad dentro de los inmuebles. El deterioro de la calidad de vida para el resto de residentes es enorme. «Por un lado está la propia inquietud que te genera ver el movimiento de personas con evidentes problema de adicción, pero luego están las amenazas, las peleas y riñas entre ellos, los escándalos a cualquier hora y el miedo a que alguien te pueda atracar», señalan los afectados.

En el edificio del narcopiso próximo al cementerio los traficantes se han adueñado casi por completo de todo el inmueble, que consta de cuatro domicilios: «Ya solo quedan ellos y una señora, que no se marcha, al parecer, por temor a que le ocupen ilegalmente la propiedad», señala un vecino. Y añade: «La pareja es muy peligrosa, ha estado en la cárcel y tienen atemorizados a la comunidad». La Brigada Local de Policía Judicial de la Comisaría de Mieres ya detuvo en mayo del año pasado a los residentes en el narcopiso. Se pudo constatar que la pareja objeto de vigilancia utilizaba tres vehículos para el reparto de las sustancias estupefacientes.

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