Hay 1.570 niños en riesgo en Asturias: "Dar por perdido a un chaval es una barbaridad", afirman en Siloé
La ONG tiene dos centros en las Cuencas, uno de día y otro de atención integral

Niños de la Fundación Siloé, en el ecohuerto de la Mayacina. / Fundación Siloé
Tiene los ojos brillantes y el pelo algo despeinado de tanto cabecear el balón. Levanta siete dedos cuando le preguntan la edad, tiene la sonrisa más bonita del mundo: "Y tú, ¿Cómo te llamas?", pregunta a los visitantes.
Es uno de los treinta niños que acuden a diario al centro de día para menores de la Fundación Siloé, en Sotrondio (San Martín del Rey Aurelio). Son menores del plan de intervención técnica con familias del Instituto Asturiano para la Atención Integral a la Infancia y a las Familias. Un programa que persigue la mejora en la calidad de vida de los pequeños, cubriendo sus necesidades y mejorando las relaciones intrafamiliares, sin apartarlos de su entorno. Hay 1.574 niños asturianos en seguimiento, algo más de 300 en las Cuencas.
Empieza la tarde en el centro de Siloé en Sotrondio. Los pequeños hacen los deberes en una sala con mesas alargadas, mucha luz y botes de colores para guardar los lápices. "Una de las peculiaridades de los centros de las Cuencas es que nosotros vamos a recoger a los niños y a las niñas por los pueblos, vienen cuando salen del cole. Antes de sentarse a hacer los deberes, nosotros ya hemos hecho un trabajo previo, de hablar con los tutores y demás", explica Ana González, educadora. Junto a ella están sus compañeros Isidro y Carolina González, y Patricia Pedregal, coordinadora del programa de Infancia de Siloé. También el director, Pablo Puente, la presidenta, Ana Rúa y el fundador de la entidad, José Antonio García Santaclara. Matiza Carolina González: "Tienen esa peculiaridad en común, pero su función es distinta".
Siloé cuenta con otros tres centros en Asturias, que completan la red junto a los de las Cuencas. El de Sotrondio es un centro de día, un servicio "de prevención". El de Mieres, integrado en el programa "De sol a sol", es un centro de atención integral. "Tiene una función más protectora, más intensa. Es un piso de ocho plazas en el que los menores se duchan, comen si es necesario y pasan todo el día desde que salen de clase", señala Pedregal. Además, el servicio ofrece todo lo que las familias requieran: desde ropa hasta los libros de texto. "El programa se adapta a las necesidades de cada familia".
Emociones
Con los deberes ya listos, llega la hora de la merienda en Sotrondio. Se escuchan las risas de los pequeños. "Aquí se forma como una nueva familia para ellos", apunta Pedregal. Aunque intentan que las intervenciones tengan la menor duración posible. "Se trata de ofrecer herramientas, tanto a los menores como a las familias, para que sean más funcionales en su entorno", destaca Isidro González. Las necesidades materiales son, relativamente, más fáciles de cubrir. Es el plano emocional lo que más les preocupa: "Las actividades que hacemos van enfocadas también en este sentido".
Hoy hay asamblea. Cada pequeño cuenta qué le preocupa y el resto de chavales intentan ayudarlo. Tienen un "Cariñograma"; un robot con saquitos en el pecho para dejar mensajes positivos a sus compañeros. Otro día toca peli y, a veces, hacen terapia con perritos. También cuidan de su huerto un día a la semana -van desde San Martín hasta La Mayacina de Mieres- o hacen manualidades. ¿Hay estigma con estos menores? Replica Pedregal que, afortunadamente, "cada día menos".
"Forma parte de nuestro papel como fundación el promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas", añade Ana Rúa. Interviene Santaclara, que ha escuchado en silencio: "El problema es que los programas para la ayuda a la infancia son un poco la 'Cenicienta' de la agenda política. No tenemos en cuenta que, como reza el dicho africano, para educar a un niño hace falta toda la tribu". Una "tribu" unida y formada. Tanto Ana Rúa como Pablo Puente destacan la "inmensa labor" de los profesionales del programa de infancia y del resto de proyectos de Siloé. "Sin ellos, sin su entrega, no sería posible".
Porque su esfuerzo compensa la falta de medios, apunta Santaclara. Coinciden todos en que la infancia es el "corazón" de la Fundación Siloé. La ONG nació, de hecho, para ayudar a pequeños en dificultades. Siempre luchando. Apunta Santaclara, al que sus compañeros describen como "un arquitecto social", que "lo que más rabia me da es que alguien diga que no hay nada que hacer con un chaval. Eso es una barbaridad". "No puedes decir eso porque la infancia es la semilla de todo lo demás. Si inviertes en infancia, inviertes en una sociedad que será mejor".
No pueden medir en cifras su trabajo, pero consideran que es un éxito desde que los niños entran por la puerta: "Aquí aprenden otra forma de ser tratados, otra forma de relacionarse. Eso deja poso", afirma Patricia Pedregal. Llaman a la puerta, dos cabecitas de pelo negro se asoman: "Solo veníamos a decir hasta mañana".
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