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Había "indicios de riesgo" antes del accidente en el que murieron 6 mineros y "no se tomaron medidas", afirma un informe de la Universidad de Oviedo

El documento, incluido en la instrucción del accidente del pozo de la Vasco-Leonesa, contradice a la empresa: "No se ejercieron adecuadamente" las medidas de seguridad

Una ambulancia llega al pozo Emilio del Valle el día del accidente, en presencia de allegados de las víctimas.

Una ambulancia llega al pozo Emilio del Valle el día del accidente, en presencia de allegados de las víctimas. / Miki López

Pola de Lena

Un informe de la Universidad de Oviedo puede ser clave en el juicio por el accidente del pozo Emilio del Valle de Santa Lucía (León), en el que perdieron la vida seis mineros en octubre de 2013. Uno de ellos era el lenense José Luis Arias. Un turonés, Juan Manuel Menéndez, resultó herido de gravedad y sufre secuelas. Según el documento que firma un catedrático de la Escuela de Minas, recogido en la instrucción del caso y al que ha tenido acceso LA NUEVA ESPAÑA, "había indicios de riesgo" antes del suceso, por lo que pudo ser evitable. Además, "no se ejercieron adecuadamente las funciones en materia de seguridad y salud laboral". "No se tomaron las medidas suficientes ante los avisos que indicaban que se estaba desprendiendo mucho metano", subraya el informe.

Este documento contradice la versión de la empresa, la histórica Hullera Vasco Leonesa. En su declaración en el juicio, que se está celebrando este mes en León, los responsables de la compañía y los mandos intermedios -hay un total de dieciséis acusados por seis homicidios imprudentes- han mantenido que el suceso fue "impredecible". También que se debió a un "fenómeno gaseodinámico", lo que coloquialmente se conoce como un "escape de grisú". Por contra, las acusaciones mantienen que hubo avisos y que la emisión letal de metano se produjo por un "desprendimiento de la bóveda", una versión que corrobora el informe realizado por la Universidad.

Para comprender las dos versiones hay que atender al método de extracción de carbón empleado en el taller en el que se produjo el accidente, la capa séptima del macizo 7 del Emilio del Valle. Se trata del "sutiraje", una práctica poco común en Asturias. La diferencia radica en el grosor de las capas de carbón que explotaban los mineros: en la mayoría de los pozos asturianos, apenas alcanzaban los tres metros; en la capa del Emilio del Valle (la capa Pastora) llegaba a los cien metros en algunos puntos.

La mina leonesa se explotaba en plantas horizontales descendentes. La galería se abría por completo (la planta séptima, por tanto, debía estar justo por debajo de la sexta), y el método de extracción era en retroceso. Desde el final del túnel (de la galería), hacia la boca. Los barrenistas disparaban a la llave, lo que podría identificarse con el "techo" de la galería, y se formaba una bóveda al caer el carbón. El mineral, que también se extraía de las paredes, era transportado a través de un panzer hasta la transversal. Todas las explotaciones empezaban en virgen, pero cuando avanzaban limitaban con la galería inmediatamente superior. Es a esto a lo que, durante el proceso judicial, se ha denominado "hundir la bóveda".

El problema es que, según las acusaciones, la bóveda del taller en el que se produjo el accidente no llegó a hundir. Esto suponía que la explotación fuera totalmente virgen -ya que no estaba paralela a la planta sexta-, por lo que debía de disponer de unas medidas de seguridad más restrictivas. Además, de ser correcta esta versión, el riesgo de colapso, desprendimiento y de una emisión de metano letal podía ser previsible. Este fenómeno ha sido descrito por los trabajadores y otros testigos de la acusación como "ver bóveda".

Las conclusiones

El informe de la Universidad de Oviedo afirma que había "un alto contenido de metano en capa" y "anomalías geológicas" en el macizo. También que se desconocía "la ubicación exacta del taller" y se fue "generando un hueco importante (bóveda) en la explotación". Este fenómeno "contribuyó al aumento de tensión, lo que posiblemente propició finalmente la aparición del fenómeno gaseodinámico".

Uno de los anexos del documento detalla las mediciones de metano en la planta séptima del macizo 7. Estos resultados corresponden a los metanómetros de los panzer, por lo que el nivel de gas podría ser incluso mayor en la zona del sutiraje. La Disposición Interna de Seguridad (DIS) del pozo Emilio del Valle establecía que los mineros tenían que abandonar el tajo cuando la concentración fuera superior al 1,5 por ciento.

En la madrugada del 26 de octubre, dos días antes del accidente, se superaron los límites durante casi toda la jornada. Hubo dos picos en los que el volumen de metano alcanzo un 5 por ciento. En la jornada previa al suceso, se mantuvo por debajo del límite (aunque muy cerca del 1,5%). El día del accidente, los panzer midieron un 5 por ciento de metano a la hora del siniestro (14.24 horas). Poco antes, en torno al mediodía, la concentración de gas se había disparado hasta el 3 por ciento. La conclusión final del informe de la Universidad de Oviedo es rotunda: "No se tomaron las medidas suficientes ante los avisos que indicaban que se estaba desprendiendo mucho metano y/o que existía bóveda".

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