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"No había fallos de seguridad", afirman los testigos de la defensa del accidente de la Vasco en el que murieron 6 mineros

"Arriesgamos todos la vida, era lo que teníamos que hacer", declara un ingeniero que estuvo en el rescate

González Andrés, durante su intervención en el juicio por el accidente.

González Andrés, durante su intervención en el juicio por el accidente.

Mieres del Camino

El juicio por el accidente en el pozo Emilio del Valle de Santa Lucía de Gordón (León,), en el que fallecieron seis trabajadores -uno de ellos, el lenense José Luis Arias-, continúa esta semana con las declaraciones de los testigos de la defensa. Por la sala de lo penal número 2 de León pasan estos días mandos intermedios, técnicos y responsables de seguridad. En sus intervenciones, han coincidido en que "no había fallos de seguridad" y han asegurado que el accidente se debió a un fenómeno "gaseodinámico", popularmente denominado "escape de grisú", que era "impredecible". En la jornada de ayer, uno de los ingenieros que participó en el rescate, Víctor Manuel González Andrés, aseguró que los minutos que siguieron al siniestro fueron "un caos": "Arriesgamos todos la vida, era lo que teníamos que hacer". También testificaron Fernando Bandera González, jefe entonces del Servicio Territorial de Industria, Comercio y Turismo de la Junta de Castilla y León; además de Daniel Cañón y Daniel Capel.

En el proceso están acusadas 16 personas, entre ellas la cúpula de la Hullera Vasco-Leonesa. La histórica empresa era la responsable de la explotación. La testifical más profusa fue la del ingeniero. El día del accidente, apuntó González Andrés, "había bajado a revisar las labores de preparación de la UTE (Unión Temporal de Empresas) y había pasado por los macizos". Declaró que escuchó "un ruido" que le llamó la atención, "como disparos de ametralladora", y que un vigilante le dijo "que eso era el gas". A través del intercomunicador, "empecé a escuchar a personas hablando. Estaban muy agitadas". Fue entonces cuando otro trabajador le comunicó que, en la séptima -en el taller en el que se produjo el siniestro-, se había abierto la puerta de ventilación. Esto solo ocurre "si se la somete a una fuerte presión".

"Cuando iba subiendo, me encontré con trabajadores que estaban bajando y me decían que pidiera autorrescatadores". Solicitó los equipos de protección. "Gritaban que había gente dentro, que había gente dentro", explicó, visiblemente afectado. Afirmó que entró en el taller "por decisión personal". "Cuando me puse el autorrescatador pensé 'hasta aquí llegué', pero entré por decisión propia. Una decisión seguramente inconsciente". Al contrario de lo que habían declarado otros testigos, que afirmaron haber sentido los efectos del metano aún con el equipo colocado, el ingeniero aseguró que su autorrescatador "sí funcionaba". "Si estás consciente como para ponértelo, funciona", matizó. A preguntas de letrados de la acusación, insistió en que entró en el taller del accidente de "motu propio": "Arriesgamos todos la vida, era lo que teníamos que hacer".

El ingeniero también dio detalles técnicos sobre la explotación. Si bien dejó claro que desconocía las labores en el propio taller, participaba en la planificación para la apertura de las galerías. En este punto señaló, a preguntas de la acusación, que sí había un error topográfico "de despacho". Es decir, según González Andrés, los planos de la galería no se plasmaron en papel con rigurosidad. También testificó que hubo una "desgasificación correcta" del carbón, y que ofrecer una explicación sobre los motivos del accidente "sería especular". Aunque dejó claro que "no había indicios" de un desprendimiento de la bóveda en la visita posterior al lugar del accidente.

Seguridad

Este punto es clave para el juicio, ya que las acusaciones mantienen que sí se produjo ese derrumbe de la bóveda. Este fenómeno es predecible y podría estar relacionado, siempre según la versión de algunos técnicos -como un informe elaborado en la Universidad de Oviedo-, con las subidas de gas metano que se produjeron en jornadas anteriores al accidente. A medida que avanza el proceso judicial, que empezó ya a principios del mes pasado, la tensión va en aumento. Durante la sesión de ayer, la jueza salió a la sala contigua -en la que se encuentran familiares y otras personas relacionadas con el procedimiento- para pedir silencio. La magistrada también prohibió ayer abandonar esa sala durante las declaraciones, salvo en descansos de la sesión, y anunció que se había reforzado la seguridad fuera del edificio de los juzgados a petición de una de las defensas

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