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Valnalón, un semillero de sueños: dos emprendedores relatan cómo dieron forma a su empresa

Yohanna Fernández abrió su barbería y Víctor Marchena y Rebeca Cerezo fabrican kombucha gracias a la ayuda de la ciudad tecnológica de La Felguera

Víctor Marchena y Rebeca Cerezo con su kombucha y Yohanna Fernández, en su peluquería

Víctor Marchena y Rebeca Cerezo con su kombucha y Yohanna Fernández, en su peluquería / LNE

David Orihuela

David Orihuela

Langreo

Valnalón es un ecosistema en el que fermentan los sueños hasta crecer y hacerse realidad. Fermentan igual que la kombucha que hacen Víctor Marchena y Rebeca Cerezo. Estos jóvenes emprendedores con raíces en Llanes, Teverga y Oviedo habían experimentado siempre con las levaduras haciendo pan, yogur y vinagre, y han decidido dar un paso más allá y hacer kombucha, una bebida de té fermentado muy presente en los mercados de EE UU, Canadá o el norte de Europa, pero muy desconocida en España y más aún en Asturias.

"Es una bebida carbonatada, sin apenas azúcares, probiótica y con muchas propiedades, que además está muy rica", explica Rebeca Cerezo. Un producto completamente natural, "nada de levadura en polvo ni concentrados" que intenta abrirse un hueco en el mercado. "Kombucha Sede" (de sed en asturiano) es la única que se produce en Asturias y de las pocas de España. La idea surgió mientras la pareja pasaba el confinamiento en Llanes. Empezaron a hacer kombucha y los amigos les decían "dame un poco de eso que haces que está tan bueno". Los dos tienen su trabajo y nunca habían pensado en lanzarse al mundo empresarial, pero aquella idea fermentó y pensaron en Valnalón. "Es el semillero más conocido de Asturias", dice Marchena. Acudieron a la ciudad tecnológica de La Felguera y allí "nos acompañaron, nos guiaron y nos dijeron lo que necesitábamos para poner en marcha el proyecto", explica Rebeca, que confiesa que "no teníamos ni idea de montar una empresa, pero nos ayudaron a estructurarlo todo". Así que en junio del año pasado nació la marca y ahora está en proceso de crecimiento. Son pequeños y quieren serlo un poco menos, pero siempre dentro del mundo rural asturiano. Su idea "no es estar en el lineal de una cadena de supermercados", aunque si llega bienvenido sea. Por el momento su producto se puede probar en restaurantes como Casa Chema, en Las Caldas, El Balcón de Bueño, El Romano (Llanes) o la Taberna Narciso, en Teverga. "Son lugares que tienen nuestra misma filosofía, con personas que creen en nuestro producto", subraya Marchena.

También el año pasado abrió Yohanna Fernández la "Barberya YFL" en Langreo. Llevaba siete años en el sector, pero la pandemia se llevó por delante su puesto de trabajo. "Un día me dio por preguntar al banco la manera de abrir un negocio", explica. No quería pedir ayuda ni avales a familiares y en el banco le hablaron de Valnalón. Decidió ir. Ella sabía lo que quería y en Valnalón le explicaron cómo. Durante meses trabajó con los técnicos del semillero cuestiones de marketing o fiscalidad. Ahora, un año después se confiesa "asombrada" de lo que ha conseguido y de ver como en Langreo ha encajado tan bien su propuesta, "una nueva visión para el cuidado masculino, una fusión de una peluquería y barbería con trabajos estéticos.

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