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"La empresa jugó a la ruleta rusa": la afirmación de los ingenieros que investigaron el accidente con seis mineros muertos en León, uno de ellos asturiano

El taller del pozo Emilio en el que perdieron la vida los trabajadores se llenó con una cantidad de metano equivalente a 3.800 bombonas

Los ingenieros de la Junta, durante su testifical en el Juzgado.

Los ingenieros de la Junta, durante su testifical en el Juzgado.

C. M. B

Mieres del Camino

Vuelta de tuerca en el juicio por el accidente en el que perdieron la vida seis mineros -uno de ellos, el lenense José Luis Arias-, en octubre de 2013, en el pozo Emilio del Valle de Santa Lucía de Gordón (León). La testifical de los cuatro ingenieros de la Sección de Minas de la Delegación Territorial de León de la Junta de Castilla y León que investigaron el siniestro, recogida ayer en la sala 2 de lo Penal, fue devastadora para la empresa responsable de la explotación (la histórica Hullera Vasco-Leonesa). Aseguraron que la compañía "jugaba a la ruleta rusa" con la seguridad dentro de la mina. Y más: afirmaron que las labores "tendrían que haberse detenido" días antes del siniestro. En cuanto a los expertos médicos, afirmaron que trabajadores que participaron en el rescate aún sufren crisis de ansiedad por el estrés postraumático. "Es como si hubiesen vivido un atentado".

Fue un infierno. Según los ingenieros de la Junta; José Luis García, Jesús González, Abel de Prado y Sergio Celemín -que declararon juntos-, el taller en el que se produjo el accidente se inundó con 19.000 metros cúbicos de metano. Una equivalencia aproximada sería el gas que contienen 3.800 bombonas de butano para uso doméstico. Respirar era, a todas luces, imposible. "Es un volumen fuera de todo rango", apuntó Celemín.

Hubo avisos. El ingeniero Abel de Prado señaló que, desde el día que se había iniciado la explotación del taller de la planta séptima, "había precedentes". La bóveda no hundía, es decir, todo indicaba que estaban explotando en virgen. Cuanto más avanzaban, más riesgo había: "Jugaron a la ruleta rusa. Podría haber caído en otro turno o en el fin de semana; esto último hubiera sido lo mejor", explicaron. Se referían a que el sábado y el domingo previos al accidente, se habían detenido las labores por el alto nivel de grisú y no había trabajadores en el taller.

Zona virgen

Pero no fue así. "Los mineros allí veían hueco hacia arriba", declaró De Prado. Matizaron que tomaron declaración a 44 trabajadores para elaborar su informe. Concluyen que estaban avanzando en virgen, lo que ya suponía un alto riesgo de desprendimientos. "La única causa del accidente es que no se cumplió la DIS (Disposición Interna de Seguridad) de zonas vírgenes", señaló, rotundo, Celemín. A pesar de que de sus testificales se extrae que la inseguridad era patente, matizaron que nadie preveía "un fenómeno de tal magnitud".

Seis trabajadores muertos y ocho heridos. Entre estos últimos está Juan Manuel M., natural de Turón. Corrió al taller a auxiliar a sus compañeros y ahora sufre graves secuelas por la inhalación de grisú. Los minutos que siguieron al accidente fueron un caos, según las declaraciones de los que acudieron al rescate. El psiquiatra Luis Tomás Velilla, que también testificó ayer, afirmó que algunos sufren estrés postraumático.

A preguntas de los letrados, explicó que este tipo de estrés se diferencia de otros porque aparece tiempo después del suceso que lo provoca. Se manifiesta con "hiperactivación" durante el día y terrores nocturnos. También con crisis de pánico y nerviosismo generalizado. Aunque la clínica de los pacientes que él recibió ha mejorado, aún hoy sufren secuelas. Les secuestra la angustia en situaciones que les recuerdan al accidente, como una retención de tráfico en un túnel.

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