La infrautilización del centro neurológico de Langreo: cada uno de los catorce pacientes ha supuesto un millón de euros y un año de obras

El complejo, que costó 15,9 millones, solo tiene ocupadas 14 de sus 90 plazas

Instalaciones del Credine, en Langreo.

Instalaciones del Credine, en Langreo. / IRMA COLLIN

Miguel Á. Gutiérrez

A pesar de llevar un año oficialmente abierto, la tasa de ocupación y el volumen de actividad del Centro de Referencia Estatal para Personas con Discapacidades Neurológicas (Credine), en Langreo, distan mucho de los objetivos iniciales. Solo se están usando 14 de las 90 plazas disponibles, en un complejo que tuvo un coste de 15,9 millones de euros y cuya puesta en marcha definitiva se alargó catorce años (con un paréntesis de catorce meses en los que acogió de forma provisional a enfermos de covid). Con esas cifras, y dada la infrautilización del complejo, cada paciente que ocupa actualmente las instalaciones ha supuesto un gasto de más de un millón de euros y casi un año de obras.

El complejo se planificó con tres bloques: un centro de día con espacio para treinta usuarios (ahora hay 14 y se espera llegar a los 30 este año); una zona residencial con 60 camas para estancias temporales y una unidad de investigación, estas dos últimas sin fecha de puesta en marcha. Partidos políticos, sindicatos y colectivos de personas con discapacidad han mostrado de forma recurrente su indignación con el escaso uso que se está dando al equipamiento.

Una de las organizaciones que ha mostrado su malestar es CC OO, que denunció que el centro está sin director, con una sola furgoneta para trasladar a los usuarios y sin plazos para poner en marcha la unidad de investigación y las sesenta camas de la residencia temporal. Según señaló Esther Barbón, secretaria comarcal de CC OO, en la última reunión con el Imserso (Instituto de Mayores y Servicios Sociales), propietario de la instalación, se comunicó "que, de aquí hasta final de año, el centro de día" estará "en marcha en su totalidad, con las treinta plazas, pero el centro residencial temporal (con sesenta camas) no iba a estar este año en marcha. Porque eso requiere más personal de plantilla del Imserso, así como las adjudicaciones de servicios como cafetería, comedor...".

El Gobierno, en respuesta a una pregunta parlamentaria de Foro Asturias en el Congreso, también indicó que solo prevé incorporar en 2023 a cinco trabajadores para cubrir otras tantas vacantes. El Ejecutivo expuso en esa misma contestación que «existe la previsión» de un «crecimiento paulatino» de la actividad del Credine «aprovechando las infraestructuras que ofrece el centro», aunque «dentro de las posibilidades presupuestarias y en estrecha colaboración, en especial, con los servicios sociales de la comunidad autónoma del Principado de Asturias». También señaló que «ni en los fines ni en las funciones» de la orden de constitución de 2018, «se establece que el centro deba destinarse preferentemente a tareas asistenciales» e insistió en la promoción de la autonomía personal como uno de los pilares fundamentales.

Obras

El centro empezó a construirse en el año 2009. Según los plazos iniciales de la obra, tendría que estar abierto desde 2012. Tras varios problemas (entre ellos la quiebra de la constructora), retrasos y arreglos, los trabajos concluyeron en 2017. Después llegaron trámites varios como la compra del mobiliario y los equipos. El complejo abrió sus puertas en marzo de 2020, pero no para su objetivo inicial, sino para tratar a pacientes con coronavirus. Lo hizo hasta junio de 2021. Después volvió a cerrar.

Fue necesario acometer una serie de mejoras con un coste de 335.506 euros. Estas actuaciones estuvieron motivadas por el retraso en la apertura y tras las inspecciones de los servicios técnicos con el fin de evaluar los problemas existentes en el centro, donde se detectaron una serie de deficiencias que fueron subsanadas. Algunas de ellas estaban relacionadas con la aparición de humedades en varios despachos de la planta inferior, con lo que hubo que actuar en la impermeabilización de las cubiertas, así como en los patios interiores. En este último caso, se debió a la poca altura de los zócalos, que hicieron que entrase el agua de la lluvia. También había humedades en los techos de las salidas a patios, que se deformaron.

Se actuó también en el revestimiento en suelos de juntas de dilatación, ya que, en algunas zonas se había utilizado una chapa de acero que, además de la oxidación que se producía, provocaba el deterioro de la propia baldosa, por lo que dificultaba el tránsito en sillas de ruedas. También se intervino en las escaleras de acceso, en las barandillas y los protectores de pasillo.

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