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Magdalena Alperi, entre libros y pucheros

La cocinera mierense ha tenido cientos de alumnos y publicado libros de gran éxito, algunos junto a su hermano, el novelista Víctor Alperi

Magdalena Alperi, vista por Alfonso Zapico.

Magdalena Alperi, vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico

Ernesto Burgos

Ernesto Burgos

Magdalena Alperi goza de una memoria admirable que le permite describir con detalle a las personas y las vivencias del Mieres que en la primera mitad del siglo XX crecía imparable y en el que se contaban por cientos los comercios, los bares y tabernas de todo tipo, las cafeterías y sobre todo los establecimientos de restauración. Es capaz de recordar los menús e incluso las recetas de lugares emblemáticos como Casa Urbano, la Fonda Victoria y el restaurante Bibiana, en los que se practicaba una cocina basada en los productos locales y la tradición familiar que ya resulta muy difícil de encontrar.

Nació el 28 de diciembre de 1935 en el barrio de La Peña y fue la tercera de los hijos que tuvieron Víctor Alperi y Sofía Fernández: la primera fue Maruja; el segundo, un niño bautizado con el mismo nombre de su padre que se iba a convertir en uno de los mejores escritores de la Asturias contemporánea, finalista del Premio Planeta y ganador de galardones como el Premio Ruta de Plata o el Premio Lengua Española convocado por la editorial Plaza & Janes. La última de los hermanos fue Magdalena.

Se trataba de una familia muy conocida que vivía en un edificio en cuya planta baja estaba abierto "El Comercio", una de aquellas tiendas que surtían de todo a los vecinos y donde podían encontrarse desde agujas, medias o telas, hasta tocino o jabón "Chimbo", que a Magdalena le gustaba envolver cuando se lo pedía sus abuelos, dueños del establecimiento.

Además de aquel negocio, la familia también tenía en propiedad una panadería y sobre ella el "Salón Alperi", donde se organizaban representaciones teatrales y fiestas; posteriormente, en 1934, Víctor, el padre de Magdalena, pidió la licencia para transformarlo en el salón de baile "El Venecia", que fue un local de ocio muy concurrido, hasta el que se acercaban jóvenes de todo Mieres.

Magdalena Alperi aprendió las primeras letras en la escuela mixta que regía en La Peña doña Veneranda y donde concurrían conjuntamente sesenta niños y niñas, lo que da idea de la vitalidad que tenía entonces este barrio, gracias a la proximidad de la Fábrica y a las minas de carbón y de mercurio. Después pasó a la Academia Lastra, en la que estuvo tres años compartiendo aula con algunos compañeros cuya amistad conservó siempre, como Mari Luz Villa, Lito "El Pullu" –cuya familia tenía un almacén de vinos, que a la vez estaba abierto al público como establecimiento de bebidas– y Alba Llaneza, nieta del fundador del Sindicato Minero, Manuel Llaneza.

La afición por los fogones siempre fue una constante entre las mujeres de la familia. Tanto su madre, Sofía, como sus tías, Magdalena y Pura –que estaba casada con Antonio Matamoros el propietario de la conocida sastrería "La ciudad de Londres"–, fueron buenas cocineras y comentaban con frecuencia las recetas del clásico libro "El ramillete del ama de casa", publicado en 1912. En este ambiente, no resultó extraño que los más pequeños siguiesen con la misma afición.

Magdalena Alperi recuerda con cariño los siete veranos que pasó en la Virgen del Camino. Aquellas temporadas de descanso duraban tres meses y en una de ellas, cuando cumplió ocho años, tuvo oportunidad de elaborar su primer plato, una leche frita; también conoció allí a Carmen Díaz Castañón, quien se iba a casar más tarde con José Avelino Calleja, que era amigo íntimo de su hermano Víctor desde la niñez. Este matrimonio iba a formar parte para siempre de su círculo más próximo.

Tras sufrir unas fiebres que la obligaron a permanecer en casa, Magdalena, siguiendo la costumbre de la época, acudió al taller de Amparo, una profesora que enseñaba a las chicas lo que entonces se conocía como "labores del hogar", y ya con quince años cumplidos pudo participar en un curso de cocina impartido por Carmina Fernández de Rivera, quien iba a publicar en 1950 el recetario "La moderna economía". El aprendizaje se hacía en el domicilio de la profesora y entre las asistentes estaban otras jóvenes mierenses como Susana Casal, Pili Velasco, Lita Lada y Loli Alonso.

Luego vino su primera estancia en Gijón, hasta donde se trasladó la familia cuando ella tenía 21 años; solo Víctor y ella acompañaron a sus padres porque Maruja, la hermana mayor, ya se había casado.

Tres años después, volvieron a La Peña, y Magdalena asistió con Marisa Castaño y más amigas a otro taller conducido por María Luisa García donde empezaron cosiendo muñecas de trapo; más tarde, la veterana cocinera les dio dos clases en los fogones de la casa donde vivían las hermanas Carmen y Elena Vigil. María Luisa, quien falleció 2019 con 100 años, fue otra gran guisandera mierense y también publicó varios recetarios con éxito, entre ellos "El arte de cocinar" (1980).

En 1964, Magdalena se casó y formó su hogar en Palencia, donde tuvo dos hijos, antes de establecerse definitivamente en Gijón en 1968. Aquí se hizo cargo de los cursos de cocina en la Universidad Popular, desde que se inauguró en 1980 hasta su jubilación en 1990, enseñando a más de mil alumnos y alumnas. Según afirma, esta fue la mejor época de su vida. Cada año se organizaban dos cursos cuatrimestrales con un horario de tarde, pensados para trabajadores y adultos, con tanto interés que en los días de matrícula hubo quien durmió en la calle para evitar quedarse sin plaza.

También dio cursos organizados por el Gobierno del Principado para hijos de emigrantes nacidos en el extranjero y para mujeres rurales.

En 1972 se inició en el mundo de las publicaciones gastronómicas colaborando en el "Libro de Oro de la Cocina Española", junto a su madre Sofía Fernández de Alperi, su hermano Víctor y la misma María Luisa. Este fue un ambicioso proyecto publicado en fascículos por la revista "Asturias Semanal" en el que se recogieron más de siete mil recetas que acabaron plasmándose en ocho tomos muy cuidados y profusamente ilustrados con fotografías seleccionadas por la propia Magdalena.

La buena acogida de este libro inició una larga lista de manuales, casi siempre con el soporte literario de su hermano Víctor, que completaba los recetarios con otras informaciones y anécdotas, lo que aporta una faceta que los hace trascender de lo meramente culinario.

Así, publicó "Platos típicos de Cataluña" (1973) y "Platos típicos de Madrid" (1974). Después vinieron "La Cocina, tratado completo de comidas y bebidas", (1977); "Viaje por las cocinas del Principado", (1978); "La alimentación del niño. Dietética y recetas de cocina", editado con motivo de del Año Internacional del Niño (1979); "Guía de la cocina asturiana", (1981); "El libro de la cocina asturiana" (1985) y "El buen comer en Gijón y sus alrededores" (1996).

Algunos de estos libros han sido traducidos al inglés. También en la década de 1980 vio la luz la serie "Guías de restaurantes y mesones típicos" firmadas por Magdalena y Víctor con monografías sobre Oviedo y los concejos aledaños, Gijón, Avilés, Mieres, la Cuenca del Nalón, el Oriente y el Occidente de Asturias.

Muchas de estas obras fueron éxitos comerciales y han sido reeditadas, por lo que es fácil encontrarlas en los hogares españoles. Tampoco han faltado las colaboraciones de Magdalena en prensa y revistas, ni las charlas y pregones sobre gastronomía que ha pronunciado por toda Asturias, lo que ha hecho que su labor de divulgación y defensa de la gastronomía asturiana esté reconocida con varios galardones.

Es desde 2008 cofrade de la Sociedad de Gastronomía "Doña Gontrodo", la única cofradía gastronómica de España que está integrada exclusivamente por mujeres. También ha recibido "el mandil del colesterol" en el año 2004; ha sido homenajeada en 2011 en el curso de la XIII Bienal "La gastronomía y la pintura de Casa Consuelo" en Otur y nombrada en 2015 "Guisandera de Oro" por el prestigioso Club de Guisanderas de Asturias.

Para Magdalena, la gastronomía es un aspecto fundamental en la cultura de los pueblos y por eso defiende las recetas tradicionales ante las novedades que mixtifican los fogones.

En la amplia biblioteca destinada al arte culinario que guarda en su piso gijonés destacan las obras escritas por gastrónomos que al mismo tiempo fueron intelectuales, como "La Cocina Española Antigua" y "La Cocina Española Moderna", en las que doña Emilia Pardo Bazán ya se quejaba sobre la invasión de platos extranjeros; o la "Guía del buen comer español", editada en 1929, una obra del político regeneracionista Dionisio Pérez, quien fue el primero en recopilar las especialidades y tradiciones gastronómicas regionales para fundamentar una cocina nacional española.

Magdalena, viajera impenitente hasta que su salud se lo permitió, conoce bien Francia y Portugal y estuvo presente en el hermanamiento de Gijón con La Habana celebrado en esa capital. Nunca ha abandonado la lectura y sigue al día la actualidad, pero tampoco olvida sus raíces y presume de mierense. Sin embargo, no tiene ningún reconocimiento oficial en esta villa.

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