de lo nuestro Historias Heterodoxas
Algunas obras defensivas de la francesada
Puente de los Fierros y Santullano, bastiones para hacer frente a la invasión gala a principios del siglo XIX l Las tropas napoleónicas se acuartelaron en Mieres y Lena

La "Historia heterodoxa" vista por Alfonso Zapico / Alfonso Zapico
Hace ya 18 años di a conocer en una de estas «Historias Heterodoxas» cuál fue el tiempo total de ocupación francesa en Mieres durante la guerra de la Independencia. Extraje la información de una respuesta del juez de esta villa a la requisitoria que le dirigió don Pedro Colling de Salazar con el objetivo de poder abonar a los pueblos y a los particulares los suministros que hubiesen donado durante la guerra al Ejército español. Fue el 15 de octubre 1815, cuando ya hacía meses que se había expulsado a los invasores.
Por él sabemos con exactitud que las tropas de Napoleón estuvieron aquí acuarteladas en cuatro ocasiones: la primera, desde el 19 de mayo de 1809 hasta el 14 de junio del mismo año; la segunda y más larga, desde el 27 de abril de 1810 hasta el 13 de junio de 1811; la tercera, desde el 6 de noviembre de 1811 hasta el 24 de enero de 1812, y por fin una cuarta vez, desde el 17 de mayo de 1812 hasta el 14 de junio del mismo año, cuando ya evacuaron definitivamente.
Lógicamente, además de alojarse y establecer lo necesario para su administración y necesidades de subsistencia, también se ocuparon de lo estrictamente militar colocando un sistema defensivo a lo largo del Camino Real para poder controlar los desplazamientos enemigos entre León y Asturias. Y lo mismo hicieron los españoles en los periodos de libertad para proteger sus posiciones.
Ahora he encontrado dos documentos que describen este proceso y como me parecen interesantísimos quiero compartirlos con ustedes. El primero es una «Breve instrucción para la defensa del Camino Real desde Pajares al puente de Santullano y reconocimiento del concejo de Aller (Asturias)», que está redactada en 1811 y se refiere a lo que deben hacer los soldados españoles para impedir la tercera entrada de los franceses desde León. El segundo se denomina «Descripción de las obras construidas por los franceses en el Principado de Asturias desde su invasión al 17 de mayo de 1812» y relaciona con detalle las obras que dejaron hechas los ocupantes antes de abandonar por última vez esta región.
Uno fue redactado por don Ramón López y otro por don Dámaso Aldao y ambos fueron dirigidos al mariscal de campo Francisco Javier Losada López en plena guerra, por lo que se trataba de un material que no podía caer en manos de los espías de José Bonaparte. Para ajustarme al espacio de que dispongo, hoy voy a limitarme tan solo al tramo comprendido entre Pajares y Mieres y en otra ocasión me detendré en el concejo allerano.
En 1811, don Ramón López colocaba el primer frente serio para frenar la invasión en Puente de Los Fierros, ya que como la posición de Pajares no ofrecía una defensa ventajosa debía reducirse a cuatro apostaderos capaces para unos 200 hombres y a una guardia avanzada sobre la loma llamada de La Collada y en la casa de Tibigratia, desde la cual pudiesen salir descubiertas al alto del Puerto y a La Perruca.
Ya en las inmediaciones de las Puentes de Los Fierros (respeto los topónimos tal como están escritos en los documentos), en los pueblos de Guelles y Fresnedo y sobre el Camino el de La Beguillina y las Puentes quedaría establecido el alojamiento para el grueso de las tropas. El paso del Camino Real se cortaba con una estacada a la salida de la Puente nueva con una trasversal de mampostería, ambas con sus rastrillos correspondientes y con un parapeto corrido y aspillerado sobre la Puente vieja desde el cual y desde una casa contigua, también aspillerada, se defendía perfectamente el paso.
Para guarnecer estos puntos se había cubierto la posición de la falda del lugar de Guelles con tres apostaderos llamados Peña de las Puentes, Llana del Cotellón y Cueto de Ramiello y el lugar de Fresnedo con otros tres llamados la Muesca, la Nozalera y Huertas de Fresnedo.
Después de calcular el número ideal de hombres previstos para estas defensas, don Ramón acompañó por si acaso un detallado plan de retirada hasta el puente de Santullano por Campomanes, cortando el paso de la Puente de Vega del Ciego o del Rey «que es de piedra sobre el Río Lena» y otros que pudiese haber de madera.
Ya en Santullano, la defensa del gran puente, también de piedra, se convertía en fundamental para impedir el avance sobre toda Asturias. Para ello se había colocado en el alto de la iglesia del palacio de Heredia –una posición que ya había ocupado los franceses– una batería de campaña de nueve pies de grueso para cinco piezas, entre las que el autor del informe recomendaba incluir al menos dos piezas de a ocho. Allí existían varios apostaderos y paredes con troneras y a la salida del puente dos gruesos espaldones bastante elevados con sus aspilleras y rastrillos.
Para evitar una maniobra envolvente del enemigo, en los alrededores de Brañanocedo también se habían emplazado dos apostaderos en Llana de Nabalón y Peña de la Talambrera. La margen izquierda del río se protegería colocando tropas y artillería en la altura del Miraorio, toda ella pelada y sin arboleda, y el posible avance por Figaredo se detendría ocupando allí el palacio de Valdés. Por último habría que esconder más soldados en las casas contiguas al puente y en las laderas boscosas sobre el Camino Real en dirección a Mieres para impedir que el enemigo vadease el río atacando a los españoles por la derecha.
En cuanto al segundo documento, nos revela las obras que hicieron los franceses en el tiempo de su ocupación en Oviedo, Olloniego, El Padrún y la cuenca del Caudal hasta Pola de Lena, y también las de la zona de Pola de Siero y de Gijón; pero solo vamos a ceñirnos a nuestro territorio.
En Mieres, los franceses se habían acuartelado en el templo parroquial y en el palacio de Camposagrado. En la iglesia bloquearon el pórtico del norte con una pared aspillerada de 2 ½ pies de grueso, de mala fábrica; flanqueándola un pequeño tambor circular colocado en la mitad de dicho pórtico. Desde dicho tambor hasta el campanario enterraron una tala de árboles con sus puntas aguzadas. También cerraron el pórtico del sur y comunicaron ambas obras por la parte exterior del templo. Al mismo tiempo, protegieron el pórtico principal con una puerta aspillerada, las ventanas de la torre del campanario con cal y canto dejando también aspilleras y para interceptar el paso del puente sobre el río San Juan colocaron un «caballo de Frisia» con troncos aguzados.
En cuanto al palacio de los Camposagrado en el otro extremo de la villa, también taparon las ventanas de sus cuatro frentes, sus puertas y las de la huerta dejando solo pequeñas aberturas para poder disparar y cubrieron la puerta principal con un tambor circular de 3 pies de grueso así mismo aspillerado.
Al este y sobre el pueblo de Mieres, los franceses construyeron dos casetas circulares para tener a cubierto sus avanzadas: una en la altura de Los Cabrones, que llamaron fuerte Napoleón y otra en la altura de Borrachín, bautizada como fuerte José. Dos lugares que aún no he podido identificar.
Ya en Santullano se limitaron a reforzar la posición de la iglesia desde una casa superior y a levantar un pequeño cuerpo de guardia por su oeste, independiente del templo y por el este dos cubos circulares circundados por un pequeño foso con árboles clavados en él para cubrir su entrada.
En Ujo unieron la casa del cura a la iglesia por medio de dos murallas y por el oeste de dicha casa y el sur de la iglesia corrieron otra muralla exterior reforzada con su correspondiente fosete con árboles enterrados en él. La casa tenía sus ventanas reforzadas con madera de basta construcción y ante su puerta presentaba otro tambor circular. Todas estas obras estaban aspilleradas.
Por fin, en Pola de Lena los enemigos añadieron algunas pequeñas obras la iglesia para fortificarse en ella: al oeste un tambor circular de 23 pies de diámetro comunicado con la sacristía, ante el pórtico del sur, cerrado enteramente, un tambor circular de 12 pies de diámetro y otro concéntrico que no llegaron a concluir; en el pórtico del norte un tambor igual al anterior y otro más en la entrada principal, aunque ya estaba derribado. Este conjunto iba rodeado por una estacada vertical con un andamio en su interior para poder hacer fuego desde más altura.
La mayor obra que hicieron en la Pola fue un cuartel en la altura de la Corona, al sur de la iglesia y oeste del pueblo. Como siempre hacían, tenía sus aspilleras y se completaba con una estacada inclinada, «caballos de Frisia» y un pequeño foso rodeado por una estacada por el norte, este y oeste.
Ahora nos toca seguir buscando alguna huella de estas defensas.
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