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La fiesta mierense que despide el verano en Asturias

Mucha romería para tan poco prau: la fiesta de los Mártires congrega a miles de mierenses

Los Mártires recibió a numerosas personas, entre quienes se extiende la queja por los cierres de fincas antes abiertos a la fiesta

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Mieres del Camino

La gran romería de Insierto (Mieres) llamó a zafarrancho y los mierenses acudieron masivamente, hambrientos de diversión campestre. Mucha fiesta para tan poco prau. La inmemorial cita con San Cosme y San Damián mantiene intacta su capacidad de hechizo, pero desde hace algunos años arrastra una acotación que ejerce de cortapisa. "Cada vez hay menos praos para sentarse a comer, esa tradición casi se ha perdido", lamenta Luis Santos, fiel desde hace décadas a la tardía jira del verano mierense.

Por la izquierda, José Antonio Ardura, Isabel Fernández, Soledad García y Cándida Múñiz, en uno de los pocos praos abiertos para la romería. | D. M.

Por la izquierda, José Antonio Ardura, Isabel Fernández, Soledad García y Cándida Múñiz, en uno de los pocos praos abiertos para la romería. | D. M. / David Montañés

Se trata de una percepción generalizada: "Es una pena que la incapacidad que tenemos para no ensuciar el entorno haya provocado que los dueños de los praos no dejen utilizarlos", apunta José Antonio Ardura, otro incondicional de la romería. "Si no sabemos comportarnos y lo llenamos todo de porquería es normal que la mayoría de vecinos hayan optado por cerrar sus fincas", remarcan Isabel Fernández y Cándida Muñiz, de las pocas que este año encontraron un trozo de prau para poder sentarse a comer el bocadillo. "Lo que no vamos es a dejar de subir".

Javier Valdés, con una rosca de escanda en alto, durante la puya’l ramu. | D. M.

Javier Valdés, con una rosca de escanda en alto, durante la puya’l ramu. | D. M. / David Montañés

Hasta hace unos años todo el frente de fincas que se ubica encarado con la ermita de Insierto se llenaba de personas, dando colorido a la celebración y facilitando que cientos de asistentes pudieran disfrutar de una comida campestre cómodamente. Hace un tiempo la mayoría de dueños decidieron prohibir el acceso. Se quejaban de la basura acumulada y de la apatía posterior para limpiar los terrenos. Los romeros anhelan recuperar el terreno perdido. "La romería ha perdido un poco de encanto".

De cara al futuro tal vez se pueda revertir la actual situación. De momento, la Compañía para la Gestión de los Residuos Sólidos en Asturias (Cogersa) ha acudido por primera vez a la fiesta para intentar concienciar ya no solo de mantener limpio el entorno, sino de reciclar. Se colocaron diversos contenedores en puntos estratégicos y se habilitó un punto informativo en Cuna, con zona de juegos. A través de la megafonía, con carteles y con folletos, se reclamó la clasificación de los envases ligeros (latas, briks, botellas de plástico…), el papel y cartón, el vidrio y la materia orgánica (restos de alimentos cocinados y no cocinados, tapones de corcho, etcétera). En los próximo días se evaluará el resultado de la novedosa iniciativa.

Los Mártires han mutado hacia un modelo exótico de fiesta de prau con poco prau, pero siguen manteniendo su inagotable capacidad de convocatoria. El 27 de septiembre todo Mieres vuelve la mirada hacia la acogedora colina sobre la que se asoma Insierto. Como es costumbre, las misas arrancaron a las siete de la mañana. Al mediodía se celebró el oficio central, con la concurrida procesión de los santos sanadores. Al frente estuvo el sacerdote turonés Javier Suárez, párroco de la basílica de San Juan El Real. El religioso celebra medio siglo de hábitos. "Recuerdo cuando subía de niños con mi madre a la fiesta y me resulta muy emotivo revivir esa experiencia". Junto a Javier Suárez estuvo el cura local, Alfonso Abel, que quiso rendir homenaje a los sanitarios "que cada día cuidan de todos nosotros en los hospitales".

Peñas

Las peñas juveniles son las que mejor se han adaptado a las restricciones de espacio en Los Mártires. Han ido conquistados praos en la zona alta de Valdecuna, disfrutando de la romería en espacios ya bastante alejados de la ermita de Insierto y su entorno. 

Lo que parece evidente es que Los Mártires tienen garantizado el relevo generacional. Entre jóvenes y mayores, fueron miles los asistentes a la fiesta. La romería cumplió con todos sus ritos. Por la mañana, la «cuestona» de Insierto se convirtió en un río de gente que alteró su fluir por la tarde. Primero hacia arriba con resoplidos y luego hacia abajo con las fuerzas repuestas y la sed saciada. Javier Valdés estuvo al frente de la puya’l ramu, como hace desde hace treinta años. Por el roscón central se pagaron 85 euros. No faltó la gaita y el tambor.

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