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"La Romería", el himno de Mieres que cautivó al país

La influencia de una canción icónica dedicada a los Mártires de Valdecuna que llevó a Víctor Manuel a la fama

Montajes con una imagen de Victor Manuel en su juventud y la ermita de Insierto.

Montajes con una imagen de Victor Manuel en su juventud y la ermita de Insierto.

Adrián Vega

Adrián Vega

Como es sabido, la vida de Víctor Manuel San José Sánchez, a quien el mundo simplemente conoce como Víctor Manuel, se yergue, en una terna de ilustres, junto al Padre Ángel y el afamado chef José Andrés, en la selecta congregación de mierenses que han traspasado las barreras geográficas para conquistar nuevos horizontes. Un éxito que no se entendería sin la canción de la que hoy nos ocupamos; una melodía que rezuma Mieres en cada nota que emana de su alma y que catapultó tanto su nombre como el de la villa a las alturas de la escena nacional. Una ciudad en la que vería la luz por primera vez un buen 7 de julio de 1947 y en la que sus oídos se deleitaron con las primeras notas musicales que escucharon, tejiendo un lazo entre su carrera musical y la tierra que lo vio nacer.

Nacido en una casa donde el tocadiscos brillaba por su ausencia, nuestro protagonista encontró la semilla de su profundo amor por la música gracias a la radio, a través del programa chileno-español "Discomanía", donde cada melodía y cada ritmo se infiltraban en su alma a través de las ondas sonoras de la Cadena Ser, llevándolo por un viaje sonoro inolvidable.

Aunque su primera actuación tendría lugar en la Academia Lastra durante un cumpleaños de doña Concha. Esta tenía la costumbre de recorrer todas las aulas en busca de felicitaciones tanto por parte de los estudiantes como del profesorado, lo que impulsó a Víctor a imitar a Joselito al interpretar la canción "Campanera", dejando atónitos a sus compañeros, pues muchos desconocían su gusto por el niño cantor por excelencia, de quien era un fan, aunque no declarado.

A los nueve años, su tío abuelo Kiko le regaló una armónica en una Nochebuena, lo que marcó su primera experiencia con un instrumento musical. Con ella, Víctor Manuel se presentó por primera vez ante el público tocando "El sitio de Zaragoza" de Cristóbal Oudrid en una Nochevieja en Casa Villa. Tres años más tarde, en la festividad de Reyes, el mismo familiar le regaló una guitarra española con la que Víctor Manuel comenzó a cantar letras que él mismo traducía de un cantautor francés y compuso con ella su primera canción: "Tendré tu amor".

En 1963, un popular estanquero de Mieres organizó el "Primer Concurso Artístico de Otoño", un evento que se desarrollaría durante varios domingos y, dado que nuestro protagonista aún no había cumplido los dieciséis años requeridos, se inscribió en secreto como instrumentista y cantante, manteniendo este secreto durante un tiempo mientras asistía a los ensayos con la orquesta. Sin embargo, su padre finalmente se enteraría por un pasquín de la participación de su hijo en el certamen.

Pese a ello, su progenitor compró una entrada para presenciar su actuación y lo vio actuar bajo el nombre artístico de "San José". Interpretó las canciones "La hora", de Portolés y Sellés, y "Esta noche pago yo", de Domenico Modugno. Y aunque no ganó el concurso, su destacada actuación captó la atención de la orquesta "Bossa Nova" de Turón. Como anécdota de esa época, Víctor Manuel también formaba parte del equipo de fútbol del Caudal Deportivo. Curiosamente, aquel día coincidía con un partido del equipo, por lo que ante el solapamiento de eventos, el artista optó por no asistir al encuentro para evitar la ducha con agua fría y posibles resfriados, lo que culminó en la retirada de su ficha por parte del equipo, marcando así el final de su carrera futbolística.

En resumen, ese concurso marcaría un giro crucial en su trayectoria, ya que un año después se mudó a Madrid para estudiar solfeo y piano, y en 1965 grabó sus primeros sencillos. Dos años más tarde de aquellas pioneras grabaciones, logró un éxito modesto en varios festivales, lo que no solo consolidó su presencia exitosa, sino que también le proporcionó un importante respaldo financiero para enfrentar el futuro.

Es en esa etapa en la que nacería nuestra canción más conocida, pues surgió como resultado de un autoaislamiento al que se sometió voluntariamente durante 1967. Según parece, la compuso el primer año en el que no pudo subir allí, y en una ocasión específica, comentó que "la escribía con un ojo y lloraba con el otro", expresando así la intensidad de sus emociones debido a su incapacidad para asistir a ese lugar que tanto significaba para él.

En la presentación de dicha grabación, Víctor Manuel indicó que intentó seguir una línea folk con la canción "La Romería"; una estampa asturiana llena de nostalgia, dando a conocer a través de los medios de comunicación la romería de Los Mártires de Valdecuna a todo un país. Su puesta de gala tuvo lugar en el popular programa "Teleritmo" de Televisión Española, dirigido por José María Quero, que se convirtió en una verdadera referencia musical para los jóvenes de la época. En este programa se creó una especie de videoclip en el que se ve a Víctor Manuel con el pelo corto (lo grabó aprovechando un permiso del servicio militar) rodeado de montones de paja y sentado todo el rato en un carro del país.

El éxito no se hizo esperar. El propio Víctor Manuel confesó que fue la primera tirada importante que habían realizado con un disco suyo: quinientos ejemplares que no tardaron mucho en agotarse. De hecho, él mismo supervisaba cuatro tiendas del centro de Madrid que vendían discos, y si no veía su tema, inmediatamente llamaba a Barcelona para que fabricaran otros quinientos.

Posteriormente, en un programa especial de Televisión Española de 1970 dedicado a su figura y centrado principalmente en su música, Víctor Manuel aseguró que el éxito de "La Romería" le sorprendió enormemente, calificándolo como un "éxito involuntario", y se mostró orgulloso de que dicho tema le abriera todas las puertas, mostrando así las esencias del hombre de su tierra.

Sin embargo, "La Romería" ocupaba la cara B del disco de 45 rpm, un lado que a menudo solo servía como soporte para el disco en el plato, convirtiéndose en algo así como el patito feo de la producción. No obstante, en la historia de la música, como sucedió con este vinilo, muchas canciones de relleno se transformaron en cisnes. Esta teoría se refuerza aún más si se analiza la hemeroteca, ya que el mismo cantante reconoció que, aunque tenía mucha fe en ambas canciones, especialmente confiaba en la titulada "El Mendigo". Este tema, que por aquel entonces se consideraba de "estilo francés", él mismo lo definió como su canción más sincera, confesando que la compuso mientras viajaba en un autobús; era catalogada como "canción verdad", en un claro eufemismo de lo que se conocía como canción protesta.

Aunque ambas canciones se vendían conjuntamente en los famosos discos de cara A y cara B, se sabe por las clasificaciones musicales de la época que fue "La Romería" la que escaló hasta los primeros puestos, junto a canciones míticas como "Penélope", de Joan Manuel Serrat, o "El baúl de los recuerdos", de Karina, apareciendo en la famosa lista de éxitos Billboard como una de las canciones más escuchadas en nuestro país durante el verano de 1969.

Según indicó el propio Víctor Manuel, esta canción pudo haber sido objeto de una versión por parte de Julio Iglesias al mostrar su discográfica cierto interés. No obstante, nuestro artista español más internacional sufrió un pequeño despiste cuando mencionó en una conversación entre ambos que no se veía cantando "mientras se escuche una gaita o haya sidra en el hangar", por lo que Víctor le tuvo que aclarar que se decía "lagar".

Otros éxitos

Fue, en resumen, la canción que lo catapultó al éxito de una extensa carrera de la cual, por cuestiones de espacio, no podemos abordar en detalle y que más tarde tendría otras icónicas canciones como "Sólo pienso en ti" o "Por el camino de Mieres", entre otras muchas.

Igualmente, debemos recordar el mítico concierto que ofreció el 27 de septiembre de 1990 en el "prau" del Socueto, a los pies del Santuario de los Mártires, al cual se había comprometido con los mierenses tras una actuación en el desaparecido Teatro Capitol el año anterior. Aunque su intención era actuar gratuitamente, el concierto no estuvo exento de polémica en aquella época, ya que, a pesar de ello, el coste del concierto ascendió a cinco millones de pesetas, siendo de ocho millones el presupuesto total del área de Cultura en aquel ejercicio.

No obstante, la polémica se disipó al anunciarse que la Caja de Ahorros de Asturias financiaría los gastos que se derivasen de los desplazamientos y del caché de los músicos que acompañaban al cantante. Llegado el día, aproximadamente 27.000 espectadores acompañaron al intérprete, según los datos facilitados por la Policía Local de Mieres. El concierto comenzó a las ocho de la tarde con la interpretación de "La Romería" y concluyó de igual forma. En este espectáculo, también participó su esposa, Ana Belén, y se interpretaron 15 canciones, además de cuatro bises. El show fue un emotivo testimonio del cariño y admiración que su pueblo sentía por el compositor de una canción que no solo marcó el inicio de su éxito como artista, sino que también se convirtió en un símbolo arraigado en la identidad cultural de la región, dejando una huella imborrable en la historia musical de España y en el corazón de los mierenses, quienes año tras año siguen cantando aquello de: "Van subiendo los mozos...

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