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Leire quiere jugar en el parque: Langreo adaptará una zona de recreo para personas con discapacidad, a petición de la madre de un niña con síndrome de Angelman

"Se trata, por ejemplo de columpios que estén más cercanos al suelo o que tengan algún tipo de sujeción de seguridad", explica la madre de la pequeña

Leire, en el parque Pinín de La Felguera. | LNE

Leire, en el parque Pinín de La Felguera. | LNE / David Orihuela

David Orihuela

David Orihuela

Langreo

Leire vive en La Felguera, acaba de cumplir nueve años y, como cualquier niña de su edad, quiere jugar en el parque. Su madre, Sheila Fernández, quiere ir a pasar la tarde al parque y sentarse a ver cómo juega su hija. Es lo que hacen todos los niños y todas las madres, como los compañeros de Leire en el colegio Juan Luis Iglesias Prada, en Langreo. Lo que ocurre es que ella lo tiene un poco más difícil porque, cuando apenas tenía dos años, le diagnosticaron síndrome de Angelman, un trastorno genético que causa un retraso en el desarrollo, problemas del habla y el equilibrio, discapacidad intelectual y, a veces, convulsiones.

A Sheila le dijeron que Leire no iba a caminar ni a hablar nunca. Los médicos se equivocaron en parte, porque la niña no habla pero si camina, cierto que con alguna dificultad cuando tiene que subir escaleras o en caminos complejos, pero camina. Ahí está la clave de esta historia. Hace unos meses, Leire y su madre estuvieron en Gijón y de casualidad acabaron en un parque en el que la niña se lo pasó como nunca. No tenía problemas para subirse a los columpios, para jugar con los distintos elementos, para disfrutar. Era un parque accesible. Sheila tomó unas fotografías y se las mostró al concejal Pablo Álvarez.

El Ayuntamiento de Langreo tiene previsto remodelar próximamente la zona de juegos infantiles del Parque Pinín, en La Felguera, y Sheila Fernández cree que es una oportunidad única para que sea un parque adaptado, no solo para su hija sino para otros niños que puedan tener otras discapacidades.

El consistorio ha acogido con buenos ojos la idea y ya ha solicitado presupuesto para esos juegos adaptados, para que puedan disfrutar todos los niños. "Se trata, por ejemplo de columpios que estén más cercanos al suelo o que tengan algún tipo de sujeción de seguridad", explica la mujer. Otra necesidad es que el espacio esté vallado, que no cerrado, en su perímetro para evitar accidentes.

Sheila Fernández explica que su hija tiene movilidad reducida, "pero camina y se maneja. No puede correr y necesita ayuda para subir y bajar escaleras, y lo mismo le ocurre con los columpios, así que, si ponen unos un poco más bajos, no tendría ningún problema". "Se necesitan parques adaptados y es solo cuestión de remodelarlos un poco", explica la mujer. Y remarca: "Lo que quiero es sentarme en un banco del parque, como hace cualquier madre, a ver jugar a mi hija". Una madre que no pide que adapten un parque al síndrome que limita la movilidad de su hija sino que lo hagan para cualquier niño que tenga algún tipo de problema.

Leire no habla, pero sí se comunica. Cuando coge la mano de su madre y la lleva hacia un columpio no son necesarias muchas palabras. Madre e hija están trabajando con un experto para buscar una forma en que la niña pueda comunicarse mejor.

Problemas de desarrollo

Leire tiene el síndrome de Angelman, pero es feliz en el colegio, donde, dice la madre, "nos tratan fenomenal y estamos encantadas". La discapacidad que le diagnosticaron a la niña en sus primeros años supone problemas de desarrollo y cierto retraso cognitivo. Leire tiene dificultades de movimiento y de equilibrio, principalmente ataxia al caminar (rigidez, torpeza y pérdida de coordinación) y movimientos temblorosos de las extremidades. Una de las características de las personas que sufren esta enfermedad es que parece que se están riendo constantemente. También tienen hiperactividad y permanencia de la atención durante poco tiempo.

Pero nada de eso impide ni debe impedir que quiera jugar en los columpios del parque.

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