Sin solución a las "cacas antipersona": solo 10 multas en un año en Langreo y Mieres
Los responsables de ambos municipios destacan la dificultad para sancionar al tener que coger "in fraganti" a los que incumplen la normativa

Un vecino de Mieres esquiva una caca de perro en la céntrica calle Teodoro Cuesta. | A. Velasco
El incremento del número de mascotas y las dificultades para pillar a los infractores infraganti son dos de las razones por las que el problema de las "cacas antirpersona" -los excrementos generalmente de perros que sus dueños no recogen en la vía pública-, tiene difícil solución en las Cuencas. Una problemática que cada vez va a más y que tiene hartos a muchos de sus vecinos. Las multas se ponen con cuentagotas: 5 en Mieres y otra tantas en Langreo en todo 2023. "Queremos una solución, porque no es agradable ver la ciudad así y tener que ir, en una palabra, esquivando mierdas", señalan los vecinos de ambos concejos. El problema es que para multar, los agentes tienen que coger al infractor, en este caso, sin las manos en la masa.
Fuentes consultadas por este diario explican que en el caso de Mieres, durante todo el año pasado se pusieron una treintena de sanciones por el incumplimiento de la ordenanza de tenencia de animales. Eso sí, poco más de un diez por ciento fueron por dejar en la calle los excrementos de los animales. "La mayoría fueron porque los perros no tenían chip, o por llevarlos sueltos. Por no recoger las cacas fueron menos de media docena", señalan las fuentes consultadas.
En Langreo hay mucha multa en la teoría, pero pocas sanciones en la práctica. En la ordenanza de animales, la sanción mínima oscila entre los 60 y los 600 euros. Entre estas sanciones leves se incluye el hecho de no recoger los excrementos. Pocas de estas multas se han impuesto de forma efectiva, solo cinco el pasado año, según los datos que maneja el gobierno local. En los ejercicios anteriores la tendencia ha sido similar, con años en los que no se pasó de las dos multas.
Tanto en Langreo como en Mieres señalan que este es un problema difícil de atajar, salvo que los dueños de los perros entren en razón. "Para multar es necesario coger en el momento al infractor, o que haya un vecino que lo vea, denuncie y haya pruebas, y eso no es fácil", señalan en Mieres. En la cabecera del Caudal están trabajando en obtener los permisos para poner a policías de paisano por las calles a vigilar este incumplimiento de la normativa, ante la proliferación de excrementos por las calles.
La indignación vecinal es creciente también en Langreo, ya que cada vez se detectan más cacas de perros en la vía pública, no solo en zonas apartadas sino también en espacios céntricos. El gobierno local de Langreo ofrece similares explicaciones que el de Mieres. Achaca esta situación a las dificultades para sorprender in fraganti a los infractores y al aumento de la cifra de mascotas. En Langreo hay censados 3.235 perros (un millar más que hace cinco años), pero se calcula que el número real es muy superior. Ante las dificultades para sancionar, el Ayuntamiento insiste en apelar al «civismo» de los propietarios de los animales.
David García, presidente de la asociación de vecinos de Langreo Centro, ya alertó semanas atrás de que es habitual «ir por la calle y tener que andar sorteando cacas de perro cada dos por tres». «Partimos de que es un problema de civismo, pero hay que poner los instrumentos para que la gente que no cumple y no recoge los excrementos de sus mascotas no quede impune», aseguró García, que añadió que «hay que poner los instrumentos para controlar y castigar estos comportamientos incívicos». Entre ellos, abogó por recuperar la Policía de proximidad con patrullas a pie por las calles. Unas palabras muy similares a las que pronunciaba Arsenio Díaz Marentes, presidente de la Agrupación Vecinal de Mieres, que también se mostraba indignado y pedía soluciones.
Registro de ADN
Hace algunos años, del colectivo vecinal mierense salió la propuesta de hacer un registro de ADN de los animales para poder sancionar a aquellos dueños que dejaran los "regalos" de sus mascotas en la vía pública. Una idea que parecía ciencia ficción, pero que en la realidad se está ya desarrollando en varias ciudades españolas. Eran, a comienzos de 2023, medio centenar de ciudades, entre ellas capitales como Málaga. Y hasta en 78 municipios se estaba implantando ya la obligación de que los dueños llevaran a sus perros al veterinario para tomarles una muestra genética para implementar el sistema a posteriori. ¿Serán Mieres y Langreo las próximas?
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