Héctor Moro a los adolescentes langreanos: “Cada cigarro que fumáis os quita 11 minutos de vida”

El atleta, que lleva recaudados 250.000 euros para investigación contra el cáncer, corrió con los los alumnos del instituto de Sama en el Día Mundial sin Tabaco 

Héctor Moro, en el centro agachado, con los alumos del IES Jerónimo González de Sama

Héctor Moro, en el centro agachado, con los alumos del IES Jerónimo González de Sama / D. O.

David Orihuela

David Orihuela

Héctor Moro, el asturiano que más maratones ha corrido, perdió a su padre por un cáncer de pulmón. Picador en la mina “clavaba las puntas a puñetazos y acabó muriendo a los 56 años en una cama de hospital, pesando 50 kilos y con pañal”. Los alumnos del IES Jerónimo González de Sama reconocieron que ese chaval de Laviana que se dedica a correr les había tocado la fibra. No es para menos, Héctor Moro habla sin tapujos. “Perdí a mi padre con 56 años, que era un chaval, porque a vuestra edad ya andaba con el pitu en a boca”. “No entiendo que con toda la información que tenéis hoy, haya todavía alguno de vosotros que por ser un poco más chulo se ponga a fumar, perdona, pero no eres más chulo, eres más gilipollas”, les espetó a los chavales después de asegurarles que “cada cigarro que fuméis os quita 11 minutos de vida”.

Héctor Moro perdió a su padre por un cáncer de pulmón y la despedida entre padre e hijo fue una carrera solidaria. Con su padre en la cama del hospital, “y ya muy malín”, Héctor Moro decidió unir corriendo Laviana y Covadonga. “Eran 101 kilómetros y me pareció que podría vender cada kilómetro a cinco euros y entre familia y amigos recaudar 505 euros para el Instituto Universitario de Oncología de Asturias, donde trabaja mi primo, David Hevia”, recordó el deportista. La cosa creció y la recaudación final de esa carrera, celebrada el día 3 de junio de 2012, fue de 4.000 euros. Ahora, doce años después, Héctor Moro lleva recaudados más de 250.000 euros en multitud de carreras y retos solidarios. “El deporte es una herramienta para recaudar dinero para investigación de una enfermedad que mató a mi padre, a mi tío, a mi abuela, a mi abuelo y que por genética me acabará matando a mí”, apuntó Moro.

Salud Mental

Pero no solo habló de su padre y del cáncer. El deporte fue el hilo conductor de una charla en la que Héctor Moro se remontó a sus 15 años, “cuando todas las noches me metía en la cama a llorar y solo quería morirme”. Con su descarnada sinceridad les explicó a los adolescentes que “no me suicidé porque no tuve huevos, pero si hubiese tenido a mano algún medio de quitarme la vida sin sufrir, lo hubiese hecho”. El joven Héctor de 15 años no sabía qué le pasaba, pero su hermano pequeño, de 10 años, con el que compartía habitación, “se chivó” a la madre de que Héctor no paraba de llorar por las noches. Eso fue hace 29 años cuando hablar de salud mental no estaba tan normalizado como ahora. Héctor Moro “era como uno de esos que ves por la calle y piensas que está como una cabra, hablaba conmigo mismo”. El psiquiatra y cuatro pastillas al día embridaron la enfermedad mental, “pero me conozco y sé que emocionalmente soy inestable”. Esa estabilidad se la da el deporte, “la mejor medicina que se puede tomar”. Es cierto que Moro acumula títulos como ser Campeón de España de Duatlón en 2018 o el más reciente, el tercer puesto en el Maratón de Aveiro (Portugal) el pasado 28 de abril, pero Moro no corre para ganar, sino para buscar esa paz, ese equilibrio, porque está convencido de que “el deporte hace mejores a las personas”. Este viernes tenía cita con los chavales del instituto a las 10.30 horas y reconoce que lo llevaba con algo de pereza, pero “me levanté a las seis de la mañana, fui a entrenar, me duché y cuando estaba tomando el café a las siete y media de la mañana ya veía la cosa de otra forma, tenía ganas de venir a charlar con los alumnos”. El deporte, ese entrenamiento, “te hace cambiar la perspectiva de las cosas”.

Moro sorteó dos libros entre los estudiantes. Se lo llevaron los que más se aproximaron al número de maratones que ha corrido oficialmente y a las que, como él dice, se ha “inventado”. Las oficiales son hasta el momento 69 maratones. Las “inventadas” son 120. Estas últimas son pruebas como la última media maratón que corrió el pasado fin de semana en Cangas de Onís. Héctor Moro acabó la prueba y volvió a hacer el recorrido con lo que completó los 42 kilómetros.

La charla sirvió para remover la conciencia de los adolescentes. Después, Héctor Moro les invitó a mover los músculos y el grupo, alumnos, algún profesor, y el atleta solidario, corrieron juntos por circuito del paseo de Los Llerones. Héctor, se lo dijo muy claro: “Haced deporte, el que queráis, pero no hagáis el gilipollas como hice yo, que dejé de estudiar a los 17 años”.