Muere Françoise Hardy, la francesa que enamoró a Mieres un verano

La cantante gala visitó la villa en 1964 y marchó huyendo de la presión de los fotógrafos

Françoise Hardy en una foto de su juventud.

Françoise Hardy en una foto de su juventud. / AP y LNE

F. G.

Ayer se apagó la voz de una de las intérpretes francesas más brillantes de los años sesenta y setenta del pasado siglo. Aquejada de un cáncer que la perseguía desde hace dos décadas, Françoise Hardy, la cantante elegante y melancólica que enamoró a generaciones, falleció a los 80 años de edad. "Mamá se ha marchado", anunció en las redes sociales su hijo, el músico Thomas Dutronc. Defensora a ultranza de la muerte digna, había dicho que quería marcharse "lo más pronto y rápido posible".

La intérprete de grandes clásicos como "Tous les garçons et les filles" o "Comment te dire addieu" guardaba una vieja vinculación con Asturias que muchos desconocen, pero de la que en Mieres aún se habla. En el verano de 1964, la cantante pasó en esta localidad unas vacaciones, de la que LA NUEVA ESPAÑA de la época dio cumplida cuenta informativa. "El gran secreto de la famosa cantante, descubierto: Françoise Hardy se esconde en Mieres con su novio" titulaba en grandes caracteres el rotativo en su edición del viernes 7 de agosto de ese año. Firmaban la crónica, como enviados especiales, tres primeros espadas del periodismo asturiano: Graciano García, Juan de Lillo y José Vélez.

El periódico consiguió entrevistar a la diva, que se mostraba esquiva en su afán de mantener el anonimato. "Creo que nací para cantar", dijo Françoise Hardy a los plumillas. Se alojaba en una vivienda del barrio mierense de Santa Marina, propiedad de un minero, uno de los 40.000 que por aquel entonces laboraban bajo el subsuelo asturiano. En aquel Mieres de dos años después de "la huelgona" habitaban 67.000 almas, más del doble que en la actualidad.

El matrimonio Del Río, ya fallecido, había conocido a la artista en unas fiestas en Salas. Habían congeniado y la habían invitado a visitar la villa mierense. Ella aceptó encantada, según relata la crónica. Los periodistas se encontraron con una "chica delgada, desgarbada, de pantalones negros y gafas ahumadas y una melena que le tapaba la cara". El actor Pedro Civera, entonces un chaval, la reconoció en Requejo cuando volvía de la piscina con unos amigos, como ha contado en varias ocasiones.

Sea porque la artista trataba de esconder a su última conquista, batería de un grupo de jazz, o porque se mostrara huidiza para paliar los efectos de su inmensa fama, que habían llegado incluso a aquella España tardofranquista, aún santurrona y mojigata, Françoise Hardy decidió escapar de los fotógrafos que en días sucesivos se habían congregado en Mieres, para vender imágenes de la artista a las revistas del corazón. El caso es que la francesita huyó del acoso saltando por una ventana y ya no se supo más de ella.