El patrimonio ferroviario de la comarca
Construyó aeropuertos para la Luftwaffe y las defensas nazis del Muro Atlántico en Holanda: la centenaria locomotora que ahora trasladará turistas en el pozo Sotón
La CA-8, en proceso de restauración, fue vendida tras la II Guerra Mundial a la empresa Carbones Asturianos y trabajó en el valle del Samuño

Locomotoras de la empresa holandesa Spoorijzer, dueña de la CA-8, participando en obras públicas en Países Bajos en las primeras décadas del siglo pasado.
Miguel Á. Gutiérrez
Nació a principios del siglo XX en la Alemania del káiser Guillermo II, hizo crecer (en sentido literal) a los Países Bajos ganándole tierra al mar, ayudó a construir aeropuertos nazis y las defensas del Muro atlántico durante la Segunda Guerra mundial, transportó carbón en Langreo y sufrió un "naufragio" en el río Samuño. La trayectoria de la CA-8, una locomotora que prestó servicio a la compañía Carbones Asturianos, ha sido de todo menos aburrida. Su historia y procedencia –olvidadas durante décadas– han vuelto a salir a la luz recientemente gracias a un trabajo de investigación llevado a cabo por Javier Fernández, director del Museo del Ferrocarril de Asturias, y por el historiador Guillermo Bas. Pese a todas esas peripecias, la CA-8 aún tiene camino por recorrer y capítulos por escribir. En la actualidad, Hunosa está restaurando esta centenaria locomotora de vapor para utilizarla en el entorno del pozo Sotón y poner a funcionar allí un tren minero.
"Siempre había tenido un origen desconocido" –relata Javier Fernández– "porque en la locomotora, en la placa de fabricante ponía Orenstein & Koppel-Ámsterdam. Eso despistaba un poco porque Orenstein & Koppel era una empresa alemana y no sabíamos de dónde venía la conexión con Holanda". La compañía germana, fundada en abril de 1876, estaba especializada en vehículos ferroviarios, escaleras mecánicas y equipos pesados.

La CA-8, cuando estaba colocada en El Cadavíu. / LNE
Fernández y Bas descubrieron en las bielas el número de fabricante y, "consultando documentación y fuentes holandesas que habían investigado estos temas, la localizamos en los listados de una empresa holandesa de alquiler de maquinaria, llamada Spoorijzer": "Es una historia muy peculiar porque no te la esperas. Es algo que no se sabía y que descubrimos hace poco. Nosotros suponíamos que había sido comprada de segunda mano, pero no que tenía una historia tan curiosa".

Locomotora de la familia de la CA-8, integrada en un ferrocarril turístico en Holanda. / LNE
Una historia que arranca en Alemania. La locomotora se construyó allí como parte de un amplio lote para Spoorijzer que, a principios del siglo XX se dedicaba a hacer obra pública en los Países Bajos y en sus colonias. "Era una empresa de maquinaria que, esencialmente, tenía locomotoras. En aquella época todo el movimiento de tierras para obras públicas se hacía con locomotoras y vagonetas", explica Fernández.

Restauración de las piezas dela CA-8. / LNE
"Para hacer los pólderes (terreno pantanoso ganado al mar) en Holanda y rellenar tierras se emplearon muchísimas locomotoras. Esta empresa holandesa compró un montón de esas locomotoras y las alquilaba a los constructores y a los que hacían obras", añade Javier Fernández.
Esa actividad comenzó a entrar en crisis en la década de los años treinta, con la progresiva llegada de nueva maquinaria. Al estallar la Segunda Guerra mundial, los alemanes, tras invadir y ocupar Holanda, se incautaron de todas las locomotoras de Spoorijzer: "Se usaron, sobre todo, para hacer aeropuertos para la Luftwaffe (la fuerza aérea nazi). Y también para construir las defensas del Muro Atlántico y para todas las obras públicas que hizo el Ejército alemán en Holanda. No sabemos si también se emplearon para hacer las lanzaderas de las V-1 (las bombas volantes precursoras de los misiles). Esto es muy difícil de saber a no ser que se encuentre una prueba fotográfica".
Al término de la guerra, con la proliferación de excavadoras y camiones, las locomotoras de Spoorijzer dejaron de tener utilidad para acometer obras públicas, por lo que fueron quedando postergadas. "La empresa ya no las usaba y las revendía por ahí. Parte se quedaron en Holanda y existen algunas iguales a la CA-8 que están actualmente en museos ferroviarios holandeses o forman parte de trenes turísticos", indica Fernández: "Hacia el año 1947 suponemos, porque esta parte está sin documentar del todo, fue cuando se puso a la venta y la compró Carbones Asturianos".
En su adecuación para el trabajo con el transporte de carbón, hubo que hacer una obra importante. Los dueños de Carbones Asturianos tuvieron que adaptarla para que se ajustase al cambio del ancho de vía. Funcionó dando servicio al pozo Samuño, realizando trayectos entre esta mina y la plaza de la madera. "Llegó a Asturias a finales de la década de los cuarenta y estuvo pocos años en servicio. De hecho no conozco ninguna fotografía de ella funcionando. Vino como la número 8 de Carbones Asturianos, por eso la conocemos como CA-8). Era la octava porque Carbones Asturianos ya había tenido antes otras locomotoras de vapor e incluso dos diésel. Se conservó durante un tiempo como reserva y después ya quedó de adorno en El Cadavíu, desde finales de los años sesenta", relata el director del Museo del Ferrocarril de Asturias.
Se colocó en la zona de El Cadavíu que actualmente está acondicionada como polígono industrial, justo enfrente de la estación del actual ferrocarril turístico del Samuño. Un merecido reposo después de años de intensa actividad que no iba a estar exento de sustos, tal y como cuenta Fernández: "En esa época tuvo otra historia curiosa. En esa zona el río Samuño esta canalizado y la pusieron justo encima de la losa de esa canalización. Un día por la mañana llegaron y la locomotora había desaparecido. Cuando se fijaron, comprobaron que había caído la losa entera, con locomotora y todo, al río. No le pasó nada porque cayó en plano".
Después de aquel episodio, la máquina fue rescatada y "se decidió por parte de Hunosa, en su momento, entregarla al pozo Fondón, donde una escuela taller le hizo una primera rehabilitación para ponerla en marcha y hacerla figurar allí. Ese proyecto se quedó parado y ahora están recuperándolo para hacerlo en el Sotón, en una muy buena iniciativa de Hunosa", concluye el experto ferroviario.
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