de lo nuestro Historias heterodoxas
Aurelio Delbrouck, un erudito de Lada
Nacido en 1865, fue un intelectual completo que tocó todo tipo de temas, presidió el Ateneo Popular y participó en la fundación de La Montera

Aurelio Delbrouck. / Alfonso Zapico
A las cinco y media de la tarde del jueves 23 de marzo de 1923, Miguel de Unamuno llegó a los salones de La Montera en Sama de Langreo para pronunciar una conferencia titulada "Cuestiones de actualidad". Por los locales de la sociedad ya habían pasado otros intelectuales de prestigio con buena acogida, pero en este caso la expectación era tanta que los asistentes abarrotaron incluso las escaleras del edificio.
El catedrático iba acompañado por sus anfitriones, Francisco López y García-Jove y Aurelio Delbrouck, dos representantes de la vida social en la villa. El primero era un farmacéutico nacido en Laviana, que regentaba junto a su hermano Alfonso la Farmacia Zepol, que además de atender las necesidades de los vecinos era conocida en toda la región por su laboratorio de donde acabaron saliendo productos como el Bronquio-Zepol, para procesos respiratorios y la Cacodilina progresiva Zepol, un estimulante del apetito, que se vendieron mucho en aquellos años.
Francisco López y García-Jove completaba su labor profesional con la escritura y era también autor de teatro: tres años más tarde, siendo secretario del Casino de Ciaño, una de sus comedias se representó con éxito en el teatro Vital Aza.
Pero hoy vamos a quedarnos con el segundo de los acompañantes que tuvo Unamuno en aquella jornada y fue el encargado de presentarlo ante el auditorio. Se llamaba Aurelio Delbrouck y la prensa se refirió a él al día siguiente como "tal vez el intelectual de más prestigio del Valle del Nalón".
Aurelio era el tercer hijo del matrimonio formado por el ingeniero belga Agustín Delbrouck y Eladia García Ciaño, una joven de buena posición que residía en La Cabezada, en Blimea (San Martín del Rey Aurelio). Tuvieron siete hijos: Leopoldo; Benito; Aurelio; María Rosa, quien tomó los hábitos y fue superiora del monasterio de las Salesas en Oviedo; Ana; Agustín y Julio.
Benito Delbrouck fue otro personaje conocido. Mi amigo Luismi Piñera, cronista oficial de Gijón, publicó hace algunos años una página biográfica sobre él, porque nació en esta villa en 1878 y tuvo un papel destacado en ella siendo secretario de su Cámara de Comercio, director del diario republicano "El Noroeste" y colaborador en otros periódicos, antes de fallecer a los 47 años, cuando el coche en el que viajaba junto a otros tres amigos chocó frontalmente contra un carro de caballos de una panadería a la altura de Somió y el eje de madera le atravesó el rostro.
En cuanto a nuestro personaje de hoy, Aurelio Delbrouck, nació en Ciaño el 27 de julio de 1865 y pasó su niñez en la aldea de su madre, una mujer culta que le enseñó a leer y a escribir en casa retrasando hasta que pudo su entrada en la escuela. Por algún motivo, la familia prefirió preparar al pequeño por su cuenta y cuando la familia se trasladó a Gijón, siguió estudiando en su nuevo domicilio con profesores particulares elegidos y dirigidos por su padre. Ya casi en la adolescencia se matriculó primero en el Colegio Jovellanos y más tarde en el Instituto del mismo nombre donde concluyó el bachillerato con éxito en 1881.
Mientras tanto, don Agustín Delbrouck, quien había abierto en la ciudad una fábrica de aglomerados, se preocupó de inculcar a su hijo la pasión por la ingeniería y deseando que siguiese sus pasos costeó su aprendizaje en la Escuela de Lieja, que él conocía bien. Aurelio no desaprovechó esta oportunidad y obtuvo en Bélgica la titulación necesaria para ejercer como ingeniero de artes y manufacturas en 1887.
Constantino Suárez "el Españolito" recogió su biografía y la de su hermano Benito en su obra Escritores y artistas asturianos. Por él sabemos que, tras concluir sus estudios universitarios, Aurelio estuvo unos meses en Gijón y en 1888 ya pudo ejercer su profesión en unas minas de hulla, sitas en Laviana, que eran propiedad de su familia. Sin embargo, esta ocupación no le satisfacía y su vocación estaba en otro sitio. Por eso, cuando en 1893 recibió una propuesta para incorporarse como profesor al Colegio "San Luis Gonzaga", que dirigía en Sama de Langreo don Juan Manuel Álvarez Miranda, no lo dudó e inició una nueva vida dedicada a la enseñanza que ya no iba a cambiar nunca.
En este establecimiento impartió diferentes asignaturas relacionadas con las materias que dominaba, como las ciencias, la literatura y el idioma francés, y cuando tuvo la oportunidad, lo adquirió para dirigirlo según sus convicciones republicanas y laicas, comenzando por cambiar su nombre por el de Centro de Instrucción.
Según Constantino Suárez, quien recogió el testimonio de José María Delbrouck –hijo de Aurelio– para completar el perfil de su padre, su pasión por la instrucción fue tan grande que cuatro días antes de su muerte todavía estaba explicando a sus alumnos las lecciones correspondientes a diversas disciplinas.
Y es que Aurelio ya no abandonó nunca su residencia en Langreo, aunque viajó para conocer Alemania, Holanda y por supuesto Bélgica, e incluso pasó algunas temporadas en París. El 9 de mayo de 1900 formó su propio hogar junto a María Luisa Nart y Fernández-Campa, compaginando la docencia con una intensa actividad cultural. Fue presidente del Ateneo Popular y estuvo entre los fundadores de la sociedad La Montera, que presidió una temporada. Seguramente fue él quien propuso este nombre como un guiño a La Chistera, otra asociación que ya funcionaba en Gijón y conocía bien su hermano Benito, y en cuyos estatutos se basaron los langreanos.
También fundó la Sociedad de Instrucción Popular, vinculada a la Extensión Universitaria, donde los obreros podían formarse gratuitamente en horario nocturno, y presidió el Orfeón de la laureada Sociedad Musical Obrera, la Comisión local de la Cruz Roja Española, el Ateneo Popular y la agrupación Fraternidad Republicana.
Aurelio Delbrouck fue un hombre inquieto, que en el aspecto intelectual recuerda al portugués Fernando Pessoa, por la variedad de temas que supo tocar y sobre todo por su afición a disfrazar su verdadera personalidad con heterónimos que iba alternando dependiendo del asunto a tratar. Firmó varias secciones en "El Comercio" con su nombre, sus iniciales o simplemente una X, aunque cuando escribía sobre ciencia en ese diario, prefería identificarse como "Ligwe". También le gustaba emplear el clásico "Ultrico de Belkauro" y para sus textos en asturiano "Lin del Carbayo", "Lin de Cuetos" y sobre todo "Lin de Lada".
Publicó varios folletos: Escuelas públicas de Langreo, en 1905; la conferencia La Juventud de Ciaño, en 1906 y el discurso que pronunció en el homenaje a don Luis de Adaro en 1918; pero sobre todo multiplicó sus colaboraciones en los portfolios de fiestas y en la prensa local: "El Porvenir" de Langreo; "El Eco" de Langreo; "El Nalón". Incluso fundó el semanario "La Montera" y la revista "Langreo", de la que fue único redactor. Además, a nivel regional, a "El Comercio", que ya hemos citado, debemos sumar "El Noroeste", que en 1914 dirigió su hermano Benito. Todo ello, sin contar sus escritos políticos en La Aurora Social y diferentes periódicos republicanos.
Dice Luismi Piñera que en la Biblioteca Asturiana del Padre Patac se conservan datos sobre la genealogía de los Delbrouck, para quien quiera profundizar en la historia de esta familia. Aurelio fue reconocido en vida por sus vecinos, aunque siempre se opuso a los homenajes; sin embargo, tras su muerte, el 27 de enero de 1929, la conducción del cadáver hasta el cementerio unió a todas las clases sociales langreanas y el Ayuntamiento decidió poner su nombre a una calle de Sama de Langreo.
Asimismo, por iniciativa del Ateneo Popular y con la colaboración económica de la ciudadanía, en 1930 se colocó en el Parque del Dorado una estatua con su efigie, obra de Luis Camporro, un escultor que también merece un recuerdo y permanece en el olvido después de que fuese depurado en la posguerra y falleciese en un accidente en Tornillería del Nalón en 1942.
Con todo, el mejor legado de Aurelio Delbrouck está en el devenir de la sociedad La Montera, que a lo largo de un siglo ya cumplido se ha mantenido, convirtiéndose en el eje histórico del entramado cultural del Nalón y de las entidades más notables que han ido dando carácter a este valle en todos los ámbitos: empezando por el Ateneo Popular de Langreo, la Sociedad de Festejos "Santiago", el Racing Club Langreano, la Sociedad Filarmónica de Langreo, el centro de iniciativas del Valle del Nalón, la Sociedad Cultural "La Carbonera", organizadora de la Bienal de pintura o los Tribunales Populares.
En la organización de los festejos, el deporte, la música, la pintura, las conferencias y los debates de todo tipo que dinamizan a la sociedad langreana, aún puede rastrearse la huella de un hombre que asumió la responsabilidad de educar a dos generaciones en los valores democráticos.
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