Luis Sañudo, el profesor del campus de Mieres que investiga como frenar riadas como la de Valencia
El docente ha pasado cuatro meses en la Universidad de Carolina del Norte, gracias a una beca Fullbright, estudiando los efectos de la lluvia en las infraestructuras: «Hay catástrofes que no se puedes evitar, pero sí mitigar»

Luis Sañudo, en su despacho, con el manual de drenaje sostenible elaborado para el Ayuntamiento de Gijón. / David Montañés
El huracán Helene dejó a principios de octubre 227 muertos en Estados Unidos (EE UU), la mitad de ellos en el estado de Carolina del Norte. Tres semanas después, la DANA golpeó brutalmente Valencia, con un balance de 222 fallecidos. Luis Sañudo es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y lleva años estudiando en el campus de Mieres los efectos del cambio climático en los sistemas de drenaje sostenibles. Este investigador ha seguido con especial atención las dos citadas catástrofes naturales, tanto por interés profesional como por cercanía. Acaba de regresar a Mieres tras pasar varios meses en la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Estuvo precisamente investigando la adaptación de las infraestructuras a los efectos que genera el cambio climático en la pluviometría. Lo hizo tras recibir una de las becas más acreditadas del mundo. Se trata del Programa Fulbright, plan de ayudas que recibió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 2014.

Luis Sañudo, trabajando en su despacho. / David Montañés
“Catástrofes como la DANA de Valencia o el huracán que se llevó varios pueblos por delante en Carolina Norte no se pueden evitar, pero sí se puede mitigar”, apunta Luis Sañudo ya desde su despacho de la Escuela Politécnica de Mieres, donde lidera un pionero equipo de investigación con amplio reconocimiento internacional. “Estudiamos la adaptación de las infraestructuras, como carreteras o aparcamientos, por ejemplo, al cambio climático. Desarrollamos manuales de sistema de drenaje sostenible y nos encargamos de dar soluciones técnicas como jardines de lluvia y pavimentos permeables para evitar inundaciones”.
El trabajo de Luis Sañudo ha tenido gran proyección. Ha elaborado, por ejemplo, el manual que da forma al plan de inversiones de la Empresa Municipal de Aguas (EMA) de Gijón para combatir la escorrentía pluvial urbana. Este y otros estudios han dado en España una nueva dimensión y nivel de detalle a la aportación académica previa. Como problema de fondo late que el cambio climático. El aumento de las construcciones en zonas potencialmente inundables provoca que las aguas pluviales encuentren lo que podría definirse como autopistas de asfalto para lenguas de barro como las recientemente vistas en Valencia. Los estudios del equipo de investigación de Luis Sañudo han emergido como herramientas claves para el desarrollo de todo tipo de proyectos preventivos.

Luis Sañudo, durante uan clase en la Universidad de Carolina del Norte. / LNE
“España es uno de los países punteros en el estudio de lo que llamamos sistemas de drenaje sostenible, que no es otra cosa que la adaptación del entorno a la nueva realidad meteorológica y sus consecuencias sobre las lluvias y, por tanto, los riesgos de inundación”. Luis Sañudo explica cómo es posible que los avances empíricos no se hayan dejado sentir en Valencia. “Lo que sucede es que vamos con retraso en la implantación, en la incorporación a las infraestructuras”. Valora, pese a todo, que algunas administraciones empiezan a ser receptivas. “En Asturias, el Ayuntamiento de Gijón está trabajando muy bien en esta materia. Son pioneros y nosotros les hemos desarrollado un manual técnico”. El equipo de investigación de la Escuela Politécnica de Mieres es el único grupo de Asturias que estudia esta temática. Cuentan con un amplio reconocimiento de ámbito nacional, con numerosas solicitudes para realizar charlas y cursos. “Desde hace ya algún tiempo está incluido en el temario de las asignaturas que impartimos en nuestras ingenierías y los alumnos están encantados. El grupo de investigación se ha consolidado”, destaca Sañudo.
Interés desmedido
La DANA ha alterado las rutinas de la mayoría de las clases de ingeniería que se imparten en el campus Mieres. Los alumnos bombardean a Luis Sañudo con mil preguntas. El profesor, en este caso, ejerce de dique de contención: “Todos los días hablamos de ello. Mi respuesta a las preguntas de los alumnos es que dejen bajar las aguas un poco, nunca mejor dicho. Nunca había visto tal reacción ante un acontecimiento catastrófico”, apunta. Luis Sañudo ha tenido que desconectar hasta plataformas profesionales, “ya que la información llegó a tal extremo que casi se podía hablar de desinformación”. “Todo el mundo se volvió loco y quiso dar su opinión a lo bestia. En clase ya he dicho que hasta el segundo semestre no vamos a profundizar en el tema. Ahora lo que pido a los estudiantes es que fomenten una opinión crítica, que se informen sobre lo que pasó y las causas”.
La prudencia no conlleva que unos de los mayores expertos de España en la incidencia de la lluvia sobre terrenos habitados pueda hacer un análisis desde la distancia: “Desde mi punto de vista se cometió el error de no consultar a los técnicos desde un principio. El escándalo político fue enorme y focalizó mucha atención. El foco se puso, lógicamente, en la tragedia humana y también en las responsabilidades políticas. Cuando empezaron a entrar los técnicos las preguntas se centraron en saber qué había fallado y si estamos preparados para afrontar este tipo de circunstancias”. La pregunta surge por sí sola: ¿Qué ha fallado?: “Pues lo primero que hay que decir es que hay planes preventivos desde hace más de veinte años. Todo está muy estudiando, tanto por universidades como por empresas. Hay planes para este tipo de áreas, pero faltó inversión, como sucede en tantas cosas. Cuando sucede algo así vienen los lamentos”.
Luis Sañudo no se cansa de recalcar que hay situaciones naturales de tal magnitud y singularidad que sus efectos catastróficos no se pueden evitar por completo, aunque sí mitigar. El problema es que la sociedad muchas veces no intuye el peligro hasta que lo tiene encima: “En algunas zonas de España, como Valencia, tenemos el problema de que la gente está viviendo en zonas inundables y eso se sabe desde hace mucho tiempo. En el pasado se construyó donde no se debía. Ahora hay que proteger a esa gente, pero no se debe construir más en esas zonas. Hemos urbanizado tanto que ahora nos encontramos con graves problemas. Es algo que pasa incluso en Asturias, aunque con mucha menor intensidad”.
El reciente desprendimiento de una ladera sobre la autopista del Huerna traslada también la atención de los investigadores hacia Asturias. Luis Sañudo ve necesario adoptar medidas preventivas, pero sin dramatismos. “Está claro que el agua está en el origen de los argayos. En Asturias tenemos un nivel de precipitaciones muy alto, pero la ventaja es que son constantes y se reparten a lo largo de todo el año. No tenemos gotas frías, como en el Levante, donde solo llueven dos veces al año, pero con gran intensidad”.
Estados Unidos
Los cuatro meses que Luis Sañudo ha pasado reciente en la Universidad Estatal de Carolina del Norte han reforzado su enfoque a la hora de plantear la investigación. “En EE UU cuando viene una tormenta, los investigadores de la universidad salen fuera a estudiarla como en las películas. Se meten casi hasta debajo del huracán”. El profesor asentado en Mieres ha decidido dedicar también su vida a esta tarea, pero con más calma: “Cuando llegó el huracán a las cercanías de donde estábamos nosotros, los compañeros americanos me dijeron que iban a salir al día siguiente a estudiarlo, pero cuando se lo dije a mi mujer, me dejó claro que yo no iba”, apunta con buen humor. Todo tiene un límite, incluso para un académico que reconoce que las luces de su despacho son en muchas ocasiones las últimas en apagarse.
De su estancia en EE UU ha sacado conclusiones valiosas. Allí trabajó codo con codo con el equipo que dirige el profesor William Hunt, que por su parte ha estado también varias veces en Mieres dirigiendo cursos de ingeniería. “En EE UU nos dedicamos al estudio de la pluviometría. Es algo clave para diseñar cualquier sistema que sirva para redirigir el agua a zonas adaptadas para el drenaje y la canalización”, apunta Sañudo. Los diseños se plantean, por ejemplo, a 25 años vista. “Los estudios permiten conocer cuanta lluvia tiene que soportar una carretera o un aparcamiento en ese tiempo y ese dato debe tenerse en cuenta a la hora de desarrollar una infraestructura con un buen nivel de seguridad”. Durante su estancia en Carolina del Norte pudo comprobar que “el nivel de absorción de agua estaba superado ya en un cincuenta por ciento según los datos actuales. Esto quiere decir que la lluvia había aumentado en su recurrencia de tal manera que los valores con los que fueron diseñadas ciertas infraestructuras 30 años atrás ya no sirven. Por lo tanto, es un error seguir desarrollando proyectos según los parámetros de hace medio siglo. Y eso solo teniendo en cuenta las cifras actuales, sin proyectarse hacia el futuro”.
Luis Sañudo parte de un concepto que hasta hace poco solo se defendía desde trincheras ecologistas, pero que desde hace algún tiempo parece haber alcanzado un consenso académico casi generalizado. El cambio climático está afectando al planeta y, por tanto, a las sociedades humanas. “Eventos que antes ocurrían una vez por generación ahora tienen una mayor recurrencia. No se trata de fenómenos nuevos. El problema es que van a ocurrir con más frecuencia. Hay que entender que cuando viene una lluvia de una intensidad similar a la que cayó en Valencia da igual el sistema que le pongas delante”.
La de Luis Sañudo es una de las voces en este campo que más nítidamente se escucharán los próximos años. El prestigio que se ha labrado hace tiempo que ha traspasado fronteras. Acaba de ser nombrado co-chair, una especie de vicepresidente, en el Joint Committee for International Green and Blue Infrastructure de las International Water Association (IWA) y la International Association for Hydro-Environment Engineering and Research (IAHR). Ocupará el cargo los próximos tres años. Se trata de las principales asociaciones profesionales internacionales en el ámbito del agua y el medio ambiente. Es la primera vez que llega un español al comité. Luis Sañudo lo valora como un reconocimiento al trabajo que se realiza en el campus de Mieres. “Nuestro grupo de investigación quiere ahora estudiar la situación general en España con la metodología de EE UU. Evaluar las actuales infraestructuras en función de variables como la lluvia conlleva calcular cada cuantos años nos podemos enfrentar a situaciones dramáticas”. El trabajo debe empezar por recabar el mayor número de datos posibles: “Hemos aprendido muchas cosas. En EE UU tienen muchos sistemas de adaptación al cambio climático monitorizados. Eso es lo que tenemos que hacer aquí, en España. En clase siempre digo que tenemos que trabajar como los médicos, monitorizando al paciente con sensores que nos permitan ver y analizar cómo funciona cada fenómeno”.
Este ingeniero de Caminos, Canales y Puertos tiene claro que su objetivo no es construir teorías, sino solucionar problemas. “Lo bueno que tiene nuestra labor es que trabajamos en cosas que tienen aplicación y no se quedan en una publicación. Como investigador me gusta que lo que hacemos le sirva a la gente”.
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