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El Valle de Samuño teme un nuevo argayón

Los vecinos de Pampiedra denuncian ondulaciones y agujeros en el terreno junto a la escombrera que se vino abajo hace tres años, que cortó el tráfico durante más de un mes

Carretera de Pampiedra, en Langreo, donde hace tres años se produjo el argayo

Carretera de Pampiedra, en Langreo, donde hace tres años se produjo el argayo / D. O.

David Orihuela

David Orihuela

Langreo

Los vecinos del Valle de Samuño, en Langreo, están inquietos ante la llegada del invierno y de las lluvias. Temen que se repita lo ocurrido hace justo tres años, cuando el 8 de diciembre una antigua escombrera de carbón se vino abajo y cortó la carretera de acceso al pueblo de Pampiedra y a todo el valle. El deslizamiento comenzó en la parte alta, justo en el centro de Pampiedra y a partir de ahí la montaña se vino abajo. La ladera se desplomó y llegó desde lo alto del monte hasta el valle. Desde Pampiedra a las inmediaciones del Ecomuseo Minero del Valle de Samuño. Las instalaciones se libraron porque están en alto, justo en la ladera de enfrente de la que se desplomó.

El argayón dejó cerradas durante 38 días las carreteras LA-7 y LA-8 de acceso a las localidades del entorno de Pampiedra y La Nueva, afectando a alrededor de 400 vecinos. Así, los residentes en los pueblos a los que se llega por la carretera de Pampiedra (LA-8) solo disponen de una pista por la que circulan los todoterrenos, mientras que los afectados por el otro corte en la (LA-7) tienen que dar un rodeo que incrementa el viaje en más de media hora. Fueron muchos los que esos días utilizaron el tren turístico del Ecomuseo para subir o bajar desde La Nueva a El Cadavíu y ahí enlazar ya con la carretera hasta Ciaño.

El deslizamiento afectó también a Hunosa. La avalancha de tierra se llevó por delante parte del tendido eléctrico de la empresa. El corrimiento dañó la subestación eléctrica de Hunosa en Samuño lo que impedía bombear agua al propio pozo Samuño, en las inmediaciones del argayo, al pozo Sotón y al pozo María Luisa. Tan es así que Hunosa se vio obligada a suspender las visitas al Sotón, uno de los grandes atractivos turísticos de las cuencas mineras. La escombrera ya no pertenecía entonces a la empresa hullera, que en 2004 la vendió a una compañía sidrera para plantar manzanos.

Tras el desastre de hace tres años, los manzanos vuelven a crecer en la zona alta pero los vecinos no las tienen todas consigo.  “El terreno se está ondulando y han aparecido agujeros en el asfalto de la carretera”, asegura Tomás Hernández, alcalde de barrio de La Nueva, que ha mantenido una reunión con vecinos de Pampiedra, en la zona alta del valle. “Nos han contado que el terreno está cediendo”, asegura Hernández. En el aparcamiento del centro del pueblo se aprecian ondulaciones e incluso agujeros en el asfalto.

Agujero en el asfalto en Pampiedra (Langreo)

Agujero en el asfalto en Pampiedra (Langreo) / LNE

La escombrera sigue siendo monitorizada con “testigos” para detectar cualquier movimiento. “Si se mantiene esa monitorización es que no está estabilizada”, concluye Tomás Hernández.

En la parte baja, una escollera impide que la tierra caiga de nuevo a la carretera de Pampiedra. El agua si filtra por debajo del terreno y sale a la cuneta. Los vecinos no las tienen todas consigo y creen que las lluvias pueden ocasionar un nuevo deslizamiento en el terreno y provocar nuevos argayos en la zona.

Nadie en la zona olvida aquel 8 de diciembre, el pleno puente festivo, cuando la montaña se vino abajo y arrasó con dos carreteras y una senda peatonal, la senda turística del Valle de Samuño, que conecta la estación de salida del tren turístico en El Cadavíu con el Pozo San Luis, en La Nueva. La senda sigue cortada y los turistas tienen que hacer un tramo por la carretera, una carretera sinuosa y sin arcén. Los vecinos ya han alertado en numerosas ocasiones del peligro que supone que los peatones circulen por esa calzada.

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