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En Felechosa hay una colmena cyborg y así es cómo funciona: ¿es posible controlar desde casa a las abejas?

María Castellanos y Alberto Valverde estudian abejas en Aller con IA y sensores para una empresa holandesa tras ser uno de los 10 ganadores de una convocatoria europea

La colmena conectada con los sensores en Felechosa.

La colmena conectada con los sensores en Felechosa. / M. CASTELLANOS / A. VALVERDE

Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

El colectivo artístico uh513 formado por María Castellanos (Gijón, 1985) y Alberto Valverde (Madrid, 1967) lleva más de quince años tratando de mejorar la comunicación entre humanos y otros seres vivos a través del arte y apoyados en los últimos avances tecnológicos. Así lo han hecho, en especial, con las plantas, traduciendo con sensores los movimientos de raíces y hojas, o mejorando los sistemas con los que un humano puede interpretar las condiciones del entorno en que vive. Ahora, tras haber logrado ser uno de los diez equipos seleccionados por Europa para el programa "Hungrey Ecocities" dentro de la convocatoria "Paths to progress experiments", Castellanos y Valverde trabajan en las montañas de Aller, en Felechosa, instalando sus sensores en una colmena de la productora ecológica Olaya Miel para ayudar a una empresa holandesa, Beesage, a hacer la vida más fácil a los apicultores europeos, ayudándoles a anticiparse a los problemas que puedan tener en sus explotaciones y a mejorar la vida de los insectos y su relación con sus cuidadores.

La colmena "cyborg", como bromea María Castellanos, lleva ya instalada un mes en Felechosa y el equipo confía en empezar a trabajar con los primeros datos en las próximas semanas. Lo que allí sucede, tanto dentro como fuera, es registrado a través de diferentes sistemas que, en última instancia, tratan de establecer una conexión con las abejas más "ecosistémica": "El mundo de las abejas nos pareció muy interesante y hay una continuidad con nuestro trabajo con las plantas", se explica María Castellanos. "Las abejas son imprescindibles para el ecosistema, son polinizadores; la vida sería muy difícil sin ellas, y aunque a ellas posiblemente les iría mejor sin los humanos, queremos saber también con este trabajo, ya que nos comemos su miel, cómo tratarlas con más respeto y saber cuál es, también, la visión de los apicultores".

En el inicio del proyecto está la primera fase de la convocatoria S.T.ARTS (Science, Technology & the ARTS) que lanza la Comisión Europea dentro del programa "Hungry Ecocities", encaminado a buscar un sistema de agroalimentación más saludable, sostenible y responsable gracias a la aplicación de inteligencia artificial. En esa primera fase se seleccionan empresas y luego son los artistas los que tienen que presentarse a un proyecto. María Castellanos y Alberto Valverde repasaron la lista de proyectos seleccionados, donde había un poco de todo: una marca de jamón de Albacete, otra de cultivo de insectos para la alimentación o la de Beesage, unos holandeses muy jóvenes que durante un hackatón en Letonia habían desarrollado una báscula inteligente que sirve para predecir lo que va a ocurrir en la colmena y hacer la vida más fácil a los apicultores, alertándoles a tiempo de que se va a producir el enjambrazo (la salida de la colonia) o del ataque de la varroa.

Castellanos y Valverde se lanzaron a concursar para el proyecto. A su favor jugaba que se exigía un perfil muy tecnológico y algún prototipo para empezar a funcionar de forma casi instantánea. El calendario estaba muy ajustado, de marzo a octubre, y no se podía perder tiempo en diseñar sensores. En el caso de uh513 tenían la ventaja de haber desarrollado su propio "Open Environmental Kit" para un programa de Ciencia Ciudadana en el MUSAC, en León. Así que tras cuatro meses de proceso "muy duro" de selección en el que tuvieron que competir con otros artistas interesados en trabajar con Beesage, uh513 logró ser uno de los diez grupos seleccionados por Europa.

La tercera pata del proyecto fue el encuentro con Olaya Miel. Desde el principio, María Castellanos y Alberto Valverde empezaron a contactar con apicultores en Asturias. Eran conscientes de que no podían desarrollar el trabajo de campo en Holanda, y la empresa estuvo de acuerdo en que el monitorizado de la colmena y análisis de datos se pudiera realizar en Asturias. "Olaya Pérez y su hermano Mario nos contestaron enseguida, muy entusiastas, y nosotros estamos muy contentos de poder trabajar con ellos, porque una producción ecológica encaja muy bien con línea de investigación del proyecto, de respeto por otros seres vivos, porque también nos hemos damos cuenta de que cuando la producción no es ecológica se cometen abusos como quitarles toda la miel a las abejas y ponerles azúcar refinado con un montón de aditivos". El sentimiento es mútuo. Olaya Pérez explica que comparten con Castellanos y Valverde "una filosofía de amor a la naturaleza" y que ellos les aportan "una visión diferente de alianza con nuevas tecnologías y arte".

A estas alturas del proyecto, el colectivo arístico está desplazándose todas las semanas de Gijón a Felechosa para controlar sensores y vigilar la colmena. Dentro han instalado la báscula inteligente de Beesage y también sensores de temperatura, sonido y humedad. En el exterior, la cámara de uh513 mide el número de abejas que entran y salen de la colmena. Todo el sistema está conectado a los servidores de los artistas y ya tienen visualización de la temperatura y del viento. Cuando la recogida de datos esté avanzada, empezarán a aplicar el análisis de la inteligencia artificial y verán "qué pasa".

Aunque el proyecto de Beesage persigue a corto plazo mejorar la predicción de lo que va a suceder en la colmena, para María Castellanos y Alberto Valverde el proyecto se alarga en varias direcciones. Una es mejorar la visualización y la interfaz. En una de las visitas previas para preparar el proyecto, un apicultor holandés les explicaba que nada le gustaría más que poder estar las 24 horas del día viendo a sus abejas entrar y salir, y ese es ahora le objetivo: Diseñar un objeto parecido a un ser vivo que traduzca los datos y permita al apicultor estar en su casa como si estuviera con sus abejas. Por otra parte, a María Castellanos no se le ha escapado que Olaya Pérez es violinista además de apicultora, y quiere diseñar un interfaz para que las abejas puedan escucharle tocar. La traducción de los datos en un lenguaje más artístico también permitirá tener una nueva exposición de Castellanos y Valverde el año que viene. Pero esa será ya otra cosecha. Queda trabajo, ganas y expectativas.

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