Los ingenieros militares que cimentaron Mieres en su etapa más dorada: el gran proyecto de saneamiento y encauzamiento del río Caudal y un emblemático edificio sindical

Vista parcial de Mieres en los años 70. / Jubar
Son muchas las aplicaciones militares que se han trasladado al desarrollo civil en la realización de infraestructuras, equipamientos, bienes y servicios. Tantas que, con razón, se pone mucho acento en las tecnología de uso dual.
Para muchos mierenses será un descubrimiento conocer la importancia que, en un momento dado y en materia de infraestructuras y equipamientos urbanos, tuvieron algunas personas cuyo denominador común era su condición militar, en este caso, ingenieros militares. Este artículo se dedica a tres nombres concretos: Eduardo Gallego Ramos, Carlos Ginovart y Manuel Gallego Velasco.
Eduardo Gallego Ramos nació en 1873. Era ingeniero militar. Teniente en 1893, capitán en 1897 tras su paso por Filipinas. Participó en la campaña de Marruecos de 1909 y ascenso tras ascenso llegó al generalato culminando su carrera como general de brigada. Se destaca en su trayectoria una abundante producción intelectual en diversos campos desde la telegrafía hasta la ingeniería sanitaria.
No es nada extraño que los ingenieros militares españoles tuviesen experiencia dilatada en infraestructuras civiles puesto que históricamente ellos las diseñaban y ejecutaban en los territorios coloniales o de administración española (caso del área norteafricana de protectorado) donde eran los encargados de las obras civiles destacando las de saneamiento en poblaciones.
El señor Gallego tenía reconocido desde 1928 el diploma de Ingeniero Sanitario. Y sumó, a su trayectoria una actividad empresarial y periodística, una faceta que se traduce en la dirección de revistas como "La Energía Eléctrica" o "La Construcción Moderna".
Nos recuerda Ernesto Burgos que siendo alcalde de Mieres Manuel Llaneza, entre 1918 y 1921, la villa "cambió más que en los 80 años que restaban de siglo". Se trabajó en un plan que renovase su fisonomía y para ello se encargó a dos ingenieros, Eduardo Gallego y Carlos Ginovart, "el estudio de la nueva traída de aguas, el alcantarillado, el parque municipal y el macelo público". Y todo ello, como bien matiza Burgos, "realizando los proyectos por 110.000 pesetas -la mitad de lo que la ley les permitía cobrar-".
En el Memorial de Ingenieros del Ejército en diciembre de 1920, el señor Gallego Ramos nos describe, con sus palabras, lo antedicho:
"También en unión del ingeniero municipal de Mieres y antiguo compañero, D. Carlos Ginovart, ha proyectado, el que estas páginas firma, el alcantarillado de dicha villa de Mieres, el encauzamiento del río Caudal con longitud de 4 kilómetros, un matadero modelo cuyo presupuesto se eleva a 1.100.000 pesetas y el abastecimiento de aguas a Mieres, Cabañaquinta y gran número de pueblos y aldeas (pasan de 20) de los concejos de Mieres y Aller, así como a las instalaciones minero metalúrgicas de las Sociedades hulleras del Turón, Industrial Asturiana del Caudal y del Aller, fábrica de Mieres y Hullera Española. Para dar idea de la importancia de este proyecto basta indicar que la conducción general mide, desde los manantiales de Murias hasta la Rebollada 42 kilómetros, que en el trayecto se aprovechan tres saltos, sumando una potencia de 1000 HP en números redondos, que la carpeta de planos comprende 76 hojas de estos y que el presupuesto excede los 8 millones de pesetas".
Apuntaba Gallego Ramos que habían colaborado los oficiales del Cuerpo Enrique Gallego, Santiago Noreña y Fernando Estévez.
Parece ser que en materia de canalización y alcantarillado aquellos proyectos no se pudieron ejecutar debido a problemas relacionados con la tesorería municipal, aunque es de suponer que con posterioridad en el tiempo fueron realizados según diseño original o con las adaptaciones necesarias a los nuevos contextos urbanos y económicos.
En materia Cartográfica los citados ingenieros señores Gallego y Ginovart realizaron (Ernesto Burgos nos recuerda que por su cuenta, puesto que no se incluía como parte de lo presupuestado con el Ayuntamiento) los trabajos para el levantamiento en escala del plano de la villa de Mieres y el de todo el concejo. Este documento original fue restaurado en tiempos del alcalde Luis María García, colocado en el salón de plenos del Ayuntamiento y permite una panorámica urbana de Mieres a principios del siglo XX.
Carlos Ginovart también había sido ingeniero militar. Causó baja por licencia absoluta como primer teniente en abril de 1895. No solo fue un empleado municipal relevante en Mieres ya que firmó proyectos importantes para otros municipios, como fue el caso de Riosa, y es que el proyecto de la carretera de "Las Mestas del Caudal a La Vega de Riosa, sección o trozo 3º, de la de Oviedo a Pola de Lena, que figuró en el Plan General de Carreteras anulado por la ley de 29 de junio de 1911" fue dispuesto que se ejecutara por el Estado en 1912. El estudio había sido realizado por el Ayuntamiento de Riosa, firmado por el ingeniero Ginovart y el ayudante de Obras Públicas José María Escriña.
En su fallecimiento el ayuntamiento de Mieres se "mostraba orgulloso de contar con tan digno funcionario, pierde un auxiliar muy valioso, que había contribuido con su inteligente esfuerzo y su laboriosidad incansable al desarrollo de las más laudables iniciativas en beneficio de la industriosa e importante villa asturiana."
Otro ingeniero militar, el capitán Manuel Gallego Velasco se cita como ingeniero del Sindicato Minero Asturiano que "está construyendo el magnífico edificio social en Mieres cuyo presupuesto se aproxima a 1.500.000 pesetas, un grupo de casas de obreros con presupuesto de 1 millón de pesetas para la fábrica del mismo nombre y el edificio social del sindicato en Moreda (350.000 pesetas)" proyectado por Eduardo Gallego.
El edificio emblemático mierense que tuvo en la ejecución de la obra una dirección militar, lo había proyectado en 1920 el arquitecto madrileño Sánchez Eznarriaga presupuestado en 1.500.000 pesetas. Citando a Roberto Rubio Juan: "El SOMA encargó el proyecto a Eduardo Sánchez Eznarriaga, con la ayuda del ingeniero del sindicato, Manuel Gallego Velasco. El edificio, proyectado con tres fachadas y cuatro plantas, debía acoger los servicios sociales, escuelas de niños y niñas, farmacia, consultorio médico, gimnasio y baños, un gran café, un amplio salón de casi 300 m2 y un teatro con capacidad para mil espectadores. Era una más de las numerosas iniciativas que, al albur del gran desarrollo de la minería y la industria, se estaban acometiendo en todo el norte de España, en general, y en Mieres en particular. Por entonces, era alcalde de la villa uno de los más importantes personajes de la historia contemporánea asturiana: Manuel Llaneza. Desgraciadamente, Sánchez Eznarriaga no pudo ver terminada esta obra, falleciendo antes de su conclusión".
El capitán Gallego Velasco debió de encontrarse con algún problema en lo que respecta a su participación en proyectos civiles porque en 1925, desde el Ministerio de la Gobernación, se envió al Consejo de Estado la instancia del capitán en la que se pedía que los ingenieros militares pudieran "dirigir toda clase de obras de edificios que no tengan carácter monumental o histórico y que se deje en libertad a los organismos provinciales y municipales para la elección de su personal técnico".
Al momento de la instancia, el capitán era director de obras del Ayuntamiento de Aller, cuyo cargo había obtenido por concurso, y se encontraba con el problema de que en su trabajo tenía que proyectar y dirigir la construcción, reparación y entretenimiento de todos los edificios de carácter municipal. Obtuvo una resolución favorable del Consejo de Estado por la cual "los ingenieros militares, a falta de arquitectos y no tratándose de edificios de carácter monumental o histórico podrán proyectar y dirigir toda clase de obras y edificios, no debiendo en tal concepto quedar limitadas las facultades autonómicas de las Corporaciones provinciales y municipales".
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